Hace unos días terminé de leer el libro “Rectores y Privilegiados: crónica de una universidad” y considero interesante reflexionar acerca de sus planteamientos apropósito de la elección del próximo rector de la UACJ este viernes 9 de agosto. Tomo el caso de la máxima casa de estudios local porque he participado al interior de ella como docente e investigador y porque conozco el desarrollo de sus diversas áreas y campus desde hace treinta años.
El libro fue escrito por José Carlos Bermejo Barrera y hace un espléndido análisis de las desviaciones que la Universidad Santiago de Compostela (USC), en España, ha experimentado dentro de sus diversas esferas. El texto parte de una premisa que un servidor ha planteado en colaboraciones anteriores cuando he escrito acerca de la UACJ y que es el hecho de que no es posible defender a una universidad pública faltando a la verdad y ocultando sus problemas y, sobre todo, negándose a reformarla.
Para efecto de análisis sólo me concentraré en los dos temas que dan origen al título del libro: los rectores y los privilegiados. ¿Qué dice sobre los rectores? El autor discute el peso que tienen la personalidad y el perfil de los rectores para hacer trascender o no a una universidad. A la personalidad se le atribuye que algunos rectores puedan llegar al abuso del poder o a laincapacidad para administrar. En términos del perfil, se argumenta que el cargo demanda de quien lo desempeñe legitimidad y autoridad o peso moral (credibilidad) los cuales, a mi parecer, sólo se obtienen habiendo realizado carrera docente, de investigación y de gestión. Cuando hay déficit de legitimidad o de autoridad moral también hay crisis en el sistema de gobierno universitario.
¿Quiénes son los privilegiados? Pues los grupos directivo-administrativos y algunos grupos de académicos que concentran privilegios y poder. Son aquellos directivos que para ganar notoriedad hacen que los procedimientos administrativos sean innecesariamente complejos. Son aquellas áreas generadoras de normatividad que más que facilitar y ayudar, obstruyen y afectan la vida académica haciéndola fácil de manipular y también, son aquellos grupos de académicos que han ocupado plazas sin méritos, sumisos, cortesanos, que al priorizar la carrera universitaria basada en la acumulación de “méritos burocráticos” y en la acumulación de puntos de todo tipo, se someten incondicionalmente a la autoridad académico-política que los concede.
Mucho de lo aquí descrito es también reflejo de lo que acontece en el sistema universitario de la UACJ. En días próximos el Consejo Universitario enfrentará la responsabilidad de elegir un nuevo rector. De dicha decisión dependerá que se mantenga un contexto de simulación académica maquillado a través de indicadores que en poco o nada auguran éxito laboral a los egresados, o bien, que se busque una reforma a la vida universitaria priorizando la elección de un rector que por su formación científica y experiencia en la vida académica sea sensible a las necesidades de la comunidad universitaria y esté dispuesto a realizar los cambios que le devuelvan a la institución su protagonismo.
En resumen, coincido con Bermejo Barrera en que la defensa de la universidad no pasa por ocultar sus defectos, ni mucho menos por construir falsas imágenes para halagar a sus responsables, sino que hay que señalar los peligros que enfrentará. Para el caso de la UACJ, me parece que mantener el esquema actual,indudablemente se reflejará en programas acreditados pero estancados, en mayor burocratización de los procesos administrativos, en el incremento de la deserción estudiantil, en un mayor desempleo y/o subempleo de los egresados y en la pérdida de competitividad científica de la institución. Reitero, la elección de un rector no es seleccionar a alguien entre la burocracia universitaria sino la elección de un líder académico formado en la vida científica y con claro conocimiento de las necesidades de la institución.