Quien gane la Casa Blanca la próxima semana asumirá el cargo sin escasez de retos, pero al menos con un enorme activo: una economía que está dejando en el polvo a las demás.
Con otro desempeño sólido en el tercer trimestre, Estados Unidos ha crecido 2.7% en el año pasado. Está superando a todas las demás economías desarrolladas importantes, sin mencionar su propia tasa de crecimiento histórica.
Más impresionante que la tasa de crecimiento es su calidad. Este crecimiento no se derivó únicamente del uso de suministros finitos de mano de obra y otros recursos, lo que podría alimentar la inflación. Más bien, surgió de hacer que las personas y las empresas fueran más productivas. Esta combinación, de mantenerse, será un viento a favor del próximo Presidente. Tres de los últimos cuatro recién llegados a la Casa Blanca asumieron el cargo durante o alrededor de una recesión (la excepción fue Donald Trump, en el 2017), que consumió gran parte de su agenda del primer mandato. El próximo Presidente debe estar libre de esa carga. Mientras tanto, un mayor crecimiento en la productividad debe hacer que la economía sea un poco menos propensa a la inflación, más capaz de sostener déficits presupuestarios y más propensa a generar salarios sólidos. Todo sería una bendición para el Presidente Trump o la Presidenta Kamala Harris.Describir esta economía como extraordinaria parecería confuso, si no insultante, para la mayoría de los estadounidenses. En la encuesta más reciente del WSJ, el 62% de los encuestados calificó la economía como "no tan buena" o "mala", lo que explica la falta de dividendo político para el Presidente Biden. Hay muchas razones para la desconexión, siendo la más importante la alta inflación del 2021-23, cuyos efectos aún persisten.
La mayoría de los líderes del mundo cambiarían sus economías por las de Estados Unidos en un abrir y cerrar de ojos. Durante el segundo trimestre, Estados Unidos creció 3%; ninguna de las siguientes seis economías avanzadas más grandes del mundo creció más del 1%. Incluso China está pasando apuros. A veces, un crecimiento fuerte es el preludio de una recesión porque se deriva de forzar la capacidad de la economía, generando inflación y obligando a la Reserva Federal a elevar las tasas. Sin embargo, la inflación ha caído en el año pasado, al 2.7% en el tercer trimestre, utilizando la medida subyacente preferida de la Reserva Federal. Esta cifra aún está por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal, pero el progreso fue suficiente para que la Reserva Federal recortara las tasas en septiembre y planeara más recortes -todo sin que el crecimiento flaqueara. "Eso es bastante impresionante", dijo Robin Vince, director ejecutivo de BNY, en una entrevista reciente. "Hace uno o dos años, muy pocos comentaristas realmente pensaban que eso fuera posible". Parte de ese crecimiento se debió al aumento de la fuerza laboral con la afluencia de inmigrantes no autorizados. El empleo asalariado aumentó alrededor de medio millón en el tercer trimestre y 2.4 millones en el año al tercer trimestre. Sin embargo, eso exagera la contribución de la mano de obra porque, en promedio, cada empleado trabajó un poco menos horas. Ajustada por eso, la productividad -la producción por hora- probablemente aumentó alrededor del 2% o más, anualizada, en el tercer trimestre, después de aumentar 2.7% en los cuatro trimestres anteriores, superando la tasa anual promedio del 1.5% del 2007 al 2019. Es poco probable que el crecimiento económico mantenga su ritmo reciente porque los flujos migratorios ya se han desacelerado. Sin embargo, gracias a una mayor productividad, el crecimiento potencial de Estados Unidos -lo que puede mantener a largo plazo- podría ser superior al 1.8% que muchos pronosticadores como la Reserva Federal han asumido durante mucho tiempo. La productividad es extremadamente volátil, particularmente desde la pandemia, por lo que es demasiado pronto para decir que su tendencia ha cambiado. Aún así, una señal alentadora es que ningún otro país lo ha experimentado. El Banco de Pagos Internacionales, un grupo que agrupa a los bancos centrales, con sede en Suiza, calcula que desde finales del 2019 hasta finales del 2023, la producción total aumentó 7.9% en Estados Unidos, del cual 1.2% provino de más horas trabajadas y 6.7% de la productividad, más producción por hora. En la eurozona, la producción aumentó 3% en el mismo periodo, debido en su totalidad al aumento en horas. "La productividad es realmente mala en todo el mundo", dijo Hyun Song Shin, asesor económico del BPI. "Estados Unidos es un caso atípico". ¿Qué hay detrás de la divergencia? Hay que leer el reciente reporte de Mario Draghi, ex presidente del Banco Central Europeo, sobre la competitividad europea. Al explicar por qué Europa está rezagado, revela por qué Estados Unidos va a la cabeza. Una razón es el suministro interno de energía, que aisló a Estados Unidos del aumento a los precios del gas natural que siguió a la invasión rusa de Ucrania. Las empresas de la Unión Europea todavía pagan entre dos y tres veces más por la electricidad y entre cuatro y cinco veces más por el gas natural que sus homólogas estadounidenses, halló Draghi. Más importante es el papel de la tecnología. Ninguna empresa de la UE con un valor superior a los 100 mil millones de euros, equivalente a 108 mil millones de dólares, "ha sido creada desde cero en los últimos 50 años", mientras que las seis empresas estadounidenses con un valor de más de 1.08 millones de millones de dólares fueron creadas en ese periodo, indicó Draghi. Las empresas estadounidenses también adoptan más rápidamente tecnologías como la inteligencia artificial, lo que explica una productividad mucho mayor en los servicios profesionales, las finanzas, los seguros y los servicios de informática. Estas diferencias son, en su mayoría, producto del dinamismo intrínseco del capitalismo estadounidense más que de las políticas de algún Presidente. Aún así, Trump y Biden, en sus respectivas políticas fiscales, buscaron impulsar la inversión empresarial, un ingrediente clave para la productividad: Trump, mediante menores impuestos y regulaciones para las corporaciones en general, y Biden dirigiendo dólares federales y créditos fiscales a la fabricación de semiconductores, energía baja en carbono e infraestructura. Si la economía está tan bien, ¿por qué están tan tristes los estadounidenses? He argumentado que hay muchas razones no económicas. Pero no hay duda: la inflación cobra mucha importancia. Aún así, es probable que la inflación esté mucho más cerca del 2% en los próximos cuatro años que en lo últimos cuatro. Con el tiempo, la ira por los precios más altos de hoy se convertirá en aceptación. Es probable que el próximo Presidente soporte una carga de inflación mucho menor que Biden.