Chihuahua.- Les dicen “p...”, pero gracias al trabajo sexual, “Connie” logró sacar adelante a su madre y a su abuelo que padecía diabetes y a su sobrino a quien le garantizó sus estudios y lo ayudó a convertirse en un deportista.
Ayer, esta casa editora mostró el espacio en donde esta mujer oferta sus servicios: un cuarto pequeño con paredes rosas y luces fosforescentes al cual le invierte $250 por día. Ahí, "Connie" guarda todo lo que necesita para laborar: pelucas, tacones, condones y lubricantes.
Actualmente, ella tiene 42 años de edad y ha dedicado aproximadamente quince a esta labor.
“Yo empecé grande, como a los 27 años. Llegué aquí a Chihuahua sin conocer, me vine de Cuauhtémoc a la aventura y curiosamente llegué a la calle Doce, ahí conocí a una mujer… Yo estaba en la esquina, estaba desesperada porque llegué aquí a Chihuahua con 50 pesos en la bolsa y un cuarto de gasolina. No sabía qué hacer si regresarme o qué”, recordó "Connie".
Según lo que contó esta trabajadora sexual, quien además se asume como una mujer trans, ella tenía mucha hambre y mucha sed… quería una torta, una soda o una hamburguesa y fue ahí, en ese momento que la persona con la que coincidió le dijo: “no te preocupes, párate aquí y vas a sacar para lo que necesites”.
“Ella fue quien me encaminó al trabajo sexual y yo me acuerdo que en esa esquina fue mi primer servicio y de ahí pude cenar, poner un poquito de gasolina. Ya después le pregunté a esa persona (de quien no me acuerdo su nombre), qué seguía y ella me dijo que podía quedame otro rato y no sólo sacar para mi comida, sino también ganar para sacar para un hotel y no regresarme tan noche”.
Fue así como Connie empezó con ese estilo de vida. Ese día, ella no sólo sacó para su cena, sino también para hospedarse en un hotel.
“A la semana ya estaba aquí sola en Chihuahua comprándome mis tacones, mis pelucas, mis vestidos. Así es como inicié en el trabajo sexual. Me empecé a hospedar en un hotel, comencé a conocer gente aquí y tuve la oportunidad de rentar un departamento. Para ese entonces mi abuelo todavía vivía pero hubo una situación en mi familia en donde yo me quedé a cargo de mi mamá, de un sobrino pequeño de tres años y de mi abuelo que tenía diabetes. La verdad lo tenía un poco complicado”, refirió.
Ella define el trabajo sexual como una fortuna ya que éste fue el que le proveyó y le dio para ayudar y sostener a su madre, a ese niño que era un bebé y a su abuelo enfermo.
“Yo siempre lo diré: el trabajo sexual fue una fortuna para mí… a la semana tenía gastos de 12 hasta 15 mil pesos porque mi abuelo requería cama especial, silla especial y varios medicamentos, no sé cómo salían, pero salían. Además, tenía que comprar pañales, la leche del niño y servicios como agua y luz”.
Pese a las condiciones de vida y a las ocasiones en que ella se ha sentido vulnerada, Connie dice estar agradecida con la vida y con Chihuahua porque al menos aquí, no ha sufrido ninguna agresión.
“Aquí todo bien, pero lamentablemente, cuando vivía en Cuauhtémoc fui víctima de un intento de homicidio. Eso pasó cuando yo empezaba a conocer la vida de noche, en esa ocasión me habló un cliente y me atacó (me dio tres puñaladas entre los pulmones y el corazón), y eso fue algo muy triste y muy grave. A mi mamá le decían: “señora sólo un milagro y mucha fe va a poderle salvar la vida de su hija”, pero afortunadamente tuve buenos médicos”.
Aunque ella no pasó por condiciones tan dramáticas aquí, a Connie le tocó ver a muchas compañeras caer y algo que realmente le preocupa en la actualidad es la ola de drogadicción, la cual define como muy grave.
“En esa zona la ola de drogadicción está muy grave, ahí y en todos los lugares, pero con respecto a donde estamos nosotras hay mucha gente que se droga, que se emborracha. Ha habido clientes que llegan y dicen: “saben qué chicas, si fumas te pago 3 mil, 6 mil, 8 mil y les han dado hasta 20 mil pesos para que fumen con ellos y luego engancharlas”.
Por ello, señaló que hace falta mucha atención a la salud mental, ya que hay que enseñar a las personas a prevenir.
“Ahorita hay mucha gente joven en el trabajo sexual que, tú la ves muy bonita un día y al siguiente se prende y no te puedes poner a juzgar porque no conoces el fondo de la situación, ni su contexto de vida”.
Otras de las cosas que Connie externó, es que nadie se preocupa de sus condiciones laborales, por ejemplo: en que ellas puedan cotizar una vivienda o en que tengan un buen servicio médico.
“Nadie se acerca a decirnos qué necesitas, en qué te apoyamos; nadie nos ha dicho: te apoyo con una beca… En mi caso que soy una persona adulta, aún quisiera tener alguna preparación profesional pero ¿sabes qué? no hay nadie que te ofrezca alguna licenciatura, algo de psicología, oportunidades de trabajo en el Gobierno como secretaria, en algún cargo público o ser policía. A mí me hubiera gustado ser criminóloga”.
Aunado a eso, Connie señaló que, las autoridades también tienen que quitarse esa idea de que ellas sólo pueden ser tres cosas: estilistas, cocineras o costureras.
“Si nos invitan a algo es para ser estilistas, cocineras o costureras, no sé porque tienen esa percepción de nosotras… A la par del trabajo sexual yo soy estilista, pero eso no quiere decir que sólo seamos buenas para eso”.
Además dijo que para ellas –las mujeres trans-, es más complicado todo porque no sólo las tachan de “putas” sino como “maricones”.
“Imagínate, es doble revictimización, doble señalamiento y no debería de ser así porque todas las mujeres merecen tener una vida libre de violencia o el derecho a la salud, y realmente no debería ser así porque son servidores públicos que, en teoría están para salvaguardar a las mujeres”.
En las pocas ocasiones en que les han llegado apoyos, las mujeres trans son las más invisibilizadas y más cuando no tienen cambio en su identidad de género.
“Yo me identifico como mujer y cuando llegan a darle algo a mis compañeras (mujeres cis), a nosotras no nos toca nada porque para los titulares y el personal de gobierno no somos mujeres, sin embargo, pagamos impuestos, recibos, colegiaturas… En mi familia tenemos un atleta y yo me siento muy orgullosa de él, de ese niño”.
La madre de Connie vivía en la sierra y ella se la trajo a la ciudad, -su niño-, como ella le llama continúa estudiando aquí y su abuelo ya falleció.
“Yo lo metí a una escuela de lucha libre y vieras que feliz me siento de que, gracias a ese muchachito a donde quiera que voy me dicen: “oye, te felicito que bien educado está este joven, que admirable”. Pero eso lo hice sola porque a mí nadie me dio una beca ni nada y ahora él ha representado hasta al estado en tres campeonatos e incluso, ha luchado en Estados Unidos”.
Así como Connie, hay muchas mujeres que han sacado adelante a sus hijos, a sus madres y a su familia en general.
“La sociedad no te ve eso… las trabajadoras sexuales tenemos principios y también somos aptas para apoyar a gente y formar una familia; yo por ejemplo, tengo a mi sobrino y eso me llena de orgullo; justo acaba de llegar de Estados Unidos y él es así porque es un niño al que se le enseñó el valor del esfuerzo. Me siento orgullosa porque yo influí en eso, a mí me costó la escuela de él, me costó guiarlo y apoyarlo y es importante recalcar que somos personas que tenemos derechos, principios y valores”.
Al finalizar, Connie también dijo que esto es sólo un trabajo, al que le invierte horas, esfuerzo, ropa, perfumes, pelucas, calzado, pero digno.
“Es como cualquier otro trabajo, yo cumplo mis horas, preparo mi uniforme', atiendo a mis clientes y al salir tengo a mi pareja también, a mis mascotas… Mi vida no sólo es ésta, vivo como cualquier otra persona, la única diferencia son todas las vulnerabilidades y agresiones que hemos aprendido a sobrellevar. ¿Quiéres una película de terror, de acción, de sentimientos, de terror, de miedo? Vive la vida de una persona transexual y de una persona trabajadora sexual que hemos pasado por todo eso”, finalizó.