La Universidad de Texas en El Paso dio un paso inédito en la región fronteriza al poner en funcionamiento la primera máquina expendedora gratuita de naloxona en la ciudad, ubicada dentro de la Unión de Estudiantes de University of Texas at El Paso (UTEP).
La iniciativa busca facilitar el acceso inmediato y anónimo a este medicamento –conocido comercialmente como Narcan– que puede revertir una sobredosis por opioides en cuestión de minutos.
La instalación ocurre en un contexto preocupante. De acuerdo con autoridades de Salud del Condado, las muertes por sobredosis en la región han aumentado de manera significativa en la última década, pasando de poco más de 140 casos en 2015 a alrededor de 220 en 2023, en su mayoría catalogados como incidentes accidentales.
El fentanilo, un opioide sintético de alta potencia, ha sido señalado como uno de los principales factores detrás de este incremento.
Para la doctora Eva M. Moya, presidenta y profesora del Departamento de Trabajo Social de UTEP, la naloxona debe ser tan accesible como cualquier otra herramienta de respuesta a emergencias.
“El mensaje para nuestros estudiantes de UTEP y la comunidad es salvar vidas, una responsabilidad colectiva. Nos solidarizamos con las familias de El Paso al elegir la prevención en lugar del silencio y la acción en lugar del estigma”.
Afirmó que esta iniciativa afirma que el consumo de sustancias es un problema de salud pública y que todas las personas merecen dignidad, atención y la oportunidad de prosperar.
La máquina fue instalada por la organización comunitaria Recovery Alliance, que trabaja en apoyo a personas en recuperación y en estrategias de reducción de daños en la región. El dispositivo tiene capacidad para almacenar hasta 300 cajas de naloxona, cada una con instrucciones claras para actuar ante una emergencia.
Autoridades universitarias subrayaron que el objetivo no es promover el consumo, sino reconocer el problema como un asunto de salud pública. Eva M. Moya, presidenta del Departamento de Trabajo Social de UTEP, destacó que facilitar el acceso a la naloxona envía un mensaje claro: la prevención y la respuesta rápida pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Especialistas advierten que el fentanilo no sólo circula como droga principal, sino que con frecuencia es mezclado con otras sustancias sin que el consumidor lo sepa, elevando el riesgo de una intoxicación fatal, incluso entre jóvenes universitarios.
“Me parece muy bien que hayan instalado esta máquina aquí ya que su presencia puede salvar la vida de una persona que esté en peligro”, dijo Braulio, alumno del segundo semestre de la carrera de Ingeniería Eléctrica.
Mencionó que la máquina tiene algunos días funcionando, pero aún hay muchos compañeros que desconocen su funcionamiento. “Es importante que todos sepamos su existencia aquí y sobre todo que es gratis”.
Por su parte, coordinadores del programa regional de distribución señalaron que colocar la máquina en el campus también busca romper el estigma que rodea al consumo de sustancias, particularmente en entornos académicos donde el tema suele permanecer en silencio.
El proyecto fue financiado por Be Well Texas, un programa estatal impulsado por UT Health San Antonio que ofrece servicios de salud mental y tratamiento contra adicciones en todo Texas.
En el estado, la naloxona es legal, segura y puede portarse sin restricciones. Expertos recalcan que su uso no genera efectos adversos si se administra a una persona que no está experimentando una sobredosis, lo que la convierte en una herramienta clave de primeros auxilios.
“Lo que hemos escuchado es que el fentanilo es un problema común en los campus, no sólo en los de la ciudad”, expresó Marisela Tavares, coordinadora del Proyecto del Centro de Distribución de Naloxona de la Región 10.
Tras resaltar que existe un gran estigma en torno al consumo de drogas, especialmente en las universidades, dijo que tener esta máquina expendedora en el campus podría salvar una vida.
Con esta medida, UTEP se suma a una tendencia nacional en la que universidades e instituciones públicas incorporan estrategias de reducción de daños como parte de sus protocolos de emergencia.
Organizadores sostienen que la accesibilidad y el anonimato son elementos fundamentales para que estudiantes y miembros de la comunidad se sientan seguros al obtener el medicamento.
Y es que en una región fronteriza donde el tráfico de sustancias y la crisis de opioides tienen implicaciones complejas, la instalación de esta máquina representa una acción concreta orientada a salvar vidas y fomentar una conversación más abierta sobre salud mental, adicciones y prevención.