En ciencia política existe una teoría que es la de la herradura. Esta teoría sostiene que en el espectro ideológico, los extremos de izquierda y de derecha son muy similares, y se unen, justo como lo harían los extremos de una herradura.
Esto tiene sentido si advertimos que gobiernos emanados de ambos espectros ideológicos se parecen mucho, especialmente en lo arbitrario y en lo totalitario. La dictadura chilena o argentina (de extrema derecha) tiene mucho en común con la dictadura venezolana o la cubana (de extrema izquierda). Ambos ejemplos coinciden en la militarización como un medio de control social e institucional.
Por su parte, la antigua Unión Soviética (de izquierda) tenía más en común con el régimen de Franco en España o de Mussolini en Italia (de derecha) que con el socialismo francés o británico. El común denominador de ambos regímenes autocráticos era justamente el totalitarismo, la represión del disenso, y la utilización del poder del Estado contra el ciudadano, al vulnerar derechos humanos de forma colectiva.
Muestra de esta teoría de la herradura es justamente el caso de Benito Mussolini, el principal representante del fascismo. Mussolini militó por años en el partido socialista, hasta que fue expulsado por su nacionalismo extremo.
El fascismo utilizó distintas formas de hacerse popular. Algunas de ellas son el concentrarse en un enemigo común y ‘peligroso’. Apelar a una crisis y señalar que una clase social ha perdido privilegios pero que es momento de reivindicarlos. Considerar al pueblo como una masa uniforme. Y el rechazo absoluto a la crítica y a la diversidad de opiniones.
Después de escuchar esto, pudiéramos válidamente concluir que en México tenemos un gobierno fascista, o cuando menos fascistoide, pero con rasgos tropicales de nuestro entorno.
El enemigo común para el gobierno es siempre el PRIAN, o los conservadores, o Carlos Salinas o Felipe Calderón. No hay más. Hasta la fecha, en los distintos foros (incluida la Mañanera) en donde participan simpatizantes del oficialismo, se sigue culpando al PRIAN. Un ejemplo burdo es el tema de la violencia. Prácticamente todo el país es un campo de guerra. Hay muertos por todos lados, y el oficialismo se encarga de señalar que la violencia en el Estado de Guanajuato (gobernado por la oposición) es responsabilidad de su Gobernador. Pero si se les señala la violencia que tiene lugar en otros lados (como Sinaloa, gobernado por Morena) entonces atinan a culpar “al PRIAN”, esa masa que engloba todos los odios de la 4T, pues “dejaron un desorden”. Así de fanáticos son.
De manera constante, la 4T utiliza el discurso de la austeridad y de los privilegios que existían antes, para ir minando la independencia de los contrapesos que tienen en las decisiones colectivas. Empezaron con el INE (el garante de las elecciones imparciales) diciendo que ganaban mucho y que tenían muchos privilegios. Han repetido la receta ahora con el Poder Judicial de la Federación, pues señalan que hay corrupción (obviando el escándalo de Segalmex), que hay nepotismo (obviando el tema de las familias Batres, y Alcalde entre otras) y que ganan mucho. En este caso, el ‘privilegio’ de los funcionarios del INE o del Poder Judicial de la Federación es señalado constantemente para que la masa irreflexiva les odie, y sea más sencillo destruirlos. Es evidente que dirigen sus baterías contra los órganos que les resultan incómodos, no así contra las Fuerzas Armadas, o contra la Comisión Nacional de Derechos Humanos que parece una dependencia más del Ejecutivo.
Consideran al ‘pueblo bueno’ como una masa uniforme y frágil, del que se demanda ortodoxia, y al que se pretende proteger de los malos de la película (nuevamente, el PRIAN, Salinas, o Calderón). Aquel que se atreva a disentir entonces no forma parte del pueblo bueno y se le deben retirar sus privilegios. Lo peligroso es que quienes detentan el poder se asumen como los únicos representantes del pueblo bueno.
Hay alergia a la crítica. Por eso, en cada edición de la Mañanera, López Obrador golpea a aquellos que en algún momento le señalaron algún yerro y le echa toda la caballada encima. Son intolerantes.
En días recientes hemos visto recrudecerse la vocación antidemocrática y fascistoide del régimen actual.
Cuando el Consejo General del Instituto Nacional Electoral discutía la asignación de diputados por representación proporcional (ese que le dio la mayoría calificada al oficialismo) hubo un bloque de consejeros que se opuso a entregar la mayoría calificada a Morena y sus cómplices. El representante de Morena Sergio Gutiérrez Luna amagó con iniciarles un proceso de juicio político a dichos consejeros. Es decir, por pensar de forma distinta, Morena saca a relucir su talante autoritario y alérgico a la pluralidad de opiniones.
Posteriormente, una vez que se instaló el Congreso (con las distorsiones avaladas por las autoridades electorales en la integración legislativa) y discutía la reforma judicial, hubo distintos jueces que otorgaron suspensiones para que el Congreso no discutiera esa reforma. Se puede o no estar de acuerdo con la actuación judicial, pero justamente para eso hay recursos que la ley establece. Sin embargo, nuevamente el oficialismo amenazó con iniciar juicio político contra esos jueces e incluso presentó diversas denuncias penales en su contra.
Como el oficialismo no lograba consolidar la mayoría calificada en el Senado, tuvo que amenazar con encarcelar a los padres de los senadores Miguel Ángel Yunes Márquez y Daniel Barreda Pavón, para que avalaran la reforma judicial. La actuación de estos senadores fue cobarde, por decir lo menos. Esta actuación por parte del oficialismo es abiertamente fascista.
A los que hemos leído la historia, recordamos que derivado del Incendio del Reichstag, Hitler mandó encerrar a varios diputados opositores para que los números le cuadraran y poder arrogarse poderes extraordinarios. Lo mismo hicieron los delincuentes de la Cuarta Transformación con los votos en el Senado.
Estos últimos días, la violencia en el país se ha incrementado notablemente especialmente en Sinaloa y en Chiapas. En Sinaloa, el crimen organizado lleva días matando personas y levantándolas, a grado tