Chihuahua, Chih.- Para el historiador Fernando Rubio, la Revolución Mexicana de 1910 fue de las clases medias, por más que hayan extendido la romántica versión de que el levantamiento fue obra de los más pobres del país, uno de los mitos que persisten hasta la fecha y que es necesario borrar para un análisis más útil de la historia.
Integrante del naciente Colegio Chihuahuense de Historia A.C., Rubio no distingue colores ni partidos a la hora de revisar las causas y el legado que dejó el movimiento armado que, como toda la actividad política, no estuvo exento de traiciones y pasiones personalísimas o grupales.
“A veces idealizan la Revolución, como que fue el campesino de las haciendas, el peón maltratado, que sufría por la tienda de raya, el que armó la Revolución”, señala el historiador originario de la región de Casas Grandes.
“No, tuvo que ver mucho la clase media y las clases ricas del poder. Tuvieron que participar los ricos, los ricos que no eran favorecidos por el gobierno de Porfirio Díaz, porque, ¿de dónde iban a comprar armas los peones o los campesinos levantados? ¿De dónde iban a tener contactos en Estados Unidos para traficar armas? Fueron las clases medias y las clases altas”, sostiene.
Además, desde la óptica de Rubio, la Revolución Mexicana iba a suceder, con Francisco I. Madero o sin él, a consecuencia de las más de tres décadas del gobierno de Díaz, que privilegió a ciertas élites y sometió a las mayorías, en aras de un supuesto progreso económico.
También esa etapa de progreso económico que innegablemente lideró el oaxaqueño, iba a suceder con o sin Díaz en el poder, pues a nivel global fue vivida una fase de crecimiento que dio impulso a diversas naciones que, como México, comenzaban a transitar a periodos de paz después de muchas convulsiones.
Así, tanto la Revolución como la causa que le dio origen, parecen ser factores inevitables, vistos a la distancia de más de un siglo.
A la distancia, además, se vuelve irrelevante cuál región o estado es la cuna de la Revolución, si Puebla con los hermanos Serdán, que enfrentaron a las fuerzas federales el 18 de noviembre de 1910; o Cuchillo Parado en Chihuahua, donde el primer levantamiento encabezado por Toribio Ortega fue registrado el día 14; o San Isidro, Guerrero, también aquí, donde Pascual Orozco comandó la rebelión popular el 19 de noviembre.
El historiador chihuahuense aborda de esta forma el conjunto de mitos y realidades que componen esta parte de la historia nacional, para tener una aproximación más objetiva y alejada del discurso oficial -de cualquier época- en el que hay héroes y villanos, buenos y malos, blancos y negros sin los matices humanos naturales.
“México era un desmadre desde la Independencia”
Con 34 años en el poder, cuatro de ellos a través de su compadre Manuel González, el periodo de Porfirio Díaz le trajo paz al país. “Antes de eso, México -recordemos- fue un desmadre muy convulso desde la Independencia”, comenta el historiador.
Antes de la administración de Díaz, México no había tenido un periodo de paz, entre Santana, las pugnas entre liberales y conservadores, la Reforma, la guerra con Estados Unidos y la invasión francesa.
Cuando Díaz toma el poder a través del plan de Tuxtepec, con el que derroca a Sebastián Lerdo de Tejada y entra al poder, empieza un proceso de pacificación que le da cierto capital político para sostenerse en el gobierno.
Entonces, su gran mérito es el de haber pacificado al país y gracias a eso pudo sostenerse tanto tiempo.
“Hubo un progreso que se vio en la industria, como los ferrocarriles, la creación de puertos, comercio. O sea, México vivía bien, había dinero, pero el problema era que estaba muy concentrado, muy acumulado en muy pocas familias en los estados”, dice Rubio.
Políticamente, además, Díaz logró la unión de tres factores preponderantes del poder, a los que, a la vez, mantenía separados: los militares, los empresarios y los políticos, con una disciplina estricta que les impedía ejercer en dos ámbitos diferentes.
