Chihuahua, Chih.- Con sólo 13 artículos sin tocar y 136 artículos que acumulan 842 reformas, la Constitución de México llega a su 108 aniversario, después de 20 presidentes de la República en cuyos periodos tuvieron mayorías legislativas suficientes para hacer las modificaciones, casi todas promovidas desde el Ejecutivo.

En la historia que tuvo como fecha clave el 5 de febrero de 1917, sólo un chihuahuense, originario de Camargo y adoptado como juarense, fue protagonista de la máxima norma nacional, de que el territorio y su representación fueron marginados por cuestiones políticas, debido a que el estado era identificado como villista y orozquista, cuyos líderes rivalizaron con los grupos dominantes del poder federal.

En el centenario de la Carta Magna, en febrero de 2017, el catedrático, investigador e historiador juarense, Pedro Siller Vázquez (fallecido en septiembre de 2021), publicó el artículo “De Chihuahua y la Constitución de 1917”, en la sección de El Baúl de la revista de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), dando cuenta de los detalles que relacionaban al estado con el proceso de formación de la ley de leyes nacionales.

“Hombres de todo el país concurrieron a la ciudad de Querétaro para discutir durante varios meses, artículo por artículo, el texto en donde habrían de plasmar el modelo de país al que aspiraban. Entre los estados de la unión que se reunieron, uno de ellos sobresalió por su falta de representación: Chihuahua”, relató Siller.

“A pesar de haber sido uno de los que más sangre y sacrificio hizo por la creación de la nueva nación posrevolucionaria, la lucha de facciones había hecho que Venustiano Carranza y Álvaro Obregón, los grandes convocantes, la hicieran a un lado ya porque Chihuahua había sido profundamente orozquista o por haber sido villista y en ambos casos, enemigos de los líderes del momento”.

Los apuntes del historiador ubican el nombre de quien, también acercándose el centenario, sería llevado al muro de honor del Congreso del Estado de Chihuahua, como parte del Constituyente de Querétaro.

Manuel M. Prieto, originario de Camargo, pero avecindado en Ciudad Juárez tras concluir sus estudios en Estados Unidos, fue de los primeros impulsores de la candidatura presidencial de Francisco I. Madero contra Profirio Díaz.

“Fue presidente municipal carrancista (de Juárez) del 27 de diciembre de 1915 al 13 de agosto de 1916 (...) fue quien resultó seleccionado como diputado constituyente por el estado de Chihuahua. Pero no se tienen más registros de él. La crónica del Constituyente no registra una sola participación, ni se sabe qué fue de él después de la promulgación del documento”, consideró Siller.

La ficha del Archivo General de la Nación sobre Manuel M. Prieto, aporta más detalles sobre el único chihuahuense en el Constituyente. Dice que nació en la ciudad de Camargo, Chihuahua, en 1888 y cuando se lanzó la candidatura de Francisco I. Madero para la presidencia de la República, fue de los primeros que se unieron a dicha postulación, habiendo desempeñado algunas comisiones en favor de esta causa.

En el régimen maderista fue titular de la Aduana de Agua Prieta, Sonora y al ocurrir el asesinato de Madero se adhirió inmediatamente al movimiento en contra de Victoriano Huerta.

“Posteriormente, se entrevistó con Venustiano Carranza en Piedras Negras, quien le confirió delicadas comisiones, especialmente en la División del Norte. Al triunfo del constitucionalismo, ocupó la Presidencia Municipal de Ciudad Juárez, así como la Dirección General de Aduanas”, señala.

Fue electo diputado al Congreso Constituyente por el distrito de Bravos de Galeana, Chihuahua. Luego, fue electo diputado a la XXVII Legislatura Federal y, al terminar su periodo, fue nombrado en 1919 por Venustiano Carranza administrador principal del Timbre de Monterrey, Nuevo León.

Además, se desempeñó como administrador de las aduanas de Progreso, Tampico y Piedras Negras.

Fue senador por el Estado de Chihuahua durante el periodo 1924-1928, dentro del cual fue designado presidente del Grupo Obregonista y presidente de la Comisión Permanente.

“Terminadas sus funciones como senador, ocupó el puesto de jefe de la Oficina Federal de Hacienda en Mérida, Yucatán, en donde lo sorprendió el movimiento sedicioso de 1929, ofreciéndose para combatir a los rebeldes, habiendo sido su actitud muy importante, pues al frente de las fuerzas agraristas, ocupó la Plaza de Ciudad Juárez, restableciendo el orden en esa región”, asienta.

Volvió a ocupar su puesto en Mérida, Yucatán, hasta septiembre de 1929, a lo que renunció para dedicarse a sus negocios particulares en la capital de la República, donde falleció el 1 de marzo de 1959, a consecuencia de un accidente automovilístico.

