Desde que el presidente Donald Trump asumió el cargo por primera vez en 2017, ha estado obsesionado con el Premio Nobel de la Paz, y no ha hecho ningún esfuerzo por ocultar su profundo sentimiento de injusticia por el hecho de que el presidente Barack Obama fuera galardonado en 2009 por, a ojos del comité del Nobel, sus “extraordinarios esfuerzos por fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”.

Trump tiene una opinión diferente, la cual ofreció en una entrevista con The New York Times la semana pasada: Obama “estuvo allí unas semanas y lo consiguió. Ni siquiera sabía por qué lo había conseguido”. A continuación, Trump recitó la ya familiar lista de “ocho guerras” que afirma haber detenido.

Todo esto culminó el jueves por la tarde en una extraña escena en una Casa Blanca que ha vivido su ración de acontecimientos asombrosos. El presidente tomó posesión del Premio Nobel de la Paz 2025, que su verdadera galardonada, María Corina Machado, había entregado enmarcado en oro.

Fue una ventana a la psique del presidente, incluida su profunda necesidad de reafirmar su papel de “pacificador”, incluso tras un año de ordenar ataques militares en varios continentes. También reveló los cálculos políticos de Machado. Su partido ganó de forma abrumadora las elecciones presidenciales de 2024 en Venezuela, pero Trump le ha prohibido desempeñar cualquier papel en el gobierno de la nación tras la captura de Nicolás Maduro.

Un acto sin ganancias

Trump dijo que se sentía “honrado” de recibir por fin el premio, y sonrió ampliamente mientras posaba con Machado en el Despacho Oval, sosteniendo el enorme marco. Poco después, Machado se marchó. La medalla se quedó.

“María me entregó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado”, dijo Trump más tarde en las redes sociales. “Es un gesto maravilloso de respeto mutuo. Gracias, María”.

En realidad, fue un acto bastante vacío para ambos. Trump puede colgar la medalla en la pared, pero para el resto del mundo —y en los registros del comité del Nobel— no puede llamarse premio Nobel de forma legítima.

Así lo dejó claro unas horas más tarde Kristian Berg Harpviken, director del Instituto Nobel noruego, quien señaló con severidad que “recibir los símbolos del Premio de la Paz no convierte a nadie en premio de la Paz”. Esto ya se ha intentado antes, señaló, incluso una vez en 1943, cuando Knut Hamsun, quien ganó el premio Nobel de literatura en 1920, se lo envió al ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels. (Hamsun, quien a menudo manifestaba admiración por Hitler, envió el medallón por correo a Goebbels. Pero se perdió después de que Goebbels se suicidara en 1945).

El plan del regalo tampoco pareció funcionar para Machado, al menos de inmediato. Mientras ella y Trump se reunían, el director de la CIA, John Ratcliffe, estaba en Caracas en una reunión con Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela. Ella había sido vicepresidenta de Maduro y formaba parte de las fuerzas que impidieron a Machado presentarse a las elecciones, una de las muchas medidas que tomó el gobierno de Maduro para manipular el resultado.

En resumen, Trump ha elegido manejar Venezuela a través de las mismas personas contra las que luchó Machado.

Declaraciones de la galardonada

Parecía que Machado se había visto acorralada para hacer ese regalo. Al principio, había “dedicado” el Nobel a Trump. Pero en una entrevista la semana pasada, Sean Hannity, comentarista de Fox News y uno de los partidarios y asesores informales de Trump, preguntó a la líder de la oposición: “¿Le ofreciste en algún momento darle el Premio Nobel de la Paz?”.

Machado dijo que “Todavía no ha ocurrido, pero ciertamente me encantaría poder decirle personalmente” que él, y el pueblo venezolano, lo compartían.

Eso cambió, y ahora Machado parece jugar a largo plazo. Apuesta a que, tarde o temprano, los sobrevivientes del régimen de Maduro serán derrocados, por lo que dar a Trump lo que quiere —la medalla dorada del Nobel— es una inversión que merece la pena.

“No tengo ninguna duda de que el presidente Trump, su gobierno y el pueblo de Estados Unidos apoyan la democracia, la justicia, la libertad y el mandato del pueblo de Venezuela”, dijo el viernes en un discurso ante la Fundación Heritage, enumerando cuatro valores de los que Trump ha hablado muy poco al describir sus planes para traer de vuelta al país a empresas estadounidenses, especialmente petroleras.

Un misterio, opinión del mandatario de EU

La duda es cómo considera Trump la entrega del premio. Está claro que le interesaba poseerlo, quizá porque la posesión, como ha dicho de Groenlandia, es “psicológicamente importante”. Por supuesto, ya tiene una medalla del Premio Nobel de la Paz a pocos pasos del Despacho Oval: el galardón concedido en 1906 a

Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, dijo el viernes que Trump tenía la intención de conservar el premio, pero señaló que “aún no se ha decidido su lugar definitivo en la Casa Blanca”.

Sin embargo, sugirió que la cuestión no había terminado para Trump, que el agravio que cree que cometió el comité del Nobel en su contra no se ha resuelto.

“Esto no resuelve el problema”, dijo, “y aún merece recibir realmente la recompensa”.