“Si eres del Ejército, eres del Ejército, no puedes ser empresario ni político; si eres empresario, eso eres, no te quiero en la política ni en la milicia; si eres político, en eso te quedas, no quiero que andes en la guerra ni en los negocios”, comenta. “Se dice que los tenía muy bien divididos y por eso los podía controlar”.
En su estrategia de control y poder, Porfirio, para minar a las élites de los estados que formaban la nación, mandaba gobernadores sin importar que no fueran de la entidad que gobernarían; imponía jefes políticos desde el centro para contrarrestar el poder que tenían esas élites locales, los empresarios grandes, medianos y pequeños.
Esa fue una de las inconformidades principales y razones de enojo con su régimen, junto con la desigualdad social reflejada en un analfabetismo del 80 por ciento de la población a los 30 años.
La desigualdad en la propiedad de la tierra
Adicionalmente a las medidas porfiristas que generaron el rechazo popular, la desigualdad también estaba reflejada en los problemas por la propiedad de la tierra, generado desde los tiempos de Benito Juárez y Lerdo de Tejada.
“Le quitaron el poder a la iglesia, a través de quitarle las propiedades y las tierras que tenían de su uso, pero no solo a la iglesia, se lo quitaron a los pueblos indígenas, a los pueblos españoles, a las corporaciones y subastaron todo. ¿Y quién ganó esas subastas? Los que tenían lana en esa época y se hicieron estas grandes propiedades que son los latifundios”, explica.
No sólo las leyes de Juárez y la reforma con la llamada “Ley Lerdo” generaron el reparto desigual de la propiedad; el porfiriato tuvo las suyas, que le iban quitando a todos los pueblos y todo lo que podían, para formar la propiedad privada.
“Dice una historiadora que allá en Casas Grandes lo único que no era privado era la presidencia, la plaza pública y la escuela... todos los terrenos, todo lo que había, se lo adueñaron los capitalistas y los que pudieron y dejaron al pueblo sin terrenos municipales, sin nada, así de ese tamaño”, señala.
Eso se repetía en muchos lugares de México durante el porfiriato. Entonces, así crecieron los latifundios, que no sólo eran de mexicanos, sino también de extranjeros.
A la vez que crecían los grandes latifundistas, también crecieron mucho miles de ranchos. Si bien en Chihuahua las haciendas fueron poco más de 200, esas que tenían millones de hectáreas, los ranchos con 10, 20, 50 o 100 hectáreas fueron miles.
Estos medianos propietarios, que eran muchos, no tenían el acceso a obras de irrigación como los ricos hacendados, no tenían acceso a los buenos pastizales que tenían los más ricos. Así, ese fue también uno de los puntos de choque.
Por eso, considera, la Revolución no comenzó por los peones maltratados ni los campesinos de las haciendas, sino por esa clase media consciente de los excesos de la élite gobernante.
“Sí, todos participaron en la Revolución. Claro, los peones, los arrieros, los más fregados, los obreros, fueron los que pusieron más números y más muertos. Eran los que eran más, pero se nos ha vendido esta idea romántica de que la Revolución es del campo directamente y que fueron los campesinos”, critica.
Expone que sí tiene que ver mucho el movimiento armado con la tenencia de la tierra, pero no eran nada más los peohaciendas, nes de las los explotados, sino que eran muchos pequeños y medianos propietarios que también querían disfrutar lo que los grandes hacendados disfrutaban.
Singularidades de la Revolución en Chihuahua
Otra de las cosas que cambia mucho en Chihuahua, que es diferente a los otros estados en este renglón, era la mano de obra; no era tanto el peón como se veía en las haciendas del sur, aquí mucha gente ya se iba a Estados Unidos a trabajar en las minas, en los ferrocarriles, en los campos agrícolas de la frontera, de Arizona, Nuevo México, Texas.
