Trazarse una meta, un objetivo, y esforzarse por alcanzarlo por todas las vías posibles es de las actitudes de viuda más loables, respetables, admirables y positivas que un ser humano u organización puedan tener, siempre que se sigan los cauces adecuados respetando, desde luego, el espacio y derecho de los demás más aun tratándose de los proyectos u obras en beneficio de una ciudad, porque en ella conviven a diario miles y miles de personas.

Lo que ya no se vale y es harto condenable es que, aprovechándose de banderas eminentemente sociales, ciudadanas, los actores políticos se valgan de su poder coyuntural para denostar, criticar o golpetear a sus adversarios, y ya ni siquiera a los de otro partido político, sino a los de casa, a los propios, a los que deberían estar apoyando y sumándoles esfuerzos pero que, hoy por hoy, les representan una potencial amenaza futura, léase 2027.

Todavía peor, utilizar esa inquietud ciudadana para frenar o detener una obra de las muchas que necesita nuestra ciudad, un reclamo añejo de los juarenses, una demanda que ha esperado por más de 50 o 60 años quizá, como lo es franquear o liberar el paso vehicular y peatonal cuando el ferrocarril se atraviesa a media ciudad, partiéndola en dos literalmente.

Ciudad Juárez presenta un rezago impresionante en muchos rubros, desde hace muchos años, décadas, lo hemos mencionado en múltiples ocasiones, el drenaje pluvial (recolectar y canalizar el agua de las lluvias), la infraestructura urbana y vial, la pavimentación de calles, el alumbrado público, y así muchos otros tremas que han sido ignorados en el pasado y que han generado ese enorme rezago que, a decir de algunas estimaciones como las del Plan Estratégico de Juárez, o el IMIP, pudiera ascender a más de 100 mil millones de pesos en diferentes obras y proyectos. Eso es un mundo de dinero.

Y esto es así porque desde las administraciones federal, estatal y municipal, de gobiernos anteriores lo que ha prevalecido es la indolencia, la indiferencia, el descuido y la falta de interés para invertir lo que se requiere en nuestra ciudad, no es un problema de hoy, ni de ayer, ni de hace 10 o 15 años, Juárez tiene décadas en el abandono.

Sin embargo, y esto hay que decirlo también, una posible explicación a esa indiferencia, a ese abandono, pudiera ser lo complicado que resulta para cualquier gobernante sacar adelante un proyecto aquí, porque la historia nos dice que los juarenses no hemos sabido ponernos de acuerdo a la hora de priorizar y materializar obras necesarias.

En otras colaboraciones lo he mencionado, tan solo por poner un ejemplo, el Centro de Convenciones y Exposiciones que, contando con todas las autorizaciones y recursos necesarios, además del apoyo de las instancias de gobierno correspondientes, lleva más de 20 años sin que se pueda realizar, porque en cada propuesta distinta que se ha presentado no faltan los inconformes que a todo se oponen, que a todo le encuentran peros, y que en lugar de sumarle a la ciudad le restan. En lugar de ver cómo sí, se esfuerzan en ver cómo no.

Ahora tocó el turno a una obra federal, considerada en los distintos planes de desarrollo de la ciudad, tanto en los globales como en los sectoriales, para la que no se había contado con los recursos necesarios, pero, finalmente, cuando la empresa privada responsable de cumplir con la obra decide hacerlo (Ferromex), resulta que se encuentra con la oposición de algunos grupos con distintos intereses y objetivos, incluso los políticos.

El pasado martes 10, escribí en una colaboración para este mismo espacio, un artículo titulado “Juárez secuestrado por inconformes a todo”, del cual transcribo algunos párrafos:

“Que si el proyecto de rescate del centro histórico, no así no, lo quieren como el de El Paso Texas., unos, otros que se instalen campus universitarios en el centro para reactivar la actividad en ese espacio, otros quieren calles peatonales, total que es un proyecto que lleva años atorado sin que ni autoridades ni comerciantes, ni habitantes de la zona se puedan poner de acuerdo”.

“Que si el centro de convenciones en los hoyos del Chamizal, no, ahí no lo queremos, ahí queremos más árboles, aunque sea un espacio que no corresponde al parque federal el Chamizal, aunque nunca hayan sembrado un triste arbolito en esos terrenos baldíos que sólo han servido para que malandros y delincuentes hagan sus fechorías”.

