Es título bastante fuerte el que da pie a la entrega de este domingo en tema concerniente a la reforma judicial nacional y a los intentos azarosos del Poder Judicial chihuahuense por alzar una voz crítica sostenida frente a la imposición obradorista en proceso de materialización completa.

Una magistrada del Tribunal Superior de Justicia de las que no están de acuerdo en que, por decreto, sean desaparecidos los poderes Judicial federal y de los estados como son y están actualmente, soltó el disparo sin pensarla dos veces: “las ratas saltan primero”.

La mujer definió de esa manera a las y los participantes de un encuentro desarrollado hace días en un restaurante de la zona más cara de la ciudad de Chihuahua, el Distrito Uno. Eso de movimiento chairo, eso de primero los pobres, va desapareciendo a gran velocidad.

La reunión fue captada en video por parte del equipo de la convocante, la senadora morenista, Andrea Chávez Treviño, subido a sus redes y editado y divulgado por sus opositores políticos. (Repetimos ese material hoy en La Columna, en Diario.mx)

Aparece en las imágenes Andrea obviamente radiante, feliz, traviesa, y aparecen los (as) integrantes del Poder Judicial de Chihuahua, sujetos y sujetas de acres señalamientos por parte de sus correligionarios laborales.

Estuvieron la magistrada, Adela Jiménez; el magistrado, Leo Alvarado; y los jueces Erick Parada, Gabriel Jiménez y Concepción “Conchita” Payán. No pintan dos magistrados entre los más de 30 que son en total ni tres jueces en las decenas que hay, pero como luego se dice en conocido juego de palabras, la chinga es la que risa.

El Tribunal Superior de Justicia del Estado tiene alrededor de tres mil 800 empleados, entre ellos arriba de dos mil mujeres y poco más de mil 500 hombres. De todo el conjunto, son 133 juezas y 144 jueces, y cerca de 30 magistrados (as). Ese es el quítense Ustedes para colocarnos nosotros pretendido por la Cuarta Transformación. Primero lo harán con el Poder Judicial federal, después con el chihuahuense y resto de los estados.

El grueso de los magistrados y jueces del llamado fueron común han destemplado sus cuerdas bucales señalando los males que provocará la reforma a los mexicanos, a los chihuahuenses, mientras los mencionados en el acto de Andrea tácita y convenientemente cambiaron de bando.

Defiende la mayoría esa convicción personal e institucional, y obviamente, defienden también su sobrevivencia laboral, pero no atendiendo la convocatoria a una comida en un restorán de los más lujosos y porque la convocante forme parte del círculo decisorio nacional, sino porque han desarrollado una trayectoria hasta de décadas a la que consideran digna y merecedora de todo el respeto.

Los asistentes a la comilona, quizá más de los cinco que logramos observar en el video, sabían conscientemente a lo que iban y las implicaciones con sus compañeros de gremio, pero es innegable que sus valoraciones son opuestas a quienes en su centro laboral hablan de dignidad, de respeto, de congruencia...

Es justo el punto central ese. En la medida que avance la ejecución de la reforma en la Federación y después en los estados no serán solo cinco, sino 10, 15, 20 y muchos más los que igualmente sonrían y abracen al obradorismo en un último intento por seguir respirando oxígeno y no el agua que en unos meses les estará subiendo hasta el cuello, tocando boca, nariz e inevitablemente los llevará a la fatalidad laboral de la que disfrutan actualmente.

Serán varios miles de tragedias personales y familiares, más allá de la terrible fama que se han ganado a pulso muchos juzgadores federales y estatales entregados a la negligencia, a la corrupción y a intereses políticos, idéntica mala fama que corre a los procuradores de justicia, a los ministerios públicos del fuero común y federal, harina del mismo costal pero en instituciones dependientes de los poderes ejecutivos.

También están los que han alcanzado la oportunidad de la posible jubilación y apelarán discretamente a ese derecho sin separarse de la crítica sorda a la reforma, pero sin hacer olas que impidan concretar su retiro con su gordo actual salario.