“Por eso es diferente en este sentido también la Revolución, porque estando allá se empapan mucho estas ideas sindicalistas, de uniones de los obreros, muchas ideas que el magonismo predicaba y se las traen para acá”, relata.
De hecho, uno de los primeros reportes que se tiene de Pascual Orozco, quien se levantó en armas en Guerrero el día previo a la convocatoria de Francisco I. Madero, es que se le veía leyendo el periódico Regeneración de los hermanos Flores Magón, entonces considerada una lectura subersiva.
Así, los inicios dentro de movimientos de Pascual Orozco fueron dentro de estos grupos del magonismo, que se dieron mucho en lo que fue la región de Guerrero y la región de Casas Grandes.
“Desde ahí eran muy diferentes los tipos de militantes de la Revolución que se dio aquí en Chihuahua, a los que se levantaron en el sur del país”.
Otra singularidad en Chihuahua era su bonanza industrial. En las ciudades como Chihuahua había fábricas, estaba la cervecería, las fábricas de jabón, las embotelladoras, los talleres del ferrocarril. Había industria en la ciudad, pero no tenían buenos salarios, contrario a las que había en ciudades de Estados Unidos, como El Paso, donde los obreros ganaban mucho mejor.
“Entonces ese también era un descontento de la ciudadanía en los centros urbanos. No había libertad de expresión, no podías protestar, no podías decir, oye, ¿por qué nos pagan esto? Porque venía la represión. Los libros nos enseñan Cananea y Río Blanco como las principales represiones, pero era común. O sea, en cualquier lado era el común, eso también empieza a crear un descontento”, dice Rubio.
Hacia 1907, cuando ya comienza a hablarse de un Díaz mayor, enfermo, empiezan a generarse, además de descontentos, vacíos; empieza a hablarse también de que se pueda crear un partido y “los mismos miembros de su gabinete o otros militares porfiristas se empiezan a relamer los bigotes, de ahora sí nos tocan a nosotros”.
Agitación y traiciones en el gabinete porfirista
El clima político de entonces, con la agitación de las clases medias y un gobierno en su fase de declive después de tres décadas, provoca también la división del gabinete de Porfirio Díaz: por un lado los científicos, los hombres de conocimiento como José Yves Limantour, Ramón Corral y Justo Sierra, entre otros; y por otro, los militares como Bernardo Reyes, enviado como gobernador de Nuevo León, una figura entonces fuerte en el país.
Esos dos bandos comenzaron una disputa por el poder previo al levantamiento armado porque, políticos como eran, actuaban como zopilotes dándole vueltas al general Díaz.
Para entonces, ya había antecedentes de rebelión. Estaban los hermanos Flores Magón y sus correligionarios, que trataban de regresar al Partido Liberal de Juárez, de Lerdo, al que Díaz perteneció y traicionó, según su visión, porque no respetó las elecciones, porque se juntó con la Iglesia.
En esa tarea de revivir al partido de los liberales, los Flores Magón fundaron el Regeneración y después la revista El Hijo del Ahuizote, en abierta oposición no directamente a Díaz, sino al sistema político como tal.
Eso les valió ser perseguidos por el régimen de Díaz; huyeron a Estados Unidos y por donde andaban publicaban el periódico. Incluso Francisco I Madero patrocinó por unos meses la publicación del Regeneración para que pudieran seguir atacando al gobierno.
Así, hasta que Madero considera que los hermanos gastaban su dinero para solventar sus pleitos legales en el país vecino y no tanto para esparcir el mensaje contra el gobierno porfirista.
En aquel país, los iniciadores del magonismo conviven con exiliados europeos que traen las ideas del socialismo, del anarquismo, del sindicalismo, y olvidan hasta cierto punto el Partido Liberal Mexicano que querían hacer renacer a través de ellos, volviéndose anarcosindicalistas de 1904-1906, etapa en la que Madero rompe con ellos.
