El arresto de una mujer mexicana que intentaba cruzar un arsenal hacia México el pasado 3 de julio ha puesto de nuevo en evidencia la magnitud del tráfico de armas que alimenta la violencia del crimen organizado en el país vecino.

Agentes de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) decomisaron 12 armas de fuego, 28 cargadores de municiones, ópticas para rifle, culatas y un receptor inferior de pistola, todos ocultos en las puertas de un vehículo durante una inspección de rutina en el Puente de las Américas.

La conductora, una ciudadana mexicana de 33 años, fue detenida tras una inspección con rayos X y posteriormente entregada a Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) para enfrentar cargos federales por contrabando.

“Las operaciones intermitentes de pulso y aumento que los oficiales de CBP realizan en los puertos del área a menudo identifican a personas que intentan contrabandear armas, municiones, moneda no declarada y otras violaciones”, declaró Héctor Mancha, director de Operaciones de Campo de CBP en El Paso.

Un millón de armas cruzan anualmente

El decomiso ilustra un problema más amplio: según estimaciones del Gobierno mexicano, cerca de un millón de armas cruzaron ilegalmente la frontera en 2024, muchas de ellas adquiridas en armerías legales de Texas, Arizona y Nuevo México.

Estas tiendas, aunque operan bajo la ley estadounidense, frecuentemente venden a intermediarios o “compradores fantasma” que terminan suministrando arsenales completos a cárteles mexicanos.

“Cualquier persona mayor de edad puede entrar a una tienda y comprar un AR-15 con apenas una revisión superficial”, comentó un ex agente de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF). “Ese vacío legal es aprovechado por el crimen organizado”.

Tensión diplomática sin resultados

México ha intensificado su presión diplomática para que Estados Unidos adopte controles más estrictos sobre la venta de armas e incluso ha iniciado acciones legales contra fabricantes por facilitar indirectamente el flujo de armamento hacia su territorio.

Sin embargo, la corrupción, la falta de coordinación bilateral efectiva y la alta demanda de armas por parte de los cárteles han impedido resultados contundentes.

Para los residentes fronterizos, esta situación es tan cotidiana como alarmante. “Todos sabemos que las armas que usan los narcos vienen de aquí. Nadie se espanta ya, pero cada decomiso como este nos recuerda que el negocio sigue corriendo”, dijo Luis Cárdenas, habitante de El Paso.

María Teresa Gutiérrez, comerciante local, fue más directa: “Mientras haya dinero de por medio, va a seguir habiendo armas que crucen hacia México”.

Violencia con origen transfronterizo

Los habitantes de ambas ciudades fronterizas observan con preocupación las balaceras que se presentan a diario, no sólo en los medios locales sino nacionales e internacionales.

“Todo esto que sucede nos mantiene en constante temor porque tenemos a nuestras familias en Ciudad Juárez y en otras localidades del país”, expresó Julián Ávalos, vecino del Este de El Paso, al lamentar que esta serie de masacres “tienen origen en decisiones tomadas muy lejos de donde se aprieta el gatillo”.

Los expertos insisten en que mientras las leyes en Estados Unidos permitan el acceso casi irrestricto a armamento de guerra, México seguirá pagando las consecuencias con sangre.

El reciente decomiso en el Puente de las Américas exhibe la magnitud y persistencia del tráfico de armamento hacia el Sur, donde las armas de guerra alimentan un ciclo de violencia que mantiene en vilo a millones de personas en ambos lados de la frontera.

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