“Eso es lo que está pasando con la obra que se realiza en el centro histórico precisamente, impulsada por Ferromex y la Secretaría de Comunicaciones, Infraestructura y Transportes del gobierno federal, y que trata de solucionar un grave problema que por décadas hemos sufrido los juarenses con el paso del ferrocarril hacia Estados Unidos”. (Para quien tenga interés de leer el artículo publicado, https://tinyurl.com/2by9a93y)

Así es, resulta que, a la inquietud original de comerciantes, empresarios y habitantes de ese sector del centro histórico, donde se realizaría la obra, válida completamente ante la incertidumbre que generaba dicho proyecto, intempestiva y sorpresivamente se sumó a su lucha un senador de la República, por cierto, de Morena.

Y no, no es que este tipo de luchas o activismo social tengan “paternidades” exclusivas, por supuesto que no, de hecho, en su definición primigenia se trata de luchas sociales, es decir, con origen y esencia netamente ciudadana, pero, precisamente por eso se desvirtúan, cuando entran en juego otra clase de intereses, los políticos, por ejemplo.

Los intereses de quienes inicialmente salieron a inconformarse con la obra son totalmente genuinos y válidos, percibían en juego la estabilidad de sus negocios, de sus comercios, de sus viviendas, de su misma movilidad en esa zona, y por eso exigían la revisión de la misma.

Pero, cuando aparece el senador Loera todo cambia, la lucha da un giro de 180 grados completamente para convertirse en una lucha de poder al interior de Morena, le atribuye la obra o proyecto al actual alcalde Cruz Pérez Cuéllar como si la idea hubiese surgido de él, cuando todos sabemos que no fue así.

El proyecto del puente elevado de la Vicente Guerrero es completamente de origen federal, una respuesta de Ferromex a exigencias de muchos años, validado por la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes del Gobierno federal ¿por qué atribuírselo al presidente municipal de Juárez?

La respuesta a esa pregunta revela las verdaderas intenciones de Loera para intervenir y adueñarse de esa causa social: golpeteo político, simple y llano golpeteo político.

El senador de la República tiene aspiraciones para contender por la gubernatura del estado en 2027, nuevamente, a pesar de que en su primer intento le fue bastante mal contra la actual gobernadora Maru Campos Galván, y percibe que Cruz Pérez Cuéllar es un fuerte adversario interno en su partido, y por eso decide emprender una campaña de golpeteo político que demerite su imagen. Simple y claro como el agua.

Tan claro como que Loera ha festejado, sí ¡festejado! Que se suspenda la obra, y han desplegado toda una estrategia de comunicación señalando que la obra se cancela (no, no se cancela, el INAH solo pidió un replanteamiento del proyecto) y que ha sido una victoria del pueblo de Juárez impidiendo “su” puente elevado, refiriéndose al alcalde, evidentemente con un uso tendencioso y malintencionado del lenguaje, porque ni se canceló la obra, ni es del presidente municipal, pero, para los fines que se persiguen eso es lo que hay que decir.

Más allá de los entretelones políticos y grillos que tiene el tema, lo que sí hay que celebrar es que la cuantiosa inversión para la realización de esta obra (más de 450 millones de pesos), se queda en nuestra ciudad y que la empresa ferroviaria habrá de presentar un nuevo proyecto que cumpla los requerimientos que estableció el INAH, analizan que pueda ser un puente deprimido. A ver si, siguiendo la lógica del senador Loera, el nuevo proyecto, sea cual fuere, también se lo atribuyen al alcalde Pérez Cuéllar.

Organismos como el Consejo Ciudadano de Planeación Urbana, la CMIC y el IMIP, lamentaron la suspensión de la obra que ya tenía un avance significativo, así como la enorme pérdida que eso representa, misma que estiman en alrededor de 15 millones de pesos.

Ojalá que esta obra se concluya satisfactoriamente, ojalá que más obras como esa lleguen a nuestra ciudad, también esperando que cada vez haya menos intereses políticos que solo las enturbian y desnaturalizan, por el bien de la ciudad y de los juarenses.