Fort Hancock, Texas— El Ejército de Estados Unidos disparó un láser de alta energía para derribar el jueves un dron que resultó ser propiedad del propio Departamento de Seguridad Nacional (DHS), en esta pequeña localidad fronteriza 55 millas (88.5 kilómetros) al Sureste de El Paso –y sin notificarle a la FAA, como exige la ley– en un episodio que recuerda inquietantemente a otro ocurrido apenas semanas antes en la misma región.

La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) no había notificado al Departamento de Defensa que operaría un dron en esa zona, por lo que los militares lo identificaron como una aeronave desconocida y potencialmente amenazante, dijo un funcionario del Pentágono bajo condición de anonimato.

La Administración Federal de Aviación (FAA) respondió cerrando el espacio aéreo sobre Fort Hancock –prohibiendo vuelos por debajo de los 18,000 pies– citando “razones especiales de seguridad”, con una fecha de cierre estimada al 24 de junio.

El incidente es notablemente similar al ocurrido a principios de febrero. En aquella ocasión, personal de CBP que utilizaba la misma tecnología –un láser de alta energía prestado por el Pentágono para combatir el narcotráfico– disparó contra lo que creyó era un dron de los cárteles, pero resultó ser un globo metálico.

La FAA cerró el Aeropuerto Internacional de El Paso durante diez días, aunque la orden fue levantada horas después bajo presión de la Casa Blanca, generando caos en los vuelos y consternación entre las autoridades locales.

En ambos casos, según expertos en seguridad aérea, los láseres fueron usados sin la autorización de la FAA –lo que muchos consideran una violación a la ley–. La ley federal establece que el Pentágono “deberá coordinarse” con los jefes del Departamento de Transporte y la FAA antes de desplegar sistemas capaces de afectar la seguridad aérea. El DHS está sujeto a requisitos similares bajo una sección distinta del mismo ordenamiento.

‘Nos explotan los sesos’

A pesar de las fricciones internas, las agencias involucradas intentaron presentar un frente unido el jueves por la noche, emitiendo un comunicado conjunto en el que afirmaron trabajar juntas “de manera sin precedentes”. El texto señalaba que el incidente ocurrió lejos de zonas pobladas y sin aeronaves comerciales en la zona, pero no precisó qué agencia fue responsable ni si habrá revisión alguna.

La reacción en el Congreso fue de abierta indignación. Los representantes Rick Larsen (Washington), André Carson (Indiana) y Bennie G. Thompson (Mississippi), demócratas al frente de los comités de Transporte, Infraestructura y Seguridad Nacional, no midieron sus palabras.

“Nos explotan los sesos ante la noticia de que el Pentágono supuestamente derribó un dron de la Patrulla Fronteriza usando un sistema anti-dron de alto riesgo”, escribieron en un comunicado conjunto. “Dijimos hace meses que la decisión de la Casa Blanca de eludir un proyecto de ley bipartidista para capacitar adecuadamente a los operadores y atender la falta de coordinación entre el Pentágono, el DHS y la FAA era una idea miope. Ahora estamos viendo el resultado de su incompetencia”.

La senadora Tammy Duckworth (D-Illinois), la demócrata de mayor rango en el Subcomité de Aviación del Senado, fue más lejos: anunció que solicitará a los inspectores generales de los departamentos de Defensa, Seguridad Nacional y Transporte que abran una investigación conjunta sobre ambos incidentes con láser.

“La incompetencia de la Administración Trump sigue causando caos en nuestros cielos”, dijo. “La situación es alarmante y exige una investigación exhaustiva e independiente”.

La defensa del Pentágono

En una audiencia celebrada el mismo jueves –antes de que se conociera el nuevo incidente– el funcionario del Pentágono Mark R. Ditlevson fue presionado por legisladores para explicar por qué el Departamento de Defensa permitió el uso de láseres de alta energía en el espacio aéreo de El Paso este mes, a pesar de las objeciones de la FAA.

“La ley exige coordinarse con la FAA, no requiere su aprobación”, argumentó Ditlevson, quien agregó que el sistema “es increíblemente seguro”. El senador Jack Reed (D-Rhode Island) no se convenció: “La coordinación falló”, respondió escuetamente.

El Pentágono y el DHS han adoptado los láseres de alta energía como una herramienta eficiente y económica para combatir el narcotráfico de los cárteles mexicanos. Un funcionario anti-drones del DHS declaró ante el Congreso el año pasado que organizaciones hostiles habían volado cerca de 27 mil drones dentro de un radio de 500 metros de la frontera sólo en la primera mitad de 2024.

No quedó claro si los operadores que dispararon el jueves creían apuntar a un dron cartelero o si la aeronave parecía haber despegado desde el lado mexicano. Fort Hancock es una localidad escasamente habitada a orillas del Río Grande (conocido como Bravo del lado mexicano).

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