Dos y medios meses después, los personajes cambiaron y otro candidato que está a punto de integrarse al club de los octogenarios confronta su propia prueba para demostrar que su capacidad no ha disminuido con la edad.
Si pasa esa prueba podría influir en la decisión de quién será el próximo ocupante de la Oficina Oval.
A los 78 años, el ex presidente Donald J. Trump muestra más energía y habla con más volumen que el presidente Biden a los 81 años, aunque también ha confundido los nombres y hechos y ha tenido tropiezos en algunos puntos.
Los inconexos discursos de Trump, sus declaraciones que en algunas ocasiones son incoherentes y los extremos exabruptos han generado dudas acerca de su salud cognitiva y de acuerdo a los sondeos, ha estimulado las dudas entre la mayoría de los votantes.
Ahora que Biden está fuera de la competencia, las políticas acerca de la edad han caído sobre él.
Actualmente, Trump es la persona de más edad que se haya postulado para presidente en la boleta de un partido importante y si gana, se convertiría en el presidente más longevo en la historia al final de su término, cuando tenga 82 años.
Aunque se las arregló para eludir las preguntas acerca de su capacidad mientras Biden era su contrincante, pero la rival que enfrentará en el debate que se transmitirá este martes en horario estelar y se efectuará en Filadelfia será la vicepresidenta Kamala Harris, quien a los 59 años es casi dos décadas más joven.
El tema ha ganado tracción debido a algunas de las apariciones públicas recientes de Trump, la más notable fue una respuesta dispersa y difícil de entender a una pregunta sobre la atención infantil en el Club Económico de Nueva York, la semana pasada.
Cuando le preguntaron si ayudará a las familias de trabajadores estadounidenses que están presionados por el costo de la manutención de sus hijos, Trump estuvo divagando con una serie de frases incompletas y una lógica confusa al vincular la respuesta a los aranceles sobre las importaciones.
Un clip de su respuesta que se hizo viral, provocó titulares con las palabras “incomprensible”, “incoherente” y “sin sentido”.
Los aliados de la Casa Blanca y de Harris se mofaron de esa “ensalada de palabras”, como lo dijeron muchos demócratas.
“No pudo hilar ni una frase coherente”, dijeron.