Fuentes oficiales de la Fiscalía General del Estado (FGE) han dado a conocer que la última carga de fentanilo decomisada este miércoles en Juárez tuvo su origen en Veracruz, enviada por un individuo con antecedentes penales apellidado Chiang, apodado “El Gordo” o “El Guante”, líder de un grupo llamado “Estaca”.

Fue un aseguramiento muy importante de esa droga que tenía como destino los Estados Unidos, un decomiso más de los recurrentes registrados tanto en esta ciudad como en El Paso.

“El Gordo” mandó a Juárez casi 15 kilos de pastillas azules de las conocidas como M30 y cinco kilos de precursores químicos para elaborar más droga sintética. Los recibió “La Doña”, María Concepción L. L.

Fue detenida en Anapra junto a su chofer, Juan Carlos T. P. Ella, de 58 años de edad; él, de 37. Ambos portaban dos armas cortas, calibres nueve milímetros y .380, respectivamente, cargadores y algunos cartuchos.

Aunque en los comunicados oficiales emitidos por la Fiscalía General del Estado, su Agencia de Investigaciones (AEI) y por la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPE) informaron que la pareja fue detenida “en flagrancia” el miércoles, la realidad es que los ministeriales desde hacía semanas tenían seguimiento de los individuos que habían recibido la droga, pero sin la ubicación precisa del vehículo “cargado”. Salas, Zuany y Parada fueron los tres jefes a cargo del operativo.

En esa parte de la indagatoria tuvieron la colaboración del área de cámaras de vigilancia de la Secretaría de Seguridad, las centinela, cuyos jefes en menos de media hora mapearon los recorridos de una GMC Terrain negra, la localizaron en Camino Real y Rancho Anapra, y ejecutaron el decomiso multimillonario, más de 130 mil pastillas de fentanilo, el precursor y las dos armas.

Son importantes los detalles del aseguramiento de esa droga-veneno, con un valor promedio de entre 10 y 20 millones de dólares según el destino en los Estados Unidos, porque no hay datos que identifiquen a los detenidos con el principal “fabricante” en el país, y quizá del mundo, el Cártel de Sinaloa.

Los policías investigadores tienen ubicado a “El Guante” en Veracruz, jefe de su propio grupo “Estaca”, con antecedentes allá en 2011 por posesión de armas largas y cortas y después ubicado con direcciones en Parral y también en esta frontera, en las colonias Hidalgo y Cuauhtémoc, respectivamente.

Anapra es una zona-coladera de todo. De Juárez hacia aquel lado pasan como ríos migrantes indocumentados y droga; de allá para acá principalmente armas y municiones.

Es un negocio multimillonario para La Empresa, el grupo delictivo que tienen las corporaciones militares y policiacas identificado bajo el control de toda esa zona hasta más allá del cruce internacional Jerónimo-Santa Teresa y hacia el sur por todo el bordo fronterizo hasta adelante de Riberas del Bravo, donde comienza hacia El Valle el “territorio” manejado por el Cártel de Sinaloa.

Sería ingenuo creer, como dicen algunos investigadores, que los dos detenidos con los 15 kilos de fentanilo pudieran andar operando como Juan por su casa en Anapra sin el conocimiento, o mínimo sin pago de derecho de piso, a la Empresa y/o sus aliados mayores, La Línea o Nuevo Cartel de Juárez, una y mil veces opuestos públicamente al tráfico de fentanilo. Todo el perico (coca) y mariguana que sean posibles, y migrantes, pero cero cristal y menos fentanilo.

La realidad, sin embargo, es esa. Lo mencionamos el jueves. O “La Estaca” y sus distribuidores se metieron en Juárez desde hace mucho tiempo como “independientes” o el Cártel de Sinaloa sigue desafiando sin temor a La Empresa con todo y brutal conflicto interno que libran los sinaloenses, pues acá siguen los aseguramientos de la droga “infernal”.

Los antes compadres “Chapo” Guzmán y “El Mayo” Zambada que presumieron su amistad y su complicidad en incontables versos cantados en narcocorridos por grupos clásicos como los Tigres del Norte y los Tucanes de Tijuana hasta los contemporáneos tumbados Nata Cano y Peso Pluma, hoy atraviesan por una guerra de alcances que se antojan irreversibles. Han sido rotas las pilas bautismales.

