“Mañana, 10 de mayo, las calles de Ciudad Juárez se llenarán de flores, los restaurantes estarán a reventar, y veremos los rostros felices y nostálgicos de esas mujeres a quienes nadie enseñó a ser madres, pero que la vida misma ha guiado por el camino que consideran mejor para criar a sus hijos”

Opinar sobre el rol de una madre, y sobre todo de una madre juarense, siempre debe hacerse desde el respeto y la admiración; no solo por el hecho de ser mujer, sino por la importante e imponente labor que realizan desde el momento en que su cuerpo da vida.

Mañana, 10 de mayo, día en que desde hace más de 100 años se conmemora a la Madre en México, las calles de Ciudad Juárez se llenarán de flores, los restaurantes estarán a reventar, y veremos los rostros felices y nostálgicos de esas mujeres a quienes nadie enseñó a ser madres, pero que la vida misma ha guiado por el camino que consideran mejor para criar a sus hijos.

Son esas mujeres que, a diario, salen a trabajar, a estudiar, a superarse para ser el mejor ejemplo; y también aquellas que se quedan en casa a dar el mil por ciento.

El trabajo de una madre debe ser reconocido, y no solo con recompensas u obsequios un día al año, sino apoyarlas los 365 días con amor y orientación cuando enfrenten situaciones difíciles o conflictos.

Valoremos a quienes nos enseñan el significado del primer amor, a quienes nos educan sobre la importancia de establecer límites, y quienes permiten a sus hijos desarrollar un comportamiento social adecuado.

También están las mujeres que luchan por encontrar a sus hijos e hijas desaparecidos (as), a quienes el camino se les hace largo y la vida, corta.

Quienes inician la maternidad a una edad temprana.

Quienes, pese a no haber llevado un hijo en el vientre, asumen con amor y responsabilidad el rol de crianza.

Quienes, desde el aula, luchan por su derecho a la lactancia mientras aún son estudiantes.

Y también aquellas que, desde el aula, imparten conocimiento con vocación.

A ellas, que muchas veces son invisibles porque, desde casa, son el pilar de su familia.

A quienes curan desde una enfermedad hasta un dolor del corazón.

A esas madres que recorren miles de kilómetros acompañadas de sus pequeños, huyendo de sus países y llegando a Ciudad Juárez con la esperanza de ofrecerles un futuro mejor.

A esas abuelas que con el único objetivo de cuidar a sus nietos y permitir a sus hijas llevar un sustento, asumen por algunas horas el papel de cuidadoras.

A quienes, ya cansadas de una vida laboral ardua y por fin descansan en casa.

Y a esas madres que ya no están.

A todas ellas que son guiadas por el amor: ¡Feliz Día de las Madres!