La ceremonia de asunción del poder de Claudia Sheinbaum estuvo llena de símbolos. Más que otras que le antecedieron. Quizá ni la misma toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador tuvo esa fuerza simbólica que se vio en esa mañana del martes primero de octubre. La primera mujer presidenta en la historia de México tomaba formalmente las riendas de la cosa pública. Desde momentos antes, el recinto de la Cámara de Diputados vibraba. Antes que Sheinbaum, arribaba el hombre que cambió la historia reciente de este país. Por instantes, parecía que López Obrador no se iba. Era tanta la efusión que se le manifestaba al hoy expresidente, que la concentración de las vibras parecía contradecir el acto protocolario republicano. En ese momento previo, los legisladores chihuahuenses hacían todo lo posible para entablar la última charla con López Obrador, todavía presidente. El senador Juan Carlos Loera de la Rosa, la diputada Lilia Aguilar, a cuadro, en el gran escaparate que ello representaba. Sin faltar, por supuesto, la “selfie” del adiós.
Cuando Claudia llegó, acompañada por un grupo de mujeres legisladoras, entre las que se encontraba la senadora por Chihuahua, Andrea Chávez, las cosas empezaron a tomar otro cauce. Ya no era sólo el coro de “Es un honor estar con Obrador”, ahora coexistía con el de “Es un honor estar con Claudia hoy”. Ambos con la misma entonación. Y de pronto, éste se convirtió en sucedáneo del otro. Al llegar al momento climático protocolario, el del cambio de la banda presidencial, todos los protagonistas involucrados siguieron el formato; sin embargo, irrumpía una formalidad cargada de sustancia. Andrés Manuel pasando a la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Ifigenia Martínez, la banda presidencial, y ella a la destinataria final, Claudia Sheinbaum Pardo.
Muchos de los millones de espectadores del acto solemne, sobre todo los más jóvenes, se preguntaban quién era la mujer que investía a la nueva presidenta. A muchos de ellos, el nombre de Ifigenia Martínez y Hernández no les decía nada. Quizá sea oportuno decir que, sin políticos como Ifigenia Martínez, la asunción de Claudia Sheinbaum y un proyecto de gobierno de izquierda como el de ella y de Andrés Manuel, hubieran sido más difíciles de materializar. Tener allí a Ifigenia es recordar las viejas luchas que la izquierda ha dado a lo largo de la historia del país. La propia hoy presidenta declaró hace unos meses que consideraría un honor que Ifigenia le colocara la banda presidencial. Es una deferencia que le hace a una mujer que ahora, a sus 94 años, encabeza la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, pero que tiene una trayectoria que las nuevas generaciones no conocen.
Pionera, como la persona que ahora acompañó en la toma de posesión, Ifigenia Martínez fue la primera mujer mexicana en obtener una maestría en economía por la Universidad de Harvard. Durante el convulso 1968, en pleno movimiento estudiantil, ella era la joven directora de la Escuela Nacional de Economía de la UNAM, donde como miles de estudiantes y maestros, resistía la represión gubernamental. Es también cofundadora del Partido de la Revolución Democrática, partido que, por cierto, quizá nunca imaginó en lo que iba a terminar con los más recientes liderazgos que lo llevaron al abismo. Junto con Cuauhtémoc Cárdenas y otras figuras emblemáticas de la izquierda, encabezó durante varios lustros la lucha pacífica histórica que ahora rinde sus frutos. A Ifigenia, con justa razón, le fue entregada en el 2021 la Medalla Belisario Domínguez, máxima presea otorgada por el Estado mexicano.
Ahora vemos a Ifigenia pasando la banda presidencial a la nueva presidenta, en una ceremonia en la que, por razones de salud, no pudo leer el discurso que tenía preparado para Sheinbaum. El texto de Ifigenia se distribuyó previamente a los medios de comunicación. En uno de sus párrafos asentó: “Su llegada a la Presidencia es la culminación de una lucha que hemos atravesado generaciones enteras de mujeres, quienes con valentía desafiamos los límites de nuestro tiempo. Hoy, junto con ella, llegamos todas y abrimos paso a una nueva era”.
Sin duda, maestra Ifigenia, una nueva era. A la que usted contribuyó sustancialmente.