Ciudad Juárez.- La máquina número 107 de moldeo por inyección de nylon de la planta Río Bravo V de APTIV puede alcanzar temperaturas de hasta 600 grados Fahrenheit (315 grados centígrados), que es un poco menos de lo que necesita el plomo para derretirse; fue a esa temperatura, y con presión acumulada, como se dio la falla mecánica que cambió la vida de Aldo Pámanes.

Una explosión de nylon caliente y gases tóxicos inundaron el 7 de marzo de 2023 su rostro, rompieron sus dispositivos de seguridad industrial (laxos, asegura, para el tipo de labor), y quemaron su sistema respiratorio, sus ojos, su nariz, su frente, y su espalda. Sufrió quemaduras de segundo y tercer grado.

En esa fecha, Aldo era técnico de Mantenimiento. Llegaba a las 6 de la mañana, revisaba pendientes y los atendía. A las 7:30 fue a destapar la máquina 107, porque le dijeron que no quería inyectar, que estaba tapada. Se puso lentes, careta y mangas, pero en otras empresas que trabajó el trabajo se hacía con una capucha aluminizada con un cristal de mayor grosor al que usó aquel día. Subió a la máquina e intentó quitar el posible tapón, pero no se logró. Se rindió, recogió sus cosas para bajarse, pero la presión acumulada hizo estallar la garganta de la máquina, cuyo contenido hizo una máscara de plástico negro hirviendo en la cara del hombre de 36 años.

“En cuestión de segundos me quedé sin ver, sin respirar. Como pude, me bajé de la máquina, gritando. En lo que me di la vuelta me quemé la espalda. Sentí el impacto más fuerte en la frente. Me bajé, mis amigos me ayudaron, intentaron calmarme, fueron por una camilla, y me trasladaron a la enfermería”, cuenta Aldo a El Diario.

Ahí le colocaron algunos medicamentos y llamaron a la ambulancia, que para las 8:30 ya lo tenía en el área de Urgencias del Centro Médico de Especialidades. El plástico seguía en su cara.

En el hospital “me dijeron que era muy grave, que iban a intentar quitarme lo mayor posible. Me ardían los ojos y la nariz, no podía cerrar la boca. Estaba jalando mucho (aire con la boca) y me ardía todo. Como pudieron me abrieron los ojos, me echaron gotas. (...) Pasaron demasiadas horas, y decidieron que era imposible limpiarme así, estando yo despierto. Me dieron una opción, de intubarme para hacerme la limpieza. (...) A las 10:00 de la noche me pasaron a terapia intensiva, y me sedaron”, platica.

Lo sedaron un martes, y despertó el sábado, vendado de la cara sin poder ver. El despertar de ese sábado parece aterrarlo. Empieza a platicar más lento. No quiere llorar, pero las emociones se le arremolinan en los ojos. “Es que está bien difícil. Desperté el sábado en la mañana y…”. Decide parar la entrevista para recomponerse.

Cirugías estéticas

Desde entonces ha pasado por cirugías estéticas para reconstruir sus párpados y poder cerrar los ojos. De su oreja quitaron una porción, para tratar de ajustar su fosa nasal izquierda, pero fue en vano, porque está ocluida, y no puede respirar por ella. Los párpados cerrados no cubren enteramente sus ojos, así que se le secan, y no puede dormir bien.

Antes del siniestro era un adicto al deporte y al gimnasio, dice. Tiene figura fornida, se ve en forma. Ahora no puede hacer lo que disfrutaba, porque no puede respirar con normalidad; se agita rápido. Desarrolló hipertensión, acné, y su salud mental fue en declive.

“No me quería dar cuenta, pero también me dio ansiedad y depresión. Antes de (su accidente) no creía en esas cosas, y cuando me pasó vi que es verdad”, dice. “No podía dormir, tenía pesadillas, miedo a morirme”, añade.

En el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) le diagnosticaron ansiedad y depresión, y aunque se medica y va a terapia, el choque con su cuerpo y su imagen persiste, y le viene de vez en vez.

En abril, Aldo se reintegró a APTIV, ahora en el área de servicios, con trabajos más sencillos, pero su proyecto de vida quedó afectado. Por ello, el 8 de octubre de 2024 presentó una demanda en el Juzgado Tercero Civil por Audiencias del Distrito Judicial Bravos por responsabilidad civil y daño moral contra Río Bravo Eléctricos S. de R. L. de C. V., conocida comercialmente como APTIV.

La empresa fue contactada por este medio para obtener una respuesta sobre esta acusación, sin respuesta.

La demanda la interpuso a través del despacho Lex Iusta Abogados, y en ella se señala que Aldo reclama una indemnización por daños patrimoniales, daño moral, daños punitivos y una compensación por afectación al proyecto de vida.

“Su argumento central es que la empresa incumplió múltiples obligaciones en materia de seguridad industrial, incluyendo la falta de dispositivos de seguridad en la maquinaria, ausencia de capacitación específica, y permitir la operación de equipo que presentaba fallas conocidas”, precisó el despacho a este medio.

No obstante, la empresa respondió a la demanda en una etapa temprana del proceso con una postura “que minimiza su responsabilidad, argumentando que el accidente fue resultado de negligencia del propio trabajador”, señaló la representación legal del afectado, y catalogaron esta postura como “defensiva y evasiva”, pues además de fincar la responsabilidad en la propia víctima, buscan desentenderse diciendo que APTIV y Río Bravo Eléctricos no son la misma empresa, que no hay un contrato laboral que los haga responsables, que el caso debió llevarse por tribunales laborales, e incluso “cuestiona la existencia y gravedad de estas mismas lesiones”.

Para Lex Iusta, “la actitud de la empresa en su contestación refleja un intento de evadir responsabilidad mediante tecnicismos legales, contradiciendo incluso sus propias actuaciones y comunicaciones previas, lo que sugiere una postura más orientada a evitar el pago de indemnizaciones que a reconocer y reparar el daño causado a un trabajador que sufrió lesiones permanentes mientras realizaba sus funciones”.

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