De los aproximadamente 30 magistrados, tenemos los casos de Angélica Lorena Jurado Luna, Andrea Margarita Cárdenas Valenzuela, Olga Cano Moya, Alejandro Legarda Carreón, Héctor Talamantes Abe, Pablo Héctor González Villalobos, Roberto Siqueiros Granados, Norma Angélica Godínez Chávez y Rogelio Guzmán Holguín, todos en calendario de jubilación.

De ahí en fuera al resto no quedará de otra que la resignación y la búsqueda de opciones laborales. Uno de los magistrados juarenses, Filiberto Terrazas Padilla, es de los convencidos que no habrá vuelta atrás, que terminará su época exquisitamente sibarítica y ha decidido escuchar a varios integrados en un grupo conocido como “Los Macanas”, (expriistas fóbicos a pagar hasta modestas cuentas en restaurantes) para ir nada menos que a disputar a Morena la Presidencia Municipal de Juárez.

Ese grupo, nos han dicho, está integrado por Leopoldo Canizales, exdiputado local por el tricolor; Ignacio Duarte Murillo, (también exlegislador priista), Carlos Corona, igual exmilitante del PRI; Adriana Fuentes, exdiputada local y federal, luego integrante del equipo del morenista Cruz Pérez Cuéllar, pero actual senadora suplente del panista Mario Vázquez; Enrique Licón, actual funcionario municipal, obediente a Adriana; el empresario Juan Ubaldo Benavente y otros políticos juarenses más.

Todo el sistema judicial chihuahuense, federal y estatal, y también el nacional, saben que su destino ha sido escrito con letra manuscrita dejada como herencia por Andrés Manuel López Obrador.

Han emprendido, igual que “Fili” Terrazas, la búsqueda de alternativas de ingresos futuros sin esperar muchos resultados de sus oraciones elevadas a los órganos internacionales de Derechos Humanos.

Incluso, mantienen una pequeña veladora encendida hacia la plena desorganización y anarquía de 4T en los preparativos de la elección de juzgadores, por lo pronto, federales.

A como van las cosas, es posible el fracaso de esa elección, pero bajo la manga del régimen siempre hay insólitas, inimaginables opciones para conseguir objetivos, como aquella increíble de la tómbola que fue convertida en cómica, tercermundista, realidad.

El proceso de “transformación” no ha sido detenido ni por esos inconvenientes en la organización de la elección, prueba de ello es la reunión de Andrea con magistrados y jueces.

Y aunque no es la senadora la operadora de ese proceso en Chihuahua, sí lo es el coordinador parlamentario guinda en el Congreso del Estado, Cuauhtémoc Estrada (otro que cambió de bando; era de Juan Carlos Loera). Éste, bajo la supervisión de su nueva jefa política, Ariadna Montiel, avanza con la ejecución de la reforma y prepara las listas de “candidatos” a jueces, magistrados, etc.

Los morenos han echado mano de sus representantes abogados en los órganos electorales, el Instituto Estatal, Tribunal Estatal; en el propio Congreso del Estado, la Comisión Estatal de Derechos Humanos, en los “jurídicos” de las alcaldías guindas, para levantar los listados de los “afines” que luego veremos ocupando no solo las sillas de los que se irán sino también disfrutando de los mismos sueldos y prestaciones de ensueño, que no dejarán de ser iguales para los relevos.

Entre todos ellos se colarán quizá actuales funcionarios que están saltando del barco; como lo dijo la magistrada en metáfora de gusto cuestionable: “las ratas saltan primero” aunque las vísperas hablan de un cambio al 99 por ciento en menos de tres años.

La reforma no toca al personal administrativo y de apoyo, que son los más en el sistema judicial, pero nunca ha sido visto, al menos no en México, que cambien los jefes y no la infantería. Va el paquete completo con la maquinaria en plena marcha; a tumbos, pero en marcha.