El presidente Donald Trump ha estado cenando con peces gordos de Wall Street. Se ha embarcado en una opulenta renovación de la Casa Blanca en un momento en que los estadounidenses tienen dificultades para pagar sus facturas. Ha expresado su apoyo a la concesión de visados a extranjeros cualificados para que ocupen puestos de trabajo en Estados Unidos. Aprobó un rescate de 20.000 millones de dólares para Argentina, con lo que ayudó a un gobierno extranjero y a inversores acaudalados en un momento en que el gobierno estadounidense estaba cerrado.

Para un presidente que volvió al cargo con la promesa de evitar enredos con el extranjero, hacer la vida más asequible y garantizar que los empleos disponibles se destinen a ciudadanos estadounidenses, esto ha supuesto un alejamiento significativo de las expectativas de su leal base electoral. Y ha comenzado a abrir una brecha con sus partidarios, quienes contaban con un programa más agresivamente populista.

Las divisiones dentro del movimiento de Trump, engendradas por sus propias acciones, solo se han visto amplificadas por los acontecimientos más recientes en una historia que ha intentado silenciar por todos los medios: su relación con el delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein.

Gran parte del movimiento MAGA (sigla en inglés del eslogan político “Hagamos a Estados Unidos grandioso de nuevo”) del presidente, y muchos de sus principales colaboradores, presionaron durante años para que se hicieran públicos todos los archivos de la investigación sobre el caso Epstein, e insistieron en que un hombre rico y bien relacionado —y su red de amigos ricos y poderosos— tenía que rendir cuentas por cualquier abuso de mujeres jóvenes.

Pero Trump, quien ha negado rotundamente cualquier participación o conocimiento de la operación de tráfico sexual de Epstein, demostró de nuevo esta semana que se resistía a revelar más información, lo que provocó el enfado de un pequeño pero ruidoso grupo de republicanos por su cambio de postura y el riesgo de una nueva ruptura en el movimiento de cara a las elecciones intermedias del próximo año.

“Cuando protegen a los pedófilos, cuando dilapidan nuestro presupuesto, cuando inician sus guerras en el extranjero, lo siento, no puedo estar de acuerdo con eso”, dijo esta semana en la CNN el representante Thomas Massie, republicano por Kentucky. “Y en casa, la gente está de acuerdo conmigo. Lo entienden. Incluso los partidarios más acérrimos de Trump lo entienden”.

Trump mostrando los planos de su salón de baile dorado durante una visita con Mark Rutte, secretario general de la OTAN, el mes pasado.

Los aliados de Trump son conscientes de que su mensaje más populista se ha vuelto confuso en los últimos meses, ya que el presidente ha dedicado tiempo a cortejar a donantes ricos y no ha ocultado su deseo de ganar un Premio Nobel de la Paz por su trabajo en conflictos exteriores.

Trump dijo recientemente a sus colaboradores que podría asistir al Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, una reunión anual de la élite política y empresarial, según dos personas familiarizadas con el asunto. Algunos de sus asesores, sin embargo, creen que un viaje así enviaría un mensaje equivocado en un momento en el que están intentando recuperar una ventaja política en la economía.

Y mientras algunos republicanos pedían a Trump que se involucrara más en las negociaciones para poner fin al cierre del gobierno más largo de la historia de Estados Unidos, en gran medida, mantuvo la cuestión a distancia. Durante ese tiempo, organizó cenas para donantes adinerados de su proyecto de salón de baile, proporcionó actualizaciones en las redes sociales sobre la renovación de su cuarto de baño en la Casa Blanca y celebró una fastuosa fiesta de Halloween de El gran Gatsby con el lema “una pequeña fiesta nunca mató a nadie”.

En los últimos días, sobre todo tras el fin del cierre, su gobierno ha pasado a hablar más de asequibilidad. Ese fue el principal mensaje que salió de la Casa Blanca el miércoles, cuando los legisladores del Congreso hicieron público el alijo más reciente de correos electrónicos de Epstein.

“Como arquitecto del movimiento MAGA, el presidente Trump siempre dará prioridad a Estados Unidos”, dijo en un comunicado Abigail Jackson, portavoz de la Casa Blanca. “Cada día trabaja duro para seguir satisfaciendo las muchas promesas que hizo y seguirá cumpliendo”.

Trump ha insistido repetidamente, y de manera errónea, en que los precios de los comestibles han bajado. Ha insinuado un plan hipotecario a 50 años, que los críticos señalan que no haría nada para resolver el problema de la oferta de viviendas, y ha propuesto pagos de 2000 dólares financiados con sus aranceles. Pero siguen sin estar claros los detalles sobre quién podrá recibir el dinero y cuándo podrán recibirlo los estadounidenses.