A la vez, hacia 1906 empieza a surgir y fortalecerse la figura de Madero. Esa cabeza revolucionaria llegó de los más ricos de Coahuila y del noroeste del país, de una familia que tenía empresas mineras, de algodón, de agricultura, de comercio.
“El abuelo, Evaristo Madero, tenía mucha lana y aparte era rival político de Bernardo Reyes, el gobernador de Nuevo León. Entonces,
“Tuvieron que participar los ricos, los ricos que no eran favorecidos por el gobierno de Porfirio Díaz, porque, ¿de dónde iban a comprar armas los peones o los campesinos levantados? ¿De dónde iban a tener contactos en Estados Unidos para traficar armas? Fueron las clases medias y las clases altas”
algunos historiadores dicen que Evaristo quiso incursionar en la política y Díaz le ordenó a Bernardo Reyes, que era gobernador de Nuevo León (entonces regía también en Coahuila y Tamaulipas), que lo impidiera”, relata Rubio.
Desde entonces empieza a haber un roce entre los Madero y Díaz. No era nada más la figura de Francisco I. Madero, sino era la familia Madero en sí.
Madero, desde muy joven, se fue a estudiar a Francia y luego a Estados Unidos, desde los 14 años. Vuelve como a los 30, pasó como la mitad de su vida afuera. Y regresa a a dirigir la empresa de la familia, algunos de los negocios, y le empieza a ir bien.
Mucho dinero para financiar la Revolución
“¿Por qué pasan las cosas así en México? ¿Por qué no hay elecciones? ¿Por qué está este régimen? Eran los cuestionamientos con los que empieza a tener conciencia política Madero, tras vivir la represión ordenada por Díaz a Bernardo Reyes”, narra el historiador.
“Se empieza a preocupar y a preocupar y empieza a participar activamente de la vida política del país. Antes de ser presidente empezó a recorrer el país y a crear redes. Empieza un movimiento que termina convirtiéndose en el Partido Antireeleccionista”.
Madero había dibujado el Partido Nacional Democrático, así lo quería llamar, pero los seguidores de Bernardo Reyes, que veía cercana la sucesión posible de Díaz, se adueñaron del nombre sin invitarlo a él.
Ante eso, Madero comienza a conocer a diferentes personas y a crear los clubes antireeleccionistas en todo México, así hace contactos y se escribe con ellos.
“Entonces tiene buena relación en ese sentido y tiene mucha lana. Tiene mucha lana porque al fin de cuentas cuando regresa va a financiar su campaña militar. Tenía mucho, mucho dinero”, comenta.
Con sus recursos, empieza su proyecto político y militar, que resulta derrotado en las elecciones de junio de 1910, con todo el aparato porfirista en contra, tras lo que sigue una intensa campaña de golpeteo y de acosamiento contra Madero y sus seguidores, hasta que lo ponen preso en San Luis Potosí.
Disfrazado, Madero logra escapar en octubre a Texas y en San Antonio es donde da a conocer el Plan de San Luis, donde postula el principio de la no reelección y desacredita al gobierno continuista de Díaz. Redactado junto con Juan Sánchez Ancona y Roque Estrada, es donde el seis de octubre llama a levantarse en armas el 20 de noviembre de 1910.
Hacia la fecha que había fijado como oficial del levantamiento, Madero cruza por Eagle Pass a Piedras Negras, Coahuila, para darse cuenta que en su tierra al menos no prendió el movimiento que lideraba.
Es hasta que regresa a El Paso, Texas, cuando se da cuenta de que de que sí prendió en otros lugares del país.
Orozco y Ortega en uno de los grandes teatros de la rebelión
En Chihuahua, Toribio Ortega encabezó una primera rebelión en Cuchillo Parado, Coyame, un pueblo que cada año, el 14 de noviembre, recupera algo de vida con las celebraciones históricas; pero fue un chispazo sin mayores consecuencias, considera Rubio, porque de Ortega no volvemos a saber hasta que años después aparece en las filas de la División del Norte de Francisco Villa.