Quizá solo uno de los grupos se mantenga en pie dependiendo del poder de fuego entre ambos, del curso que tomen en materia de ataque al fentanilo las relaciones de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, con quien gane la Presidencia de los Estados Unidos el 5 de noviembre, y de la historia que empiece a ser escrita en los tribunales judiciales de Nueva York con Zambada y aún con el mismo Guzmán, con todo y su sentencia a cadena perpetua.

Mientras tanto, el fentanilo y el cristal fluyen por Juárez hacia los Estados Unidos evadiendo los esfuerzos de los norteamericanos con alcances hacia el interior de esta frontera para tratar infructuosamente de impedirlo.

Obviamente, el decomiso de los 15 kilos del miércoles tuvo colaboración de los policías vecinos. Por cada aseguramiento pasan decenas hasta los compradores y millones de consumidores estadunidenses. 100 mil muertos por sobredosis en un solo año exhibe al torrente que inunda hasta los rincones fronterizos con Canadá.

De octubre del 2023 a agosto del 2024, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) aseguró casi nueve toneladas solo de fentanilo que buscó cruzar hacia Estados Unidos; de esas, correspondieron cerca de 200 kilos al sector de El Paso, que necesariamente usaron alguno de los cruces con Juárez. Los agentes de la Patrulla Fronteriza decomisaron otros 20 kilos.

La droga es cruzada en el interior de llantas de vehículos, en los asientos y hasta en las cavidades vaginales de mujeres (fotos en versión digital de la Columna). Son las mismas formas desde Emilio Varela y Camelia La Texana, cuando la droga más dura era la heroína y estaba muy lejos de aparecer su mortal hijo sintético de hoy, el fentanilo. Las toneladas en los 727 de Amado Carrillo con coca solo llegaban hasta pistas en el desierto juarense y eran cruzadas en pipas y cajas de tráileres.

Solo la Fiscalía General del Estado, a través de su Agencia Estatal de Investigaciones (AEI), decomisó 30 kilos de cristal aquí en el 2021, 402 kilos en el 2022, 132 en el 2023 y lleva 316 kilos en el 2024, que seguramente contempla los 300 kilos que dejó el Nuevo Cártel de Juárez en enero junto al cuerpo de un líder del Cártel de Sinaloa levantado en Parral seis meses antes. Lo abandonaron con senda narcomanta bajo el puente del Libramiento Panamericana-Tornillo.

La misma corporación registró el decomiso en Juárez de 64 mil pastillas de fentanilo en 2021, 195 mil en el 2022, 100 mil en la región centro con sede en la ciudad de Chihuahua, 221 mil en 2023 y casi medio millón durante el presente año, incluidas 81 mil 600 de septiembre y las 130 mil del pasado miércoles.

También la Policía Municipal tiene su aportación en ese tema. En el 2021 aseguró casi tres mil 500 pastillas y presentó cinco detenidos; en el ’22 hubo 44 detenidos y decomisadas casi 129 mil pastillas más tres kilos de precursor para elaborar otras tres millones de unidades; en 2023 fueron 187 mil pastillas y 51 detenidos; y el presente año van 25 detenidos con casi 75 mil pastillas.

Es sorprendente, entre paréntesis, que con tal presencia de pastillas en Juárez no exista un consumo generalizado de esa droga aunque el grave problema sigue en el cristal, surtido por los mismos proveedores y abarca grandes franjas de la zona urbana periférica.

Esos datos corroboran que Juárez ha sido bastante poroso porque hay negociaciones secretas entre grupos delictivos que a nadie sorprenderían, en el tránsito permanente, incesante, de esos narcóticos tan extraordinariamente lucrativos como mortales hacia los Estados Unidos.

Llegar a esa conclusión con las pruebas en la mano no es la noticia ingrata, sino la nueva catástrofe que implicaría para la ciudad de la emblemática X tanto su eventual consumo generalizado como la guerra que desataría entre los grupos delictivos.