La economía se ha vuelto aún más urgente tras las elecciones de la semana pasada, en las que los demócratas obtuvieron importantes victorias al aprovechar la preocupación por el costo de la vida.

“Está claro que la Casa Blanca no es la mejor a la hora de vender ideas económicas”, dijo Stephen Bannon, exestratega jefe de Trump, y añadió que había instado a la Casa Blanca a recibir a más funcionarios nacionales en el Despacho Oval.

Señaló que, mientras los demócratas arrasaban en sus victorias electorales la semana pasada, Trump se reunió con funcionarios de Asia Central, Hungría y Siria.

“Si vas a tener al presidente de Siria, está bien”, dijo Bannon. Y añadió: “Que el siguiente sea nacional. Uno Siria, el siguiente nacional”.

Cuando se le preguntó el lunes sobre la representante Marjorie Taylor Greene, republicana por Georgia, quien recientemente dijo que le gustaría que se presentara un plan sobre asistencia sanitaria y “reuniones sin parar” en la Casa Blanca sobre “política interior, no exterior”, Trump dijo a los periodistas que su otrora aliada había “perdido el rumbo”.

“Cuando eres presidente, realmente tienes que vigilar el mundo porque te vas a ver involucrado en él”, dijo Trump, quien argumentó en su primer mandato que Estados Unidos ya no podía ser un “policía del mundo”.

“Cuando alguien hace una declaración sobre ‘está dedicando tiempo al mundo’, pues bien, el mundo es Estados Unidos”, añadió.

Dave Carney, un estratega republicano que dirigió Preserve America, un comité independiente de campaña pro-Trump, dijo que podía entender la frustración por el hecho de que Trump se enfocara en los asuntos exteriores, pero dijo que se trataba simplemente de una parte de la agenda del presidente.

“No hay una agenda nacional y una agenda de política exterior separadas”, dijo. “Todas forman parte de hacer a Estados Unidos un país mejor y ahorrar dinero”.

Trump ha rechazado la idea de que existan divisiones significativas en su base.

“No olvides que MAGA fue idea mía”, dijo Trump a Laura Ingraham, de Fox News, esta semana. “Sé lo que MAGA quiere mejor que nadie”.

Ingraham presionaba a Trump sobre cómo su apoyo a la acogida de cientos de miles de estudiantes chinos en Estados Unidos era una “postura pro-MAGA”, dadas sus promesas electorales de endurecer la inmigración a Estados Unidos.

“Quiero poder llevarme bien con el mundo”, dijo Trump.

Más tarde defendió la concesión de visados H-1B para trabajadores inmigrantes altamente cualificados porque los estadounidenses carecían de “ciertos talentos”. Ese programa de visados ha enfrentado a los partidarios de una línea dura en materia de inmigración —muchos de los cuales votaron por Trump debido a su postura firme al respecto— con los líderes de la industria tecnológica, quienes afirman que no pueden encontrar suficientes trabajadores estadounidenses cualificados.

Y aunque Trump y sus asesores han argumentado que ha conseguido acuerdos comerciales y de paz en el extranjero que ayudarán a los estadounidenses a largo plazo, algunos de los partidarios de Trump ven una ruptura con su promesa de “Estados Unidos primero”.

Los sondeos más recientes sugieren que su aprobación ha bajado. Según una encuesta de AP-NORC, el 33 por ciento de los adultos estadounidenses aprueban la forma en que Trump gestiona el gobierno, frente al 43 por ciento de principios de año. Alrededor del 68 por ciento de los republicanos dijeron que aprobaban la gestión de Trump, frente al 81 por ciento de marzo.

Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, reconoció el jueves que había ansiedad económica en todo el país.

“Entendemos que la gente comprende, cuando mira su bolsillo para ir al supermercado, que aún queda trabajo por hacer”, dijo Hassett. Dijo que la caída del poder adquisitivo real en los últimos años era “algo que vamos a arreglar, y vamos a arreglarlo enseguida”.

David Lapan, quien recientemente dejó su puesto de asesor principal del subsecretario de prestaciones del Departamento de Asuntos de los Veteranos, dijo que tenía la sensación de que Trump se había alejado de importantes promesas electorales ahora que estaba en el cargo.

“Los mensajes de antes eran un medio para conseguir ser elegido, pero una vez elegido todo eso puede quedar en el camino”, dijo Lapan, quien también ha trabajado para el Departamento de Seguridad Nacional y el Pentágono.

Lapan señaló que muchos de los veteranos que podrían haberse sentido motivados por la retórica de campaña de Trump dependían de los cupones de alimentos cuya financiación él había combatido, ahora que ha vuelto a ocupar el cargo.

“Ahora que está en el poder, se quita la máscara y todo consiste en cuidar de sí mismo y de sus compañeros multimillonarios y millonarios”, dijo Lapan. “Es un elitista”.