Aunque la euforia por el triunfo de la Selección Mexicana sobre Chequia terminó durante la madrugada, horas después la 'resaca' al interior del Estadio Banorte y afuera de éste es visible con basura, negocios cerrados y elementos de la Guardia Nacional exhaustos tras una jornada de 12 horas de pie.

Poco más de 10 mil elementos de seguridad fueron movilizados durante la noche del pasado miércoles por el último partido del grupo A del Mundial que el Tricolor sostuvo en el Estadio capitalino, y que ganó 3-0 para lograr un paso perfecto en la ronda.

De acuerdo con fuentes de la Guardia Nacional, al interior del mítico inmueble y en sus alrededores se acumularon cerca de 18 toneladas de basura.

Las butacas que la noche anterior fueron ocupadas por miles de aficionados vestidos de verde amanecieron con otra imagen: bolsas negras apiladas, vasos desechables, cartones, envases y restos de comida esperando ser retirados por cuadrillas de limpieza.

También el comercio exterior volvió a dividirse entre los ganadores y los que apenas observaron la fiesta desde la banqueta.

Algunos establecimientos de comida permanecían cerrados, todavía recuperándose de la intensa actividad de la noche anterior.

Otros, principalmente pequeños negocios de barrio que viven del consumo de los habitantes de Santa Úrsula Coapa y no del turismo mundialista, atendían a los clientes habituales como cualquier otro jueves.

Son las mismas tiendas, papelerías, misceláneas y pequeños locales que desde el inicio de la Copa del Mundo han explicado que el torneo apenas modificó sus ventas, pues los aficionados pocas veces cruzan sus puertas y concentran su gasto en alimentos preparados, bebidas o mercancía relacionada con el futbol.

GN, 12 horas de pie

La otra resaca fue silenciosa.

No fue de los aficionados, sino de quienes pasaron más de doce horas de pie.

Elementos de la Guardia Nacional comenzaron a retirarse del operativo alrededor de las dos de la madrugada, cuando concluyeron las labores de desalojo y los últimos convoyes regresaron a sus cuarteles.

"Fue hasta esa hora cuando pudimos regresar a descansar", relató uno de los integrantes del despliegue.

Para ellos el partido no terminó con el silbatazo.

Durante toda la jornada mantuvieron vigilancia permanente sobre accesos, perímetros, vialidades y puntos considerados de riesgo, atentos a cualquier movimiento inusual, personas sospechosas o conductas que pudieran representar una amenaza para la seguridad del encuentro.

Su responsabilidad concluyó únicamente cuando el estadio quedó vacío.

Aunque la seguridad al interior del inmueble corresponde principalmente al personal de seguridad privada contratado para el evento, toda la operación, los anillos de protección y el control de accesos permanecieron bajo coordinación de la Guardia Nacional dentro del dispositivo del "Plan Kukulkán".

En la estadio participaron más de 10 mil elementos, entre efectivos federales, policías capitalinos, personal de apoyo y servicios de emergencia, se indicó.

Paradójicamente, el mayor alivio para muchos de ellos ocurrió lejos del estadio.

Cuando miles de aficionados emprendieron el camino hacia el Ángel de la Independencia para continuar los festejos por la victoria mexicana, la presión comenzó a disminuir alrededor del inmueble.

Los puestos de hamburguesas, hot dogs, tacos y otros alimentos que permanecieron abiertos para atender la salida del público comenzaron a vaciarse.

Los trabajadores pudieron, por fin, sentarse unos minutos después de una jornada continua de trabajo, contaron a REFORMA.

Para los elementos de seguridad ocurrió algo similar.

Con el flujo de personas desplazándose hacia Paseo de la Reforma, el operativo entró en su fase final y el ambiente comenzó a relajarse por primera vez desde horas antes del inicio del encuentro.

La celebración nacional se trasladó al corazón de la ciudad.

En Santa Úrsula sólo quedó la resaca.

La basura acumulada, los negocios regresando lentamente a la normalidad, los trabajadores recogiendo mobiliario y miles de elementos de seguridad terminando una de las jornadas más intensas desde que comenzó la Copa del Mundo.