Las Cruces, NM— Nathan Giovani Rivas tenía apenas 17 años cuando, según la Fiscalía, cogió un arma y disparó contra una multitud de jóvenes reunidos en el parque Young de Las Cruces, en el estado de Nuevo México. Un año después, ya cumplidos los 18, el jurado lo ha declarado culpable de tres cargos de asesinato en primer grado por la muerte de Andrew Madrid, de 16 años; Jason Gomez, de 17, y Dominick Estrada, de 18. La vista duró apenas dos horas.

La condena, dictada este miércoles 25 de febrero, convierte a Nathan en el segundo de los cuatro acusados en ser hallado culpable por la masacre del 21 de marzo de 2025, que dejó tres muertos y quince heridos.

Su hermano mayor, Tomás Rivas, de 21 años, fue condenado previamente por los mismos delitos. Dos acusados más —Josiah Ontiveros y Gustavo Domínguez— aún esperan su juicio, previsto para abril y julio de este año respectivamente, y se enfrentan a cargos idénticos.

El fiscal del Tercer Distrito Judicial, Fernando Macías, calificó de inusualmente rápida la deliberación del jurado. “Es un veredicto increíblemente rápido, y espero que eso envíe un mensaje a toda la comunidad sobre la solidez del caso que el Estado está presentando contra estos cuatro individuos”, declaró tras conocerse el fallo. Macías añadió que la velocidad de la decisión refleja la contundencia de las pruebas y que el jurado se concentró directamente en el cargo de asesinato en primer grado, sin detenerse en los delitos menores que también podría haber valorado.

“Ahora empezamos a tener mayor confianza en el nivel de evidencia que somos capaces de presentar”, agregó Macías.

El jurado encontró a Rivas culpable con “mente depravada”, una figura jurídica del derecho estadounidense que implica una imprudencia extrema y un total desprecio por la vida humana, sin que sea necesario demostrar una premeditación individualizada contra cada víctima. Esta calificación es la más grave contemplada en los casos de homicidio sin planificación expresa.

Defensa apuntó a otros tres acusados

Durante el juicio, la acusación presentó pruebas balísticas que vinculaban a Rivas con 13 casquillos encontrados en la escena, correspondientes a un arma asociada con él. Los fiscales también subrayaron que fue él quien condujo al grupo hasta el parque y los sacó del lugar tras los disparos, y que mintió en repetidas ocasiones a los investigadores sobre si siquiera había estado allí aquella noche.

La defensa, liderada por el abogado Mark Earnest, admitió que Rivas estuvo presente en el parque y que portaba un arma, pero argumentó que no tuvo intención de matar y que la responsabilidad recaía principalmente en los otros acusados. Earnest insistió en que las contradicciones de su cliente ante los investigadores no eran suficientes para probar el dolo de asesinato, y pidió al jurado que aplicara la duda razonable. El letrado declinó hacer declaraciones tras conocerse el veredicto.

Nathan Rivas escuchó el veredicto sin mostrar apenas reacción visible, sentado en silencio en la mesa de la defensa, con el pie golpeando levemente bajo la silla. El caso, que sacudió profundamente a la comunidad de Las Cruces, sigue su curso judicial con los dos juicios pendientes. La Fiscalía, fortalecida por las dos condenas consecutivas, ha señalado que confía en el mismo resultado para los restantes acusados.

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