-Recurrieron al bajo mundo para rescate en Mazatlán

-Voló Sheinbaum por el Chihuahua profundo

-Otra bravata de Trump para tomarse en serio

-Datos confidenciales en riesgo por reforma

En una nebulosa de misterio habrá de quedar el milagroso caso de los jóvenes chihuahuenses Roberto Treviño e Iván Escalante, “levantados” de un antro en Mazatlán la madrugada del lunes 16 de diciembre y regresados con vida una semana después, el día 23 por la tarde.

Es un hecho que no andaban de parranda, como algunos malintencionados deslizaron en redes sociales, desde el anonimato que permiten esas las plataformas conocidas por darles voz a legiones de desinformados que opinan y critican sin el mínimo conocimiento de los asuntos.

Es un hecho también, por lo que hemos podido confirmar con las fuentes familiares y de las fiscalías de Chihuahua y Sinaloa, que muchos pidieron o abogaron por los jóvenes en el bajo mundo que hoy vive bajo guerra en casi todos los municipios del municipio vecino.

Sirvió la dramática presión pública que hicieron los familiares de los jóvenes, cuyo único pecado fue salir a divertirse una noche en el antro Nice del destino playero más accesible para los chihuahuenses; más accesible, pero evidentemente más peligroso.

Increíblemente, el grupo criminal que los retuvo, los mantuvo con vida, lo que resulta milagroso en una entidad como Sinaloa, envuelta en llamas desde finales de agosto por la pugna interna del cártel dominante, lo que ha dejado más de 500 muertos y cientos de desaparecidos en la entidad.

Suponemos que para ese milagro obraron esas conexiones con el bajo mundo, cuestionadas, pero necesarias en ciertos niveles de las fiscalías y las áreas de seguridad, porque de otra forma el rumbo de la historia sería otro, menos favorables a las víctimas inocentes y a sus familiares.

En fin, lo importante es que Roberto e Iván están de vuelta en casa, mientras en el estado vecino sigue una batalla a muerte entre facciones de un mismo cártel, ante lo que los gobiernos están como meros espectadores.

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No quiso la presidenta Claudia Sheinbaum perder horas por las terracerías serranas para llegar hasta Mogótavo, municipio de Urique, en la barranca tarahumara, al comienzo del pasado fin de semana. En vez de eso, optó por el helicóptero militar, uno de varios dispuestos en un vistoso operativo de varios días, que sobrevolaron la región como parte del despliegue obligado para la protección de la jefa del Ejecutivo Federal.

La seguridad estuvo a cargo del mismo general secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla Trejo, quien discretamente, sin darse a notar, revisó su estado de fuerza en la entidad antes y durante la gira presidencial, que se extendió desde este punto del Chihuahua profundo hasta la poblada frontera de Ciudad Juárez.

El jefe de las fuerzas armadas de tierra y aire pasó revista incluso en algunos cuarteles serranos, como parte del trabajo previo a la gira de la mandataria y a las labores de reconocimiento que realiza de forma habitual por todo el país.

El perímetro asegurado en la región serrana, nos reportan, permitía movilidad por tierra sin problema alguno en más de 250 kilómetros a la redonda. La zona quedó despejada de cualquier grupo criminal de los que abundan en los recovecos de la barranca.

Pero Sheinbaum Pardo, quien ya conocía parte de la región desde sus recorridos como candidata, decidió sobrevolar la región para tener una idea má clara de la minúscula proporción que representan de la sierra las más de dos mil 100 hectáreas que restituyó y tituló a favor de las comunidades de Guasachique y de Bosques de San Elías Repechique.

Le interesaba volver a observar la magnitud de Sierra Madre y dimensionar el reto que le imponen sus planes de justicia social para los pueblos originarios.

Ella misma tomó fotos y videos desde el aire, como puede verse en las imágenes que compartimos en la edición digital de La Columna, captadas a cinco minutos de aterrizar en la comunidad de Urique el pasado viernes por la tarde.

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Ahora fue el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el que ventiló su versión de la llamada que tuvo con la presidenta Sheinbaum, apenas pasada la elección en aquel país el mes de noviembre, cuando anunció exagerados aranceles de 25 por ciento al comercio con México.

La bravata del estadunidense no fue nueva. Otra vez advirtió que declarará como terroristas a los cárteles mexicanos dedicados a llevar drogas a su país, lo que implica, en la cultura jurídica expansionista, que unilateralmente podrá disponer el envío de tropas militares fuera de las fronteras de Estados Unidos y en tierras mexicanas.

Según él, fue “muy duro” con México y su “encantadora y maravillosa presidenta”, a quien le dijo que “no pueden hacerle esto (tráfico de drogas) a nuestro país”.

Es de tomarse en serio la amenaza de una invasión autorizada y legalizada por las normas del país vecino, diferentes a las de México, que sí tienen límites en cuanto a la intervención en otra nación.

Sheinbaum Pardo había dicho, precisamente en su gira por Juárez el pasado sábado, que a Trump le había parecido una magnífica idea la de emprender una campaña publicitaria contra las drogas en Estados Unidos, similares a las mexicanas, que fueron intensificadas en la administración de Andrés Manuel López Obrador.

La presidenta limitó a eso los afanes que el estadounidense muestra públicamente en sus discursos, como el último en el que también habló de lo que sería su política hacia México, a partir del 20 de enero que asuma por segunda vez el poder.

Trump sí se refirió a eso de hacer campañas para prevenir al pueblo estadounidense, alertarlo sobre los peligros del consumo de estupefacientes, pero no quitó el dedo del renglón en su determinación de declarar terroristas a los cárteles, lo que tiene un significado más profundo.

La nueva administración de EU que comienza en menos de un mes, así que, seguramente, la transición y la relación con México, serán los temas más presentes de la agenda pública los próximos días.

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Hay un escrito enviado por el Instituto Chihuahuense de Transparencia (Ichitaip) al Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI), con el fin de buscar una solución al riesgo existente de la pérdida o mal uso de millones de datos confidenciales y los millones de solicitudes de acceso a la información guardadas en el sistema informático de la Plataforma Nacional de Transparencia.

En el mejor de los casos, la intención es que pudiera firmarse un convenio para resguardar la información que es de los ciudadanos y de los mismos sujetos obligados, que a nivel nacional son como siete mil y en el estado varios cientos.

Hasta la fecha no hay respuesta al escrito por parte del INAI, lo cual pudiera comprenderse por las circunstancias que han existido a nivel nacional y la carga de trabajo ordinario, junto con la grilla en el Congreso, en busca de una mejor legislación, que evite la extinción de la función.

Para enero esta apalabrado ya un acercamiento de las áreas de sistemas informáticos tanto del Ichitaip como del INAI, para ir viendo de manera preliminar cómo pudiera ser la transferencia de datos y cuáles son los requerimientos existentes, particularmente, explorar la capacidad de servidores, medidas de seguridad y el código utilizado en la programación en su caso.

Hay buenas expectativas de llegar a un convenio, en función de las relaciones cercanas que el INAI y el mismo Ichitaip han construido desde siempre, por lo que hay apuesta de que exista una buena solución para resguardar la información en el caso de Chihuahua.

Si es real el discurso de la reforma que lleva a la extinción de organismos autónomos, es decir, que se acaba la burocracia excesiva pero la transparencia sigue como pilar de la gestión gubernamental, habrán de encontrarse soluciones a estos problemas.