En Ciudad Juárez, la participación de las mujeres en el mercado laboral se sitúa tradicionalmente entre el 40 y el 45 por ciento del total de la fuerza de trabajo ocupada. Aunque la ciudad es un motor industrial clave en el país, persisten brechas de género en el acceso al mercado laboral y la remuneración percibida.
“No es del todo justo porque a veces se guían sólo en el género -dependiendo el puesto- y debería ser por experiencia o capacidad”, considera Adriana, una mujer profesionista y con cargo gerencial dentro de una empresa maquiladora.
Y aunque gran parte de la fuerza laboral femenina se concentra en la industria (maquiladora), que representa el 66 por ciento de los empleos registrados en la ciudad, las trabajadoras fronterizas perciben, en promedio, hasta 19 por ciento menos de ingresos que sus contrapartes masculinas, a pesar de realizar el mismo trabajo.
De acuerdo con estimaciones de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y el Índice de Competitividad Urbana del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), los hombres perciben un salario diario de 491.36 pesos, mientras las mujeres uno de 399.27 pesos. Esta diferencia representa que por cada 100 pesos que percibe un hombre, una mujer recibe aproximadamente 83 pesos, señala el análisis del IMCO.
Aunque para Lizeth, una mujer que también labora en un área administrativa dentro de una empresa maquiladora, en su experiencia no existe esta barrera de género y aseguró que ella gana más que un hombre por el tipo de cargo que tiene.
“Aunque en la actualidad ambos géneros perciben igual dependiendo el cargo”, aseguró.
La encuesta indica, además, que a pesar de que las mujeres jóvenes en Juárez alcanzan niveles educativos más altos que los hombres, esto no se traduce equitativamente en sus salarios iniciales.
En Juárez, las mujeres representan al menos el 54 por ciento de la matrícula en universidades y centros tecnológicos. Incluso hay más mujeres graduándose en licenciaturas que hombres, indican estadísticas oficiales de la Secretaría de Educación estatal.
En tanto, existe una brecha en áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Mientras que en ciencias de la salud y educación las mujeres son mayoría absoluta, en las ingenierías ligadas a la maquiladora (mecánica, electrónica) sólo representan entre el 25 y 30 por ciento de la matrícula.
En Juárez, el promedio de años de estudio para las mujeres es de 10.2 años (equivalente a segundo de preparatoria), ligeramente superior al de los hombres en zonas urbanas, indica el Inegi.
Sin recursos suficientes
Muchas mujeres declinan continuar su formación académica por diversos factores como la maternidad o por privilegiar sus ingresos, aun y cuando anhelan continuar preparándose.
“En la actualidad no tengo los recursos económicos necesarios para continuar”, dijo Adriana. Lizeth, por su parte, comentó que “la economía en cierto aspecto” la frena.Por otro lado, las mujeres en Juárez dedican en promedio 32 horas semanales a tareas domésticas y de cuidado, frente a solamente 14 horas de los hombres, lo que limita su crecimiento en jornadas remuneradas.
Esto significa que las mujeres trabajan casi 1.3 veces más sin recibir un sueldo.
Lizeth y Adriana, entrevistadas por separado, refirieron que en el hogar las tareas domésticas sí son desiguales y recae en ellas la organización y limpieza de la casa.“(En casa) algunas veces sí asumo más responsabilidades”, consideró Adriana.
“En mi situación el hombre limpia el patio y tareas del exterior”, dijo Lizeth, no muy convencida de que eso fuera de suficiente ayuda.
A nivel estatal, se estima que el trabajo no remunerado de las mujeres equivale al 24 por ciento del PIB de Chihuahua. Si este trabajo se pagara, sería la “industria” más grande de la ciudad, superando incluso a los ingresos de muchas maquiladoras, apunta el IMCO.
‘Pobreza de tiempo’
Debido a las jornadas extendidas de la maquila (especialmente en turnos de 10-12 horas), las mujeres juarenses sufren de “pobreza de tiempo”, lo que les impide estudiar, capacitarse para ascensos o simplemente descansar.
Muchas mujeres optan por el comercio informal o ventas por catálogo precisamente porque el sistema de cuidados formal (guarderías) es insuficiente para los horarios de la industria, obligándolas a buscar empleos “flexibles” para poder cuidar a hijos o adultos mayores.
El 85 por ciento de las mujeres que trabajan en el sector formal en Juárez declaran que, al llegar a casa, son las únicas o principales responsables de preparar comida, limpiar y supervisar tareas escolares. Indican datos dados a conocer por el Inegi.
En esta frontera, la participación de las mujeres en el emprendimiento ha crecido significativamente, impulsada por programas de fomento económico y la necesidad de autonomía financiera. Se estima que las mujeres son propietarias del 36 por ciento de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) en sectores de manufactura, comercio y servicios.
En Juárez, el emprendimiento femenino también es una vía de sustento para mujeres en situación de movilidad (migrantes) que, ante la falta de documentos para empleos formales, inician sus propios negocios.
La tasa de participación económica femenina en el estado de Chihuahua alcanzó el 48 por ciento en 2025, superando la media nacional del 46.4 por ciento. Incluso, Chihuahua registra la cifra más baja de mujeres en la informalidad a nivel nacional, con un 31.3 por ciento. Esto sugiere que una proporción mayor de emprendimientos liderados por mujeres en Juárez tiende hacia la formalización en comparación con otros estados.
Una mujer en el sector informal de Juárez gana en promedio cinco mil 196 pesos mensuales, lo que representa un 26 por ciento menos que un hombre en la misma condición informal (seis mil 993 pesos). La mayoría de las mujeres informales en la ciudad se dedican al comercio al por menor (ventas por catálogo, tianguis/segundas) y servicios personales (limpieza, belleza).
Además, el 70 por ciento de las mujeres que optan por la informalidad lo hacen para conciliar el trabajo con las tareas de cuidado no remunerado, que los horarios de maquila suelen ser incompatibles con la crianza.
Otro punto es que la ciudad tiene un alto porcentaje de mujeres migrantes y en situación de movilidad que, al no contar con documentación mexicana, se integran casi exclusivamente al sector informal para subsistir.
El emprendimiento como refugio
Brenda tiene 32 años y tres hijos. El padre es ausente y deudor alimentario, por lo que ella emprendió un negocio de desayunos para el sostén de su hogar.
Esta actividad, explicó, le permite estar al pendiente de su familia al trabajar desde casa. Sin embargo, además de maternar -ejercer el cuidado y crianza activa de sus hijos- debe estar capacitándose constantemente para crear nuevas ideas para ofrecer productos novedosos, así como estrategias de ventas en redes sociales, lo que a veces llega a ser un poco agotador.
Brenda estudió la licenciatura en Administración de Empresas, conocimientos que ejecuta en su negocio, tras descartar emplearse a tiempo completo. “La verdad es muy difícil, sobre todo porque los horarios son muy complicados para la atención de mis hijos”, comentó.
Y aunque en su emprendimiento hay temporadas altas y bajas, aseguró que obtiene más ingresos que el salario que pueden ofrecer en un trabajo formal.
Para Marcela Toral Reyes, de 38 años, de profesión criminóloga y madre soltera de una hija de 14 años, quien tiene parálisis cerebral infantil (PCI), su opción fue el emprendimiento, por lo que realiza ventas por Internet de ropa nueva para mujer y bolsas, así como artículos de joyería y maquillaje. Ella inició desde hace trece años con las ventas en línea que promueve en su perfil de Facebook.“Tengo una carrera, pero no he buscado un trabajo por la condición de mi hija, entonces, no puedo trabajar en un lugar estable, porque a veces tiene que ir a terapias a Chihuahua y en un trabajo no te dan tantos permisos para ausentarte”, planteó la entrevistada.
Lena Mejía, de 37 años, vive en el suroriente de la ciudad, en donde trabaja en el rubro de la belleza, ya que es estilista.
Lena también es madre soltera de tres hijos, por lo que sus actividades le permiten cuidarlos y ganar más que lo que pudiera adquirir de un trabajo formal.
Y aunque todas ellas forman parte de una estadística no del todo favorable, aseguran estar listas para enfrentarse a los retos que conllevan la maternidad y la superación personal.