Una democracia se construye sobre reglas claras y equitativas que buscan la representación justa de todas las voces. En este sentido, la repartición de escaños en las cámaras de representantes no es una cuestión de caprichos personales, sino un proceso regulado. La fórmula que actualmente se usa, no es una invención reciente ni una artimaña política diseñada para favorecer a un grupo en particular. De hecho, fue establecida por quienes hoy critican su aplicación: el PRI, el PAN y el PRD.

Al inicio del proceso electoral, las reglas del juego eran claras y aceptadas por todos los participantes. Las fórmulas y métodos para la asignación de escaños se discutieron y acordaron con antelación. No se trataba de un secreto, ni de una imposición unilateral, sino de un consenso que buscaba asegurar la equidad y la justicia en la representación política. Todos los partidos, sin excepción, aceptaron estas reglas con pleno conocimiento de sus implicaciones.

Sin embargo, ahora que los resultados no les son favorables, la oposición ha optado por descalificar el mismo sistema que ellos mismos construyeron. ¿Qué clase de coherencia es esa? ¿Dónde quedó el INE no se toca? No se puede cambiar las reglas del juego a mitad del partido solo porque el marcador no es favorable. Este tipo de actitudes no solo revela una profunda falta de respeto por las instituciones democráticas, sino también una clara muestra de hipocresía.

En su momento, el PRI, el PAN y el PRD defendieron y promovieron estas fórmulas de repartición como un medio para garantizar una representación justa y equilibrada en las cámaras. Hoy, sin embargo, se desdicen y tratan de sembrar dudas sobre un proceso que ellos mismos avalaron. ¿Es que acaso solo aceptan las reglas cuando les convienen? Esta actitud de nuestros opositores es, cuanto menos, lamentable y profundamente antidemocrática.

Nuestro movimiento, por el contrario, ha sido consistente y transparente en su defensa de la democracia. No buscamos alterar las reglas a nuestro favor, sino aplicar las existentes de manera justa y equitativa.

Irónicamente, el presidente López Obrador propuso una reforma electoral en la que se operaba de tal manera que la composición de la Cámara de Diputados iba a reflejar una representación pura, que respetaría el porcentaje de la votación. Sin embargo, la oposición la rechazó porque no aseguraba escaños para los líderes de partido, sino que los sometía al escrutinio popular. Esta propuesta que buscaba una mayor transparencia y equidad, fue descartada por aquellos que hoy critican que se aplica la ley.

Juntos hacemos historia ganó el 84% de los distritos, pero la fórmula reduce su representación al 74% de la cámara, cumpliendo así su función: disminuir la sobrerrepresentación. Se están dando espacios a las otras posturas políticas. La fórmula, aunque es imperfecta, no favorece a nadie en particular; simplemente refleja la voluntad del pueblo, tal como se expresa en las urnas. Y esa es la esencia de la democracia.

Además, en el Congreso del estado de Chihuahua, Morena obtendrá menos diputados de representación proporcional en relación a su votación, para dar lugar a otras minorías. Este caso de subrepresentación demuestra que, a diferencia de la oposición, Morena acepta tanto la voluntad popular como las reglas del juego. Este es un claro ejemplo de nuestro compromiso con la equidad y la inclusión de todas las voces, incluso cuando no nos benefician directamente.

La democracia implica que todos los partidos intenten ganar, pero, siempre, respetando las reglas. Cuando los resultados no nos favorecen, sale a la luz el verdadero compromiso con los principios democráticos, se demuestra si somos capaces de aceptar y respetar las decisiones del pueblo, incluso cuando no nos benefician directamente.

No debemos permitir que la manipulación y la desinformación socaven la confianza en las instituciones. La oposición puede intentar desacreditar la fórmula de repartición de escaños, pero la verdad es que es una la única herramienta con la que contamos para asegurar la representación de todas las fuerzas políticas.

Por fin, todas las partes están de acuerdo en que es necesario una reforma al sistema electoral, pero a la oposición sólo se preocupa por cómo se reparten los cargos, en vez de considerar cómo garantizar que las cámaras de representación reflejen los intereses populares. Defender este principio es defender la voz y la voluntad del pueblo. No dejemos que la hipocresía y la desinformación de los opositores nos desvíen de este compromiso. Sigamos adelante, con la firme convicción de que, en una democracia verdadera, la voluntad del pueblo prevalece.