Luis no salió de Venezuela sólo porque quiso hacerlo, tuvo que huir de las represiones del gobierno de Nicolás Maduro en busca de un lugar seguro; pero en 100 días de travesía ha vivido en México dos secuestros, una extorsión, un robo y las amenazas de grupos delictivos.

“No sabía que la delincuencia en México era tan fuerte… nosotros los inmigrantes somos un negocio para todos. Yo prefiero cruzar la selva diez veces que volver a cruzar México”, dijo el sudamericano de 23 años de edad al llegar a Ciudad Juárez, tras huir de un secuestro de 15 días en la capital del Estado.

Luis, es técnico mecánico automotriz y mecánico industrial, por lo que trabajaba en una empresa petrolera en donde ganaba 25 dólares diarios, hasta que un día personal del Gobierno federal llegó con una lista de 20 nombres, entre los que venía el suyo. Eran 20 personas que habían participado en las protestas de 2018 y había firmado en contra de Nicolás Maduro.

“Yo no sabía que esa firma me iba a afectar tanto, me dijeron que estaba vetado de toda empresa pública e iban y me pintaban las paredes de mi casa: ‘escuálido’, ‘opositor’”, relató.

Además de las represiones, su sueldo cambió a 30 dólares semanales, lo cual no le alcanzaba para mantener a su hijo recién nacido, por lo que decidió migrar hacia Estados Unidos.

Después de cruzar la selva del Darién –en donde lo robaron–, viajó por Sudamérica y Centroamérica. En Guatemala, las autoridades lo extorsionaban con 300 o 400 quetzales (700 a mil pesos mexicanos) para dejarlo continuar.

Llegó a Chiapas

El 17 de diciembre de 2023 logró llegar a México, “el muro más grande de Estados Unidos”. En Chiapas fue privado de la libertad por primera vez, fue un secuestro exprés en el que le cobraron 75 dólares.

“Yo pagué mil 100 pesos, ahí tenían a mínimo 80 personas… a veces piensan que uno sale sólo por querer salir, pero uno lo hace por necesidad, yo salí por la dictadura, sin saber que iba a ser tan difícil”, confesó.

El viaje de Luis por México fue por la costa, pero en Puerto Escondido, Oaxaca, agentes de la Guardia Nacional le pidieron mil pesos para dejarlo continuar su viaje por México.

El 22 de mayo llegó al Estado de México, en donde se reunió con un grupo conformado por dos madres, una con sus hijos de 3 y 12 años y otra con sus hijos de 4, 8 y 16 años de edad. Ahí les rentaron una casa por 7 mil pesos mensuales, era una casa muy sucia que limpiaron entre todos durante todo un día, pero al día siguiente llegó una persona que dijo ser la dueña y los sacó amenazándolos que si no se iban le hablaría al Instituto Nacional de Migración (INM), por lo que tuvieron que irse sin el dinero que habían pagado.

“Nos estafaron”, lamentó quien después se fue a Ecatepec, en donde les rentaron otra vivienda, pero mientras que los vecinos de origen mexicano pagan 3 mil 500 pesos a ellos les cobraron 7 mil 500 por un mes, en el cual trabajó como albañil.

“Ahí comencé la cita (a través de la aplicación móvil CBP ONE, para ingresar de manera regular a Estados Unidos), pero es suerte, yo se la hice a otra amiga y a ella le salió y a mí no”, relató.

Al no obtener una cita, la cual sigue tramitando a través del puerto Paso del Norte entre Ciudad Juárez y El Paso, Luis decidió continuar su viaje hacia la frontera, el cual tuvo que hacer a bordo de trenes de carga, caminando y dentro del camarote de un camión de pasajeros.

El primer tren lo tomó en Irapuato, Guanajuato, pero se detuvo en Aguascalientes, en donde los agentes del INM golpearon a mujeres y niños, aseguró.

Ellos lograron escapar de Migración y caminaron por cuatro horas, hasta llegar a otro poblado en donde esperaron tres días a que saliera otro tren, el cual nunca salió. Y aunque también fueron golpeados por las autoridades, dijo que mexicanos los defendieron.

De ahí, su grupo conformado por los tres adultos y cinco menores, pagó mil 700 pesos para ser llevados hasta Zacatecas, en donde duraron días en la Casa de las Monjas. 

Después continuaron en tren hasta Torreón, Coahuila, en donde tomaron un taxi por 300 pesos para llegar a Gómez Palacio, Durango, en donde buscaron nuevamente un refugio en el que estuvieron siete días esperando el tren, pero no los dejaba subir el INM ni la GN, hasta que lograron subir a los vagones de uno para continuar su camino hasta Bermejillo.

“Pero nos dejó votados a tres horas de Jiménez, ahí el alcalde fue a buscar a Migración a un niño como de 16 años y a una mujer embarazada que se habían llevado. Estuvimos tres días en el gimnasio (albergados), hasta que tomamos un bus a Chihuahua, pagamos 500 pesos por persona”, informó.

El segundo plagio

En la capital del Estado se unieron al campamento junto a una tienda de conveniencia, a donde un día llegó un hombre en un carro y les ofreció traerlos a Juárez, pero los secuestró.

“Nos cobró 19 mil 400 pesos por el grupo (de ocho personas), que nos iba a dar hospedaje, almuerzo (comida) y cena, y nos sacaban seguros, sin rodear (caminando) el desierto. Nos dijo: en el desierto el cártel te agarra y te cobra mil dólares por persona, sino te matan. Y decidimos pagar, pero el señor nos tuvo retenidos y cuando le preguntábamos que cuándo nos iba a sacar nos dijo: yo no los voy a dejar salir, tienen que pagar 300 dólares por persona (2 mil 400 dólares)”, narró.

Dijo que durante 15 días sólo comieron sopas instantáneas que tenían que pagar, por lo cual él se escapó, y pago 2 mil 200 pesos por ser trasladado hasta Ciudad Juárez en un camión de pasajeros. 

“Es bien difícil todo lo que sufrimos, todo el gasto que hacemos. Subir México es muy difícil”, dijo quien al llegar a la frontera se encontró con una nueva norma estadounidense: la proclamación emitida por el presidente Joe Biden, que desde el primer minuto del miércoles 5 de junio se prohíbe el asilo a la mayoría de las personas migrantes que ingresan a Estados Unidos de manera irregular.