Ciudad de México.- Si alguien compra una casa habitación con varios años de uso, lo más seguro es que pretenda hacerle modificaciones a su gusto y presupuesto; quizás le quite un muro o le cambie el piso. Muy probablemente le invierta a la fachada y, sin dudarlo, va a pintarla del color de su elección.
Si pudiésemos acercar este ejemplo como analogía para las reformas educativas de los últimos 30 años en México, me quedo corto: hemos pasado de un modelo a otro sin maduración, sin posibilidades de consolidar un proyecto de educación que, no lo dudo, pudo ser la mejor propuesta, pero no tuvo tiempo de dar frutos.
La educación es la herramienta más eficaz, para hacer que un país avance en su propia transformación y ponerlo de frente en la competencia internacional; pero parece que se nos ha olvidado que un modelo educativo necesita cimientos para que no se desmorone en el corto tiempo.
Hemos creado tantas reformas educativas, que la última se parece a la primera y la tercera es similar a la segunda, pero con distinta fachada, pintura, pisos y techos. Cada sexenio intenta deslumbrar con ideas brillantes, con sombreros mágicos de donde salen programas, libros, instructivos y hasta diseños curriculares que se envían a las aulas bajo estrictas instrucciones que lo único que provocan, es, en muchas ocasiones, confusión porque primero se quiere implementar, antes de tomar en cuenta a los principales protagonistas del proceso de enseñanza-aprendizaje.
Hay tres grandes momentos en que se divide la educación en México: la rural o posrevolucionaria, de 1921 a 1940; la segunda se inscribe entre 1940 a 1976, que es la llamada urbana-capitalista y la que conocemos de 1976 a 2007, es la identificada como la globalización.
El país ha experimentado cuatro reformas educativas en los últimos 26 años lo que, en términos concretos, habla de que cada 6.5 años se han realizado cambios en los modelos, es decir, lo que tarda una generación en cursar la educación primaria.
Cada presidente ha decidido poner su propia marca al sistema educativo, como lo hace en lo económico, de inversiones, infraestructura carretera o de política interna. El problema es que en el sector educativo, cada seis años se modifica sin darle oportunidad al nuevo modelo de madurar.
De acuerdo a especialistas en educación, un modelo educativo como los ya probados en Canadá, Japón, Finlandia, Holanda o Reino Unido, necesita cuando menos 20 años para que su implementación, perfeccionamiento y evaluación, como ocurrió en Singapur, considerado el mejor del mundo, tenga los resultados esperados.
Pero cuando un modelo es interrumpido y cambia de un sexenio a otro, los resultados pueden ser contraproducentes. Así llegó la llamada Nueva Escuela Mexicana. Antes, la reforma de la Modernización fue impulsada por Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, cuyos ejes principales fueron la federalización de la educación, la renovación de los contenidos y materiales, y revalorización de la profesión magisterial.
A partir de esta reforma, se le otorgó la facultad a los 31 estados de la República (excepto el entonces Departamento del Distrito Federal) de ejercer el control de la educación básica, que incluía nómina.
¿Y los nuevos contenidos? En 1997 se reformaron para darle prioridad a la enseñanza de español, matemáticas, sin dejar de lado los conocimientos sociales y del entorno natural. Esta reforma aguantó hasta la alternancia, pues en 2003 Vicente Fox impulsó su propia visión educativa. Aunque no reformó la ley, en la práctica trató de implementar novedades para crear La Nueva Escuela Mexicana.
Con ella llegaron la Enciclomedia y una reforma a la educación secundaria que al término de ese gobierno no tuvieron continuidad. Para el sexenio de Felipe Calderón, de nueva cuenta se registró un cambio en la política educativa, ahora con la llamada Reforma Integral de la Educación Básica (RIEB), la cual planteó como principal eje la homologación curricular entre todos los niveles para darle prioridad a las competencias.
Es en ese sexenio cuando comienzan las evaluaciones: ENLACE para los alumnos y exámenes sin consecuencias para los maestros.
La RIEB desapareció con el sexenio y fue sustituida en 2013 por la Reforma Educativa de Enrique Peña Nieto. Ahí, la evaluación magisterial sería obligatoria y con consecuencias, mientras que en los salones de clase se cambiaría a un nuevo Modelo Educativo con enfoque en lo socioemocional y con las competencias para aprender a aprender, todo incluido en nuevos libros de texto. También se sustituyó a ENLACE por PLANEA.
México está en los últimos lugares de desempeño escolar de la OCDE, porque no se le da tiempo a las reformas a consolidarse cuando ya apareció una más. Está por concluir un sexenio que impulsó el nuevo Marco Curricular Común, basado en un modelo que se alejó de las competencias, para volver a impulsar la parte socioemocional. O sea, regresamos a la reforma de 2013. La pregunta es… ¿habrá una reforma educativa en el sexenio que inicia a finales de este año? ¿Habrá una reforma más? Al tiempo.