La economía global arranca la semana con un contraste que retrata la fragilidad del momento: el oro brilla como nunca antes, superando los 3,800 dólares por onza y acumulando una ganancia de 44.7 por ciento en lo que va del año, mientras el petróleo se arrastra en los 64.48 dólares por barril, con una pérdida de dos dígitos.
En Estados Unidos, el fantasma del cierre de gobierno vuelve a acechar. Donald Trump se reúne con líderes del Congreso en busca de un acuerdo sobre el techo de deuda, un episodio repetido que genera tensión pero que también mantiene a los mercados en una danza incómoda. Los futuros del S&P 500 y del Nasdaq comenzaron el día en positivo, aunque la volatilidad es inevitable.
De acuerdo con los especialistas de Actinver en su Reporte AM, las bolsas internacionales siguen mostrando músculo, con el S&P 500 acumulando 13 por ciento en el año, aunque la mitad de sus empresas cerraron la última semana en terreno negativo.
Amazon se desplomó tras el anuncio de que cerrará sus tiendas físicas en Reino Unido, mientras Apple e Intel encontraron oxígeno con nuevas apuestas tecnológicas. El peso mexicano, por su parte, mantiene su carrera ganadora y cotiza en 18.33 por dólar, con una apreciación de 11.9 por ciento en lo que va de 2025.
En el mercado de bonos, Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, dejó entrever que podrían darse dos recortes de tasas antes de que concluya el año, aunque la robustez del crecimiento estadounidense y la persistencia de la inflación mantienen la cautela.
En México, la contradicción es evidente. Actinver reporta que la Bolsa Mexicana de Valores avanza 25.8 por ciento en el año, con el IPC instalado cómodamente arriba de las 62 mil unidades. Sin embargo, la economía real envía señales de alarma: en agosto, la tasa de desempleo repuntó a 2.93 por ciento, su nivel más alto en un año. La Población Económicamente Activa se redujo y el país perdió 1.3 millones de empleos en un solo mes, la peor caída desde enero de 2022. El golpe fue particularmente duro en el sector terciario, donde se evaporó un millón de puestos de trabajo vinculados con los servicios. Es la paradoja de un país donde los mercados celebran mientras la vida laboral de millones de personas se resquebraja.
El norte del país tampoco escapa a esta tensión. En Chihuahua y la franja fronteriza, la maquila resintió un freno en contrataciones y ajustes de personal tras un trimestre de volatilidad. El repunte del desempleo local refleja una desaceleración en el consumo y en los servicios asociados al dinamismo de la industria, lo que golpea directamente a miles de familias que dependen del flujo laboral binacional. Mientras la frontera sigue sosteniendo el comercio exterior, el mercado laboral muestra grietas que anticipan meses difíciles si no se consolidan nuevas inversiones.
Más que el vaivén del posible cierre de gobierno en Estados Unidos, la lectura estratégica pasa por entender estas fracturas de fondo: activos financieros en máximos y economías nacionales debilitadas por dentro. 2025 es un año que se explica mejor con contrastes que con gráficas. El oro se convierte en refugio del miedo, el petróleo en termómetro del desgaste y México con varias contradicciones.
En este escenario, la abundancia de los mercados no alcanza para tapar la escasez en la vida diaria. El oro es la joya que deslumbra a los inversionistas y el petróleo la sombra que cae sobre la energía, pero en México la historia se escribe con tinta roja: un millón de empleos borrados en un mes. Entre los números de Wall Street y la vida de la calle, la contradicción no es estadística: es el pulso de un país que ríe en la bolsa y llora en el trabajo.