La semana pasada llegó visita a casa… es de esas personas acostumbradas a hacer planes y entre ellos, como ya había visto en las redes varios lugares para visitar en la ciudad, entre sus principales opciones estaba tomarse una foto en gran “X” frente a las letras con el nombre de Ciudad Juárez: “es que salen bien padres las fotos en esa escultura ¡y es una obra de Sebastián!”, dijo. El final de la historia ustedes ya lo saben: se llevó un rotundo chasco cuando por su insistencia fuimos a la Plaza de la Mexicanidad y vimos esa enorme “X” que otrora se erigiera orgullosa, hoy encarcelada, acorralada por una insípida reja roja y aislada por vulgares plásticos negros que obstruyen la vista hacia adentro y nada tienen que ver con la majestuosidad del monumento.
Esa nunca fue la idea original.
La Plaza de la Mexicanidad, inaugurada en 2013, fue concebida como un gran espacio público, y resalto la palabra público, como contexto para la obra del reconocido escultor Enrique Carbajal González, mejor conocido como Sebastián, quien es oriundo de Camargo, Chihuahua, que lleva precisamente el nombre de Monumento a la Mexicanidad.
En sí, se considera que la construcción de la escultura se tomó unos cuatro años, pero la historia no comenzó ahí. De acuerdo con el Dr. Enrique Cortázar la idea de construir una obra de Sebastián inició desde 1989, pues ya desde entonces era reconocido como un gran escultor; de hecho, en muchas ciudades de México se colocaron colosales esculturas de su autoría, Chihuahua es una de ellas. La obra se presentó a la ciudadanía en 2004 por el entonces presidente municipal, Héctor Murguía y aunque en lo personal recuerdo que fue recibida con gusto por la comunidad académica del IADA y en particular de Arquitectura, no para todos fue sí. Fueron muchas las críticas y hasta ataques por parte de quienes estaban en contra de la cantidad de recursos que se le habrían de destinar más, pese a ello, se trabajó en la escultura hasta 2007. Desde entonces y hasta 2007 sus grandes módulos metálicos permanecieron arrumbados en “El Chamizal”.
Fue en 2010, cuando Murguía vuelve a ser electo presidente municipal, que se rescatan las empolvadas partes que formaron la “X” que hoy conocemos de 64 metros de altura que finalmente costó casi los 82 millones, aunque algunos aseguran que más de 100. De acuerdo con su autor simboliza el mestizaje con el cruce de las culturas indígena y española y como protagonista, en el centro, se coloca el “Nahui Ollin”, el quinto sol que destaca en el calendario azteca. Ciertamente, un elemento parece estar incompleto en su parte superior: el esfuerzo constante para lograr el desarrollo de México. Los círculos que lo flanquean simbolizan garras de jaguar que sostienen el corazón de quienes se sacrifican para que el sol vuelva a brillar y su color, rojo, recuerda la sangre derramada en cada aurora, según la tradición de los antiguos mexicanos.
Respecto a la plaza, precisamente por ser de carácter público, de esos que nos hacen tanta falta, debía tener área verde, área infantil, gimnasio al aire libre, refresquería y una zona integrada por la concha acústica, camerinos, y zona de carga y descarga. Tenía una gran explanada a base de una cuadrícula que alternaba pavimento con áreas con verdes arboladas y era completamente abierta. Ahí se veía jugar a niños en sus bicicletas y a jóvenes en el pasto o sentados en la escalinata bajo los pies de la “X”. Se realizaron importantes conciertos en el marco del Festival Cultural Chihuahua. ¿Atractivo turístico? Sí, pero antes. La imagen era siempre la que ven los turistas en los folletos, ahora solo luce así cuando lo permiten, y eso, a medias, porque ya quitaron mucha área verde que les estorbaba.
Teníamos un espacio público… nos lo arrebataron.
Por más que digan que por más de tres semanas lo disfrutaron 400 mil juarenses, la verdad es que pagaron por entrar a él, y pagaron caro porque que cada peso de su construcción lo pagamos todos para que se pudiera disfrutar gratis. Y aun así no todos fueron felices: hubo molestias por la revisión de bolsas y altanería de los guardias que muy en su papel al encontrar un paquete de chicles obligaban a que se tiraran “porque todo se debía comprar adentro”. Es solo un caso.
La estructura iluminada luce majestuosa aún desde El Paso; ni la Plaza ni el Monumento a la Mexicanidad merecen ser tan malbaratados. La Feria Juárez y otras como las del Tequila bien pudieran realzarse en otros predios que por estar mejor ubicados, donde vive la gente, así evitarían traslados innecesarios. Pero con mirada corta es fácil hacerla en un espacio municipal, por tanto, nuestro y gratuito para todos, en esencia.
Total, para mi amiga y los juarenses, ni foto y ni acceso.