El Presidente Trump ha rehecho el papel de Washington en Latinoamérica con una fuerza nunca vista en décadas, desplegando el poder militar y económico estadounidense con desenfreno y tratando a la región como una esfera de influencia exclusiva.
Ningún Presidente estadounidense ha ejercido tanta presión sobre la región desde el apogeo de la Guerra Fría, cuando Ronald Reagan centró sus esfuerzos allí en combatir las insurgencias centroamericanas de izquierda y el régimen sandinista en Nicaragua.
Desde la frontera con México hasta la Patagonia, Trump castiga a sus adversarios con altos aranceles, ataques aéreos y ataques retóricos, mientras ofrece a quienes considera amigos ayuda en materia de seguridad y acuerdos económicos. La región es crucial para los objetivos del Presidente de frenar la migración y el flujo de drogas hacia EU, a la vez que intenta contrarrestar a China, que ha profundizado sus lazos económicos y diplomáticos con Latinoamérica en los últimos 20 años."Nunca hemos visto a un Presidente estadounidense tan descarado y agresivo como lo ha sido Trump en Latinoamérica", afirmó Michael Shifter, experto principal en Inter-American Dialogue, un grupo experto en políticas con sede en Washington. "Su mentalidad es que la región es el patio trasero de Estados Unidos y su prerrogativa estratégica, en nombre de proteger la patria e impulsar el principio 'Estados Unidos Primero'".
Los aliados que adulan al Presidente y se alinean con su visión del mundo -desde el Presidente argentino Javier Milei hasta el salvadoreño Nayib Bukele- están logrando acuerdos y una cálida bienvenida. Quienes lo desafían -sobre todo el Presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, el dictador venezolano Nicolás Maduro y el colombiano Gustavo Petro- se hallan en su mira. Los máximos diplomáticos de la Administración Trump tienen experiencia en Latinoamérica, incluyendo al Secretario de Estado Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos que ha realizado numerosas visitas a la región, incluso mientras hace malabarismos con conversaciones de paz en Ucrania y Gaza. Christopher Landau, el segundo al mando en el Departamento de Estado, es un ex Embajador de Estados Unidos en México. Ron Johnson, el nuevo Embajador en México, es un ex funcionario de inteligencia estadounidense con amplia experiencia en Latinoamérica. Rubio dijo que las Administraciones anteriores ignoraron el hemisferio occidental y dieron un pase a sus adversarios, perjudicando los intereses estadounidenses. "Como resultado, hemos dejado que los problemas se agraven, hemos perdido oportunidades y hemos desatendido a nuestros socios", escribió en un artículo de opinión en The Wall Street Journal a principios de este año. "Eso se acaba ahora". Desde el primer día de su Administración, Trump y su equipo dieron marcha atrás a décadas de políticas, adoptando un enfoque más confrontativo que exigía una respuesta rápida de los líderes regionales. El tono quedó establecido en su toma de posesión, cuando afirmó que China controlaba el Canal de Panamá y dijo que Estados Unidos tomaría el control de la vía fluvial. Días después, Trump amenazó con imponer aranceles del 25% a Colombia si Petro, un izquierdista y ex guerrillero, no permitía la llegada de vuelos con migrantes deportados. Petro cedió rápidamente. Trump también atacó al mayor socio comercial de Estados Unidos, alegando que México se aliaba con los cárteles de la droga. Presionó a la Presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, para que permitiera a las fuerzas armadas estadounidenses asumir un papel de liderazgo en la lucha contra los cárteles mexicanos, advirtiendo que su Administración actuaría unilateralmente si México no lo hacía. Sheinbaum rechazó cualquier presencia militar directa de Estados Unidos. Los analistas dijeron que el Presidente basa sus políticas cada vez más en las personalidades e ideologías individuales de los líderes políticos y en la naturaleza transaccional de la relación. Algunos líderes han aprendido que la adulación -y una buena dosis de cabildeo en persona- pueden redituarles grandes recompensas. Ningún Presidente podría potencialmente cosechar más que el argentino Milei, quien construyó vínculos estrechos con Elon Musk y una vez dijo que la derrota de Trump en las elecciones del 2020 "ponía en peligro la civilización occidental". El miércoles, la Administración Trump prometió un salvavidas financiero en medio de una corrida al peso que pone en peligro la reforma de libre mercado de Milei. Scott Bessent, el Secretario del Tesoro, afirmó que EU podría proporcionar una línea de swap de 20 mil millones de dólares, comprar bonos argentinos en dólares u otorgar crédito al País vía el fondo de estabilización cambiaria del Tesoro. Mientras tanto, a líderes izquierdistas como Petro y Maduro les ha ido peor. Este mes, Trump reprobó a Colombia, durante mucho tiempo el aliado más cercano de EU en la guerra contra las drogas, en la calificación anual de Washington. El viernes, el Departamento de Estado anunció que revocaría la visa de Petro después de que éste instó a las tropas estadounidenses a desobedecer a Trump durante una protesta en la ciudad de Nueva York. Y en el Caribe, el Ejército de EU ha lanzado al menos tres ataques aéreos este mes contra presuntos barcos cargados de drogas que salían de Venezuela, con Trump advirtiendo que podrían darse más. Es un enfoque que podría distanciar a los líderes en una región que ha buscado una cooperación más estrecha con EU en materia de comercio e inversiones, pero que se ha mostrado recelosa debido al historial de intromisión e intervenciones militares de su vecino. Los adversarios de Estados Unidos, principalmente China, intentan sacar provecho de ello. "No es la conducta de una potencia que intenta erigirse como el socio internacional predilecto de la región", dijo Benjamin Gedan, miembro de la Iniciativa de Estudios Latinoamericanos en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de Johns Hopkins. "Si esa es la estrategia, entonces han concluido que el sometimiento y la lealtad de la región puede lograrse por la fuerza". Brasil, un coloso regional con crecientes exportaciones a China, tiene margen de maniobra en su deteriorada relación con Trump. Trump, indignado porque el país más grande de Latinoamérica condenó a un ex Presidente aliado suyo, acusó al Presidente Luiz Inácio Lula da Silva de censura y represión en un discurso pronunciado dos meses después de que EU impuso aranceles del 50% al país. "A Brasil lo está yendo mal", dijo Trump el martes en un discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. "Sin nosotros, fracasarán como otros han fracasado". En la ONU, Da Silva afirmó, "No hay justificación para medidas unilaterales y arbitrarias contra nuestras instituciones y nuestra economía. "Brasil envió un mensaje a todos los aspirantes a autócratas y a quienes los apoyan. Nuestra democracia y nuestra soberanía no son negociables". Los expertos latinoamericanos admiten que desconocen el rumbo que tomará la política de Trump.