Existen sitios que configuran nuestra historia individual, lugares que superan el tiempo y que, al rememorarlos, generan sentimientos intensos. Para mí, la Federal #1 de Secundaria es ese sitio único. En este momento de remodelación, no puedo evitar pensar en lo que ha significado ser parte de su historia.
Uno de los primeros recuerdos que surge en mi mente es su distintivo uniforme en amarillo y café, colores que, debo confesar, no me gustaban demasiado, pero con el tiempo me acostumbré a verlos; nos hacían sentir como orgullosos estudiantes de la Federal 1, una de la herencia que llevábamos con orgullo.
¿Cómo puedo olvidar a los profesores y profesoras que convirtieron nuestras jornadas en una vivencia memorable? La profesora de química, Consuelo, con su paciencia inagotable y su manera distintiva de aclarar las fórmulas más difíciles; o la profesora de español, Angélica, que nos inculcó el amor por las letras y a comunicar nuestras ideas con claridad y entusiasmo. Ellas, junto a muchos otros maestros, no solo enseñaron saberes, sino que también nos brindaron enseñanzas de vida que aún valoro.
Y por supuesto, los prefectos, esas personas que para algunos simbolizaban una disciplina rigurosa, pero que para mí fueron fundamentos que contribuyeron a conservar el orden y nos impartieron el valor del respeto. Su trabajo, aunque en ocasiones malinterpretado durante nuestra juventud, fue clave para desarrollar los valores con los que enfrentamos la vida.
La Federal 1 no es simplemente una escuela; es un semillero de líderes. A través de sus aulas han transitado generaciones que actualmente brillan en diversos campos. Es un motivo de orgullo conocer que varios alcaldes de Ciudad Juárez, entre ellos el actual, Cruz Pérez Cuéllar, son graduados de esta reconocida secundaria. Ellos son un ejemplo tangible de la excelencia educativa y los principios que nuestra escuela promueve.
La rehabilitación que actualmente experimenta la Federal 1 no representa únicamente una modificación estética, sino que es un emblema de cambio y optimismo. Observar cómo se trabaja para mejorar sus instalaciones me llena de felicidad y orgullo. Es un homenaje al efecto que esta secundaria ha generado en la comunidad y una promesa hacia las generaciones siguientes.
Hoy, mientras redacto estas líneas, regreso a esos pasillos vibrantes, a las aulas donde anhelamos el futuro y a los patios donde forjamos amistades que aún persisten. La Federal 1 no solo educó a estudiantes, sino que también desarrolló individuos comprometidos con su comunidad, y estoy segura de que seguirá haciéndolo durante muchos años más.
Gracias, Federal 1, por ser más que simplemente una escuela: por ser un hogar, un grato recuerdo y una fuente de constante inspiración.