El conflicto entre Estados Unidos e Irán entró el domingo en su fase más sangrienta para Washington. El Pentágono confirmó la muerte de tres soldados estadounidenses en una base en Kuwait, las primeras bajas conocidas desde que las fuerzas conjuntas de Estados Unidos e Israel lanzaron el sábado una operación militar de gran escala contra Irán que acabó con la vida del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.
El presidente Donald Trump no tardó en reaccionar: prometió venganza y advirtió, con una crudeza inusual incluso para él, que “probablemente habrá más” soldados muertos antes de que el conflicto concluya.
“Los vengaremos”, dijo Trump en un video de aproximadamente seis minutos publicado en sus redes sociales el domingo por la tarde, en el que también anunció que las operaciones de combate continuarán “hasta que se alcancen todos nuestros objetivos”, sin precisar cuáles son.
El Mando Central de Estados Unidos informó que en apenas dos días de operaciones se han atacado más de 1,000 objetivos en Irán, incluyendo barcos, submarinos, sitios de misiles, enlaces de comunicaciones y centros de mando y control de la Guardia Revolucionaria Islámica.
Al mismo tiempo, Trump abrió una rendija diplomática. En declaraciones a la revista The Atlantic desde su residencia en Mar-a-Lago, en Florida, señaló que el nuevo liderazgo iraní había manifestado su disposición a dialogar. “Quieren hablar, y he aceptado hablar, así que hablaré con ellos”, dijo el presidente, para luego añadir con su característico tono: “Deberían haberlo hecho antes”. El Gobierno iraní no respondió públicamente a sus comentarios.
El segundo día de guerra
El domingo, los ataques se intensificaron tanto por tierra como por mar. Las fuerzas aéreas israelíes volvieron a bombardear “el corazón de Teherán”, según el Ejército israelí, que dijo haber alcanzado lanzadores de misiles, sistemas de defensa aérea, centros de mando y cuarteles generales del Gobierno iraní.
Por su parte, el Ejército de Estados Unidos continuó una andanada de bombardeos con aviones furtivos armados con bombas de 900 kilogramos contra las instalaciones de misiles balísticos “reforzadas” de Irán, destruyó el cuartel general de la Guardia Revolucionaria y hundió al menos un buque de guerra.
Irán respondió con oleadas de misiles balísticos contra Israel y contra las bases militares estadounidenses en la región.
En Israel, nueve personas murieron y casi 30 resultaron heridas en Beit Shemesh, ciudad ubicada unos 30 kilómetros al Oeste de Jerusalén, en lo que el servicio de ambulancias israelí describió como el peor episodio de bajas desde el inicio del conflicto. Ataques iraníes también dejaron al menos cuatro muertos en los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar, Baréin y Omán.
Las tres bajas estadounidenses se produjeron en la base del Ejército en Kuwait, uno de los objetivos de los ataques de represalia iraníes en la región. El Mando Central informó además que otros soldados sufrieron heridas leves de metralla y conmociones cerebrales, y se encuentran “en proceso de regreso al servicio activo”.
El costo humano se agrava
Entre los episodios más devastadores del domingo destacó la muerte de al menos 115 personas, en su mayoría niños, en la escuela primaria femenina Shajarah Tayyebeh, ubicada en el Sur de Irán, cerca de una base naval alcanzada en los bombardeos.
Los medios de comunicación estatales iraníes elevaron sucesivamente el saldo de víctimas a lo largo del día, en lo que parece ser uno de los peores eventos de bajas civiles de la campaña de bombardeos estadounidense-israelí hasta el momento. Un portavoz del Mando Central dijo que Washington tomaba “muy en serio” los reportes y que los estaba investigando.
En el mar, videos verificados por The New York Times mostraron el buque petrolero Skylight en llamas frente a las costas de Omán, uno de tres barcos en el Golfo Pérsico que reportaron ataques después de que la Guardia Revolucionaria de Irán afirmara haber atacado petroleros de bandera estadounidense y británica en la región. La naviera Maersk anunció que suspendía parte de su operación en el Mar Rojo, a cientos de kilómetros al Oeste.
Los combates cerraron efectivamente el tráfico por el Estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del suministro mundial de petróleo, lo que amenaza con un alza significativa en los precios del crudo.
El vacío de poder en Teherán
En el plano político, Irán intentó proyectar estabilidad institucional. El principal funcionario de seguridad nacional del país, Ali Larijani, anunció que un comité interino gobernaría el país hasta que se eligiera un sucesor al líder supremo. Según la Constitución iraní, esa responsabilidad recae en la Asamblea de Expertos, un órgano conservador de clérigos que, dada la avanzada edad y los problemas de salud de Jamenei en los últimos años, probablemente ya había deliberado sobre posibles sucesores.
Los ataques también cobraron la vida de otros altos mandos iraníes, entre ellos el general Mohammad Pakpour, jefe de la Guardia Revolucionaria; el ministro de Defensa, general Aziz Nasrizadeh; y Ali Shamkhani, ex jefe de la Armada iraní y asesor cercano de Jamenei.
Voces por la diplomacia
Desde la comunidad internacional, las presiones para detener el conflicto se multiplicaron. El canciller iraní Abbas Araghchi escribió al Consejo de Seguridad de la ONU para calificar el asesinato de Jamenei como una “grave e inédita violación de las normas más fundamentales que rigen las relaciones entre Estados”, y advirtió que la acción “abre una peligrosa caja de Pandora que erosiona el principio de igualdad soberana y la estabilidad del sistema internacional”.
El ministro de Relaciones Exteriores de Omán, Badr al-Busaidi –quien había actuado como mediador en las negociaciones nucleares entre Washington y Teherán–, hizo un llamado a retomar el diálogo. “Aunque la esperanza era evitar la guerra, la guerra no debe significar que la esperanza de paz se extinga”, escribió en X. “Cuanto antes se retomen las conversaciones, mejor será para todos”.
Trump, mientras tanto, pasó el fin de semana en Mar-a-Lago, donde el sábado por la noche asistió a una recaudación de fondos republicana a puerta cerrada. No convocó ninguna conferencia de prensa ni habló con los periodistas a bordo del Air Force One durante su regreso a Washington el domingo. Su comunicación sobre Irán se ha limitado a videos en redes sociales y breves intercambios en llamadas con reporteros individuales, sin registro de audio ni video.