En el eje vial Juan Gabriel, la sede de la Fiscalía del Distrito Norte amaneció sitiada. Unidades blindadas tipo “Black Mamba” y agentes con armas largas custodian cada acceso. Dentro permanece Martín Galindo Moncayo, “El Chivis” o “El Profe”, presunto jefe de “La Empresa” en Ciudad Juárez y en el estado. Se trata de una figura clave dentro del organigrama del crimen organizado, con funciones de mando, logística y operación violenta.
Detenido en Monterrey hace unos días, señalado por homicidios y ataques contra la Policía Estatal, e incluido desde 2023 entre los “objetivos prioritarios” de la Fiscalía, su arresto explica el despliegue preventivo ante un eventual intento de rescate o represalia. En las próximas horas será presentado en audiencia inicial en la Ciudad Judicial.
Pero la historia no termina con la detención. Cuando cae un jefe, el grupo rara vez se disuelve; se reacomoda. La captura abre una fase de tensión interna en la que mandos medios disputan el control, células buscan autonomía y los vínculos financieros intentan mantenerse intactos. En organizaciones como “La Empresa”, con presencia territorial y redes dentro y fuera del Cereso, la reconfiguración puede ser rápida. Sabemos por experiencia que los integrantes en libertad asumen tareas operativas y que los que están en prisión, si conservan influencia, pueden seguir dictando líneas mediante intermediarios.
Ese periodo de ajuste suele ser el más volátil. Puede disminuir momentáneamente la violencia por cautela, o incrementarse por pugnas internas y demostraciones de fuerza. Todo depende de qué tan sólida era la estructura que sostenía el liderazgo. La caída de “El Chivis” golpea el centro de mando, pero no garantiza el desmantelamiento. En el ajedrez criminal de la frontera, cuando un rey cae, las piezas no abandonan el tablero, porque solo cambian de lugar y vuelven a jugar.