En cambio, en San Isidro, Pascual Orozco lidera el movimiento armado después de varios años de organización y coordinación con Abraham González, quien desde Chihuahua coordinaba los clubes antirreleccionistas de la entidad.
“Para cuando sabía que se iba a hacer el movimiento que sale del plan de San Luis, entre la primera o segunda semana de octubre, Abraham González le dice a Pascual Orozco: tú vas a ser el jefe de esta insurrección, tú vas a ser el jefe del distrito Guerrero”, relata el historiador.
Así, la figura de Orozco resulta esencial en esta primera parte de la de la revolución sobre todo aquí en Chihuahua.
Orozco era hijo de un comerciante de ahí del Distrito Guerrero. Trabajaba como arriero para diferentes compañías mineras que mandaban el mineral en mulas hasta la frontera, donde estaban las fundidoras para trabajar los minerales, les daba protección contra bandidos.
Después pudo tener su propia recua de mulas para dar el servicio por sí mismo. Económicamente no era de las clases más bajas, no venía de un sector desprotegido.
Todo eso le ayudó a conocer el territorio por donde se movía, desde la Sierra para llegar a Sonora o al lado para el lado de Ascensión, de Juárez. Conocía muy bien todo su terreno por donde andaba y eso fue decisivo para ser un líder nato en el campo de batalla.
Chihuahua, uno de los grandes teatros de operaciones de la rebelión, era un fuerte gracias a sus condiciones geográficas, casi impenetrables para quienes no conocían la serranía y el desierto, lo que le dio una ventaja inigualable a Orozco que, además, tenía acceso privilegiado a la frontera en con Estados Unidos, para el tráfico de armas y municiones.
Política, distractores, traiciones y pasiones
Así, el origen o la fecha del primer levantamiento armado en México, como el de los hermanos Serdán en Puebla, sometidos en unas cuantas horas; o en el de Cuchillo Parado, que fue un chispazo, no es retratar la Revolución de forma integral. A más de 100 años de distancia, lo que vale la pena observar y estudiar es el fenómeno social en sí.
“Creo que como en todo proyecto político quedaron muchas cosas pendientes. Al fin de cuentas a Madero muchos lo acusan de que fue muy tibio, no se fue ni a la izquierda ni a la derecha y se quedó en el centro y eso terminó costándole hasta la vida. Tuvo mucha gente del gobierno de Díaz a su lado incluyendo a Huerta (Victoriano) cosa que terminó costándole caro”, dice el historiador.
“(Madero) no cumplió. Cumplió en el sentido de que habría elecciones y un gobierno democrático, el problema es que no era sólo eso. Muchas otras cosas no cambiaron porque muchas de las mismas familias terminaron con lo mismo que tenían antes de la Revolución”.
En la retrospectiva, muchos cambios quedaron pendientes, la reforma agraria también dejó mucho qué desear y después los zapatistas lo reclamaron, porque no hubo la devolución de tierras que prometió. “Conforme iba cambiando el poder de cada bando de la revolución, cada uno quería cosas diferentes. Creo que lo que más avanzó fue crear una carta magna, la Constitución del 17, que en ese tiempo, las circunstancias en las que se dio, pues tenía muchas cosas buenas”, dice.
Esta parte de la historia política nacional tiene también elementos todavía vigentes en la actualidad, como las traiciones comunes en la clase política y el motor de cambio que son las clases medias.
“Lo de las traiciones, creo que es por la misma naturaleza humana, los ideales, poner los ideales de uno por enfrente de los demás, se daba antes y se da ahora, creo que es algo muy natural en el hombre”, comenta Rubio. “Primero mis dientes que mis parientes, creo que es algo que se ve muy actual”.
A la vez, esa parte de la historia muestra que la resistencia ante un régimen se da en ciertas clases, pero igual, para que algo pueda cambiar, tiene que haber una participación general.