El pasado 21 de diciembre, “Damián” fue víctima de un delito que se ha vuelto común y que ha cobrado la vida de varios conductores de plataforma –como él–, el robo a mano armada.
“Damián” es un nombre ficticio que quiso dar por temor a ser identificado por sus agresores, quienes cerca de las 6:30 de la tarde del sábado le tendieron una trampa disfrazada de un viaje en Didi, aplicación para la que el entrevistado labora.
Contó su historia a El Diario porque, aseguró, quiere que sus compañeros conductores de transporte privado por plataforma digital reconozcan el modo de operación de estos delincuentes y tomen sus precauciones.
El 21 de diciembre, a la hora indicada, tomó un viaje cerca de la colonia Azteca, al poniente de esta ciudad fronteriza. Ya estaba oscuro. Se subió un hombre joven con destino al surponiente de la ciudad, por la zona llamada “Los Kilómetros”, en la carretera a Casas Grandes.
La forma más fácil de llegar es por el periférico Camino Real, pero Damián platicó que sabía que en ocasiones los viajes por esa zona que suele estar sin vigilancia terminan en robos, desde las pertenencias, como celular, cartera o dinero de los viajes del día, hasta el vehículo.
Primero le dio confianza
El viajero buscó la manera de darle confianza. “Váyase si quiere por todo el eje vial (Juan Gabriel)”, recuerda Damián que le sugirió su cliente. Damián cayó en la trampa. Se sintió seguro, entonces, de que no habría ningún intento del victimario, así que se fue por el periférico Camino Real.
Al llegar al surponiente, se dirigió a las inmediaciones del kilómetro 30 de la carretera a Casas Grandes. Estaba cerca del destino, pero su cliente le hizo dar vueltas hacia el fondo del poblado, en calles más solitarias y oscuras.
Al dar la última vuelta a la izquierda, vio a dos hombres parados a media calle, y Damián no se detuvo, se dio una “u” y se regresó. “¿Qué pasó? Si no traes para el viaje dime”, le reclamó al cliente.
“Mi mamá le va a pagar, dele para allá atrás”, le respondió el viajero. Pero Damián ya no confió. Intentaba volver ahora a la carretera, pero ya era tarde. El otrora cliente ahora desenfundó una pistola. “Párate, hijo de tu p*ta madre”, le ordenó el ladrón a Damián, mientras le apuntaba con el arma de fuego. Los instintos de sobrevivencia del conductor resaltaron. Se quitó el en la frente que causó el golpe con el arma del delincuente cinturón de seguridad, le empujó la mano con el arma y empezó a conducir a toda velocidad por la calle, en zigzag para desbalancear a su atacante, que no se rendía y lo golpeó severamente en la frente con el arma, provocándole sangrado y dolor.
El intento de asalto se vio frustrado, así que el agresor se salió del auto en movimiento y corrió ense
guida. Damián se sintió mareado en ese momento, pues la adrenalina se le había pasado. Como pudo, alcanzó a ponerse a salvo y retirarse del lugar.
Pensó que lo matarían como a Ismael Villagómez Tapia, como a Rafael Díaz, transportistas de plataforma asesinados en 2023 en Juárez. “Fueron momentos de terror”, dijo.