En días recientes la sociedad mexicana ha estado inmersa en una discusión que se ha querido plantar en la mente de los ciudadanos, acerca de la supuesta sobrerrepresentación legislativa y los peligros que “acechan” a la democracia en caso de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación opte por seguir lo estipulado en la Constitución.
Tal vez la mejor manera de iniciar el análisis de la situación que estamos viviendo sea partir de la esencia de la democracia, la cual está en hacerle caso a lo que dice la ciudadanía en su voto; de hecho, para eso se realizan las votaciones y se elige a los que la mayoría de las personas deciden. Para regular eso, en el caso del poder legislativo la Constitución establece los límites y las formas en que esto debe ocurrir.
La discusión se ha centrado precisamente en el artículo 54, cuyas fracciones IV y V fueron reformadas en 1996, las que, textualmente dicen: “Ningún partido político podrá contar con más de 300 diputados por ambos principios” y “En ningún caso, un partido político podrá contar con un número de diputados por ambos principios que representen un porcentaje del total de la Cámara que exceda en ocho puntos a su porcentaje de votación emitida. Esta base no se aplicará al partido político que, por sus triunfos en distritos uninominales, obtenga un porcentaje de curules del total de la Cámara, superior a la suma del porcentaje de su votación nacional emitida del 8 por ciento”.
La fracción IV es muy directa, ni Morena, ni PAN, ni PRI, ni Movimiento Ciudadano, ni el PT, ni el PVEM, ni el PRD deberán tener más de 300 diputados cada uno; aquí no hay riesgo de malinterpretar lo que la Carta Magna dice.
La fracción V habla de que ningún partido puede tener más del 8 por ciento de la votación obtenida. Aquí es donde de manera tramposa, la oposición ha querido instalar un argumento basado en una imprecisión, al comentar públicamente que la coalición de Morena, PT y PVEM obtuvimos una votación equivalente al 54.7 por ciento; pero que se llegaría a contar con el 74 por ciento de las curules.
La realidad es que la Constitución es muy clara al hablar de partidos políticos, no de coaliciones; de hecho, el porcentaje de votación para diputados por MORENA fue del 40.84%; por el PT 5.47% y por el PVEM 8.39%. Así está establecido y conforme a lo que dice la Constitución no habría tal sobrerrepresentación.
En este punto vuelvo a lo que inicialmente comentaba sobre la esencia de la democracia, o sea hacerle caso a lo que mayoritariamente el pueblo de México votó y, la mayoría de los mexicanos votaron por la opción de la continuidad de la Cuarta Transformación. El 2 de junio la sociedad mexicana votó por los planteamientos y propuestas de la doctora Claudia Sheinbaum y eso conlleva las votaciones que necesariamente serán ejecutadas en el Congreso.
Más allá de las discusiones y apreciaciones interpretativas que se quieran hacer, la Constitución es muy clara al hablar de las condiciones y límites; esto ha puesto contra la pared los argumentos de la oposición, sobre todo cuando en dos ocasiones recientes el Tribunal Electoral ha votado situaciones similares apegándose al texto constitucional.
Durante muchos meses la oposición hizo escarnio de una expresión sacada de contexto que hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador donde decía que “no me vengan con que la ley es la ley”; hablando sobre el tema de la justicia y la legalidad. El centro del mensaje es que la justicia debe prevalecer sobre las leyes cuando éstas son injustas o se establecen para proteger los privilegios de unos cuantos.
Hoy vale la pena decirle a la oposición que se apeguen a lo que dice la Constitución… porque son ellos, los propios opositores, los que ahora están gritando en sus argumentos “No me vengan con que la ley es la ley”.