Ciudad de México— La cocina mexicana en Estados Unidos está pagando los platos rotos de la política migratoria. A ocho meses del arranque del segundo gobierno de Donald Trump, los restaurantes mexicanos —desde taquerías familiares hasta cadenas consolidadas— enfrentan una caída inédita: ventas desplomadas hasta 40%, menos empleo y un clima de miedo que no se resuelve con marketing ni promociones.

El trumpismo, más que una estrategia migratoria, se ha convertido en una política de intimidación comunitaria. Y los primeros en resentirlo son los lugares que, por décadas, han sido trincheras de identidad para los migrantes mexicanos.

En Nevada, el restaurante Roberto’s, famoso por sus tacos, tortas y huaraches, ya no es el mismo. Su encargado admite que nueve de cada diez clientes eran mexicanos y que hoy dejaron de ir.

“Prefieren quedarse en casa. La gente tiene miedo de salir en familia por riesgo a redadas. Eso nos está matando como negocio”.

En California, el empresario Rubén Hernández, dueño de cinco locales, tres en California, dos en Nevada, confirma una baja del 30% en promedio:

“El público estadounidense ayuda, pero no alcanza. Nuestra base eran los migrantes y ellos se están resguardando. Es un golpe en cadena: menos clientes, menos insumos, menos trabajo”.

Según testimonios recopilados por la comunidad restaurantera, el delivery apenas compensa un 10% de lo perdido: “Nuestra gente quiere convivir, sentarse a la mesa. No es lo mismo pedir por app”.

Trump vs cultura

El trumpismo no sólo expulsa personas, también busca desarticular espacios de identidad cultural. Y en ese terreno, las taquerías son más que restaurantes: son lugares de resistencia, memoria y pertenencia.

“Si cierran, no desaparece sólo un negocio: se borra un pedazo de México en Estados Unidos”, comenta un restaurantero.

Los datos respaldan el temor: de acuerdo con el Instituto de Política Migratoria (MPI, por sus siglas en inglés), desde enero se han incrementado en más de 35% las detenciones de operativos en restaurantes, mercados y comercios latinos.

Chihuahua y la frontera

El golpe tiene rostro fronterizo. En ciudades como El Paso, Houston o Las Vegas, donde la comunidad juarense y chihuahuense levantó negocios familiares de comida, el miedo es doble.

Se afecta la economía de miles de familias que dependen de las remesas de esos restaurantes.

Se rompe el tejido cultural de la frontera, donde las taquerías eran extensión de los barrios de Juárez y Chihuahua.

El Consejo de Mexicanos en el Exterior estima que cerca de un millón de migrantes chihuahuenses y sus descendientes radican en Estados Unidos. Una parte importante encontró sustento en el sector restaurantero.

El cierre silencioso de mesas mexicanas en EU es más que una cifra de ventas: es la prueba de que la política migratoria de Trump extiende su frontera hasta la cultura y la vida cotidiana.

Cada taco no vendido, cada mesa vacía, es también una derrota simbólica: un México menos presente en el corazón de Estados Unidos.