El año pasado, don Emilio Araujo López se despidió de su celebración de cumpleaños con una invitación: volver a reunirse en 2026. Cumplida aquella cita y rodeado nuevamente de sus seres queridos, ahora renovó el compromiso: los espera en 2027.

A sus 105 años, y ataviado con un clásico y elegante traje de etiqueta, el antiguo mesero del El Paso Club conserva el gusto por conversar, escuchar música y compartir consejos. Su deseo, explicó durante el festejo, es que los demás también encuentren felicidad mediante el amor, la paciencia, la amistad y la disposición de tender la mano a quien lo necesita.

“Viví una vida muy feliz, bonita, la mía, desde chico”, expresó al recordar un camino que también tuvo pobreza, dificultades y pérdidas.

La celebración reunió a familiares, amigos y compañeros de Grace Point, la casa de asistencia ubicada sobre la calle Oregon donde, de acuerdo a sus familiares, reside desde hace casi seis años.

Entre música mexicana, familia y amigos, Emilio Araujo López compartió el pasado 18 de octubre su alegría de vivir y una filosofía basada en el amor, la fe, la paciencia y la ayuda a los demás. Los asistentes cantaron las tradicionales ‘Mañanitas’, siguiendo la interpretación del solista de música de mariachi Daygoro Reséndiz, artista local que lo ha acompañado en sus últimas tres celebraciones.

Después de compartir bocadillos, brindaron por el festejado y partieron un pastel decorado con el número 105 y un símbolo musical, un detalle dedicado a una de las grandes pasiones de su vida.

Para su hija, Gloria A. Guerra, la personalidad de don Emilio ayuda a explicar el cariño que recibe: es platicador, alegre y busca la compañía de los demás. “Es muy sociable, es de las personas que da consejos y es muy querido”, expresó, visiblemente orgullosa.

La familia también ha estado cerca durante una etapa difícil de su salud. En el último año sufrió una caída que le provocó una fractura de cadera y requirió cirugía. Sus seres queridos destacaron el ánimo con el que ha enfrentado la recuperación y la importancia de acompañarlo.

“Yo ya mejoré”, manifestó durante la conversación, en la que volvió una y otra vez a la paciencia como recurso para afrontar los problemas. “La vida da muchos tropiezos, muchos problemas. También tuve problemas”, reconoció. Recordó que contó con una persona que le brindó comprensión y respeto para sobrellevarlos: su esposa.

Gloria resume la filosofía de su padre en tres palabras: amor, fe y paciencia. Para ella, celebrar otro cumpleaños significa agradecer la oportunidad de seguir abrazándolo, escuchar sus historias y disfrutar de su compañía. “Nos sentimos muy bendecidos de tenerlo con nosotros”, señaló.

Nacido el 19 de octubre de 1921, don Emilio conserva recuerdos de su infancia en el barrio Bellavista de Ciudad Juárez, cerca de las calles Mariscal y Colón. Allí comenzó una afición que todavía lo emociona. “Desde que tenía ocho años fui muy afecto a la música”, recordó en un testimonio sobre aquellos años. Contó que buscaba acercarse a los lugares donde tocaban quintetos y orquestas, únicamente para escucharlos.

Aprendió saxofón con el apoyo del músico Luis Guerra y continuó su formación con Carlos Aceves, vecino de sus padres. También conserva el recuerdo de una tía que le permitió conocer piezas clásicas y aprender a utilizar una pianola. “A mí la música me mata”, dice al hablar de ese gusto que volvió a estar presente durante su cumpleaños.

Su historia familiar está ligada al trabajo y a la frontera. Sus padres, Emiliano Araujo y Rafaela López, fueron comerciantes entre Durango y Ciudad Juárez. De su padre aprendió oficios como la carpintería y participó en el negocio familiar de distribución de hielo.

Después de estudiar durante un tiempo fuera de Juárez, regresó para abrirse camino con esas herramientas. “Regresé con lo puesto, pero con muchas ganas de vivir. Era joven y optimista”, recordó.

La búsqueda de oportunidades lo llevó posteriormente a El Paso. El inglés representó una barrera en sus primeros empleos, pero continuó trabajando hasta incorporarse, alrededor de los 50 años, a El Paso Club, en el piso 18 del edificio Wells Fargo.

Allí permaneció más de cuatro décadas como mesero, atendiendo a empresarios, políticos y otras personalidades. Al recordar esa etapa, destaca especialmente las amistades que construyó.

“Para mí ha sido una vida muy bonita la de mesero, porque si uno es buen servidor tiene muchas amistades buenas. Donde quiera que me encontraban, me saludaban y me daban un abrazo”, compartió.

El orgullo por servir también aparece en sus consejos actuales. Durante el festejo pidió evitar la envidia, alegrarse por los logros ajenos y procurar que siempre exista una mano dispuesta a ayudar. “Al contrario, felicítense por el progreso de cada uno”, manifestó.

También habló de las personas que viven en condiciones de pobreza y de la necesidad de acompañarlas. “Hay mucho que hacer por los pobrecitos, porque hay muchos pobrecitos en el mundo sufriendo”, expresó.

Su matrimonio con Romelia, con quien compartió 73 años y tuvo cuatro hijos –Celia, ya fallecida; Gloria, Emilio y Aída–, ocupa un lugar central en sus recuerdos.

Gloria contó que su padre decidió acompañar a su esposa cuando ella necesitó ingresar a una estancia de cuidados. “Mi papá no quiso dejar sola a mi mamá”, recordó.

Hoy, sus hijos, nietos, bisnietos y amistades mantienen ese acompañamiento. En Grace Point también ha encontrado personas con quiénes conversar y compartir su manera de entender la vida. “La familia es el núcleo más hermoso que puede haber en la vida”, afirmó durante la celebración.

Entre canciones, conversaciones y muestras de cariño, don Emilio agradeció la presencia de quienes acudieron a festejarlo. “Gracias por estar aquí conmigo. Que Dios les bendiga”, expresó tras agradecer la compañía de sus seres queridos.

“Me siento muy tranquilo, muy en paz aquí donde yo estoy. Estoy disfrutando de la paz y la tranquilidad de este lugar. Muy feliz, muy contento, con salud sobre todo. Aunque a veces me entra la incertidumbre, la tristeza, la nostalgia, agradezco cada día que Dios me da”, expresó con serenidad, para luego continuar recorriendo el salón en su silla de ruedas para saludar a los asistentes.

Después volvió a mirar hacia adelante. Como hizo al cumplir 104, dejó abierta una nueva cita: reunirse otra vez en 2027. Por ahora, a sus 105 años, sigue compartiendo lo que desea para sí mismo y para los demás: compañía, amor y motivos para vivir felices.

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