Cuando pienso en las obras que necesita Juárez, me pregunto quién establece las prioridades y cuánto peso tienen quienes viven entre calles de tierra y lámparas apagadas. En una oficina, una reparación puede esperar. Para una familia, significa perder el transporte o tener dificultades para recibir ayuda. Preocupa que los tiempos del gobierno tengan tan poco que ver con la urgencia de los vecinos.
En septiembre, se reportó que las lluvias dañaron calles de terracería de El Sauzal. Conductores del transporte público advirtieron del riesgo de circular entre hundimientos y deslaves. Al día siguiente, vecinos y trabajadores fueron vistos con palas y cubetas, tapando hoyancos. La escena parece tan solidaria como indignante: personas dedicando su tiempo a reparar el camino que necesitan diariamente.
Si un autobús tiene dificultades para entrar, me pregunto qué ocurriría con una ambulancia durante una emergencia. Una calle transitable permite llegar al trabajo, ir a la escuela y recibir auxilio. ¿Cuántas gestiones deberían hacer los vecinos para que esa necesidad ocupe un lugar entre las prioridades municipales?
El alumbrado también tiene rostro. En un reportaje de noviembre de 2025, la señora Martha, vecina de Pradera de los Oasis, explicó que su cuadra llevaba casi tres semanas sin luz. Las familias estaban preocupadas por los niños que regresaban entre penumbras. Pienso en lo distinto que se siente el camino a casa cuando una lámpara funciona y cuando todo permanece oscuro.
Me cuesta aceptar que una familia tenga que acostumbrarse a esa incertidumbre. Quiero que los resultados del gobierno se midan también por la rapidez con que atiende una falla y por el tiempo que un servicio permanece funcionando. Instalar luminarias y rehabilitar calles exige darles mantenimiento; de poco sirve celebrar una obra si después los vecinos deben insistir para conservarla.
Hoy, el Municipio recibe proyectos para el Presupuesto Participativo 2027, del 28 de septiembre al 30 de octubre. Considero valioso que podamos intervenir en el destino de una parte del dinero público. Pero también creo que este mecanismo debe ampliar nuestra capacidad de decidir, sin convertirse en el trámite obligado para conseguir atención a necesidades básicas.
Una lámpara apagada requiere reparación, aunque nadie organice una campaña para reunir votos. Parecería injusto que las colonias con menos tiempo, contactos o capacidad de movilización tuvieran menos posibilidades de ser atendidas. La necesidad de un servicio no disminuye porque sus habitantes tengan dificultades para hacerse escuchar.
Por eso espero algo más que una convocatoria. Seria bueno tener asesoría en las colonias, requisitos comprensibles y horarios accesibles para quienes trabajan. Quiero saber por qué se acepta o rechaza un proyecto, cuánto costará y cuándo estará terminado. Y que los compromisos puedan revisarse públicamente, con respuestas claras cuando haya retrasos.
También considero necesario que el Ayuntamiento explique cómo prioriza las demás obras. ¿Qué peso tienen el rezago, la seguridad y las condiciones de vida? Conocer esos criterios nos permitiría exigir que la inversión responda a las necesidades más urgentes.
Que los vecinos decidan sobre su entorno y que el gobierno cumpla con atenderlo. Cuando una colonia necesita una calle transitable o una lámpara encendida, la respuesta debe llegar a tiempo. La paciencia de las familias no puede seguir siendo el recurso con el que se administran las carencias de Juárez.