No estaba Chihuahua, pero sí sus ideas

Para el historiador juarense, a pesar de la marginación de Chihuahua y sus hombres del Constituyente de Querétaro, sí permeaban muchas de las ideas que se expresaron en los levantamientos populares en esstado y que dieron origen a la Revolución mexicana, la cual derivó en la institucionalidad de la Constitución.

“Las ideas pues, estaban presentes, aunque no los hombres”, escribió.

Uno de los planes menos conocidos es el Plan Restaurador de la Constitución y Reformista que se dio a conocer el 5 de febrero de 1896, uno de los más importantes documentos que sin duda sirvieron como antecedente de la Revolución mexicana en el norte del país y con origen en la entidad.

El plan reivindicaba la Constitución de 1857 transgredida en sus partes esenciales por Porfirio Díaz y sobre todo en lo de la reelección indefinida; que no se respetaba el voto; que se permitía el despojo de terrenos por parte de las compañías deslindadoras; que la ordenanza militar garantizaba el fuero para soldados aun cuando cometían delitos del orden común; que era necesaria una ley que resolviera la relación entre el capital y el trabajo para evitar la miseria de los obreros; que la política porfirista mantenía y aún estimulaba la desigualdad humana y en un interesante apartado mencionaba que “se hace necesaria una ley para que el hombre y la mujer, el blanco y el negro, el nacional y el extranjero, el pobre y el rico tengan los mismos deberes, derechos y prerrogativas, que sean absolutamente iguales ante la ley como iguales son ante la naturaleza por tener el mismo origen.”

Además de que como corolario, el plan insistía en que agotados los medios pacíficos no queda otro camino que el de las armas, último recurso de los pueblos para hacer valer sus derechos.

“El plan, mucho más amplio de lo que aquí mencionan, establecía además que los sacerdotes católicos no gozaban de los derechos civiles y políticos a los que tenían derecho. Fue fechado el 5 de febrero de 1896 y de manera simbólica apareció firmado en Tomochi. Al final, firman siete mujeres y dieciséis hombres. Este es solamente uno de los múltiples planes escritos en Chihuahua, pero su importancia no es menor, es un importante reflejo de las aspiraciones de justicia de la época que inspiraron sin duda a los constituyentes de 1917”, relató Siller, dándole el crédito al libro Tomochi, de su colega chihuahuense Jesús Vargas Valdés.

Un largo historial de reformas

Salvo la reelección, permitida en algunos casos de funcionarios, varios de los ideales que le dieron origen a la Constitución han permanecido a lo largo de sus 108 años, a pesar de que en cada sexenio, los jefes del Ejecutivo impulsaron reformas o aprobaron algunas surgidas del Legislativo.

En el apartado especial de la Constitución de la Cámara de Diputados, aparece el largo historial de reformas a la máxima norma por artículo y por gobierno; resalta como el artículo más reformado el 73, que ha dotado y ampliado a lo largo de la historia las facultades al Legislativo; también resalta el gobierno del priista Enrique Peña Nieto el que más modificaciones constitucionales ha hecho, con un total de 156.

El segundo presidente más reformador fue el panista Felipe Calderón, con 96 y el tercero, con 96, fue el morenista Andrés Manuel López Obrador, cuyas reformas están orientadas a anular las de sus antecesores, precisamente Peña Nieto y Calderón Hinojosa.

En cuarto lugar con más reformas está el también panista Vicente Fox, con 78; luego el priista Miguel de la Madrid con 66 y su sucesor, Carlos Salinas de Gortari, con 55, quien comenzó la etapa reformista del periodo de la liberalización económica nacional.

El séptimo lugar con más reformas lo tiene la presidenta Claudia Sheinbaum, con menos de cuatro meses como la primera jefa del Ejecutivo. Ella suma 37 modificaciones a la Carta Magna, aunque algunas de las más importantes fueron presentadas y promovidas desde la administración de su antecesor.

Enseguida figura Luis Echeverría Álvarez, con 40; luego su sucesor, José López Portillo, con 34; después Abelardo L. Rodríguez , con 22 y Miguel Alemán Valdés, con 20.

El resto de los presidentes desde Álvaro Obregón, quien gobernó de 1920 a 1924, sumaron entre dos y 18 reformas, en lo que fue la adaptación de cada sexenio a las necesidades sociales y del régimen político dominante.

La Constitución vigente fue publicada en febrero de 1917 y entró en vigor el 1 de mayo de ese mismo año. Ese día Venustiano Carranza tomó posesión como presidente después de haber ganado las elecciones y el Congreso de la Unión, conformado por la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores, inició también un nuevo periodo de sesiones.

El proceso para restablecer el orden constitucional en la totalidad del territorio nacional tomaría aún muchos años, pues durante un lustro el gobierno enfrentó diversos levantamientos armados, presiones externas motivadas por la Primera Guerra Mundial, así como exigencias de todos los sectores sociales y de los inversionistas extranjeros afectados por la entonces nueva legislación, que sigue su proceso de adaptación al México en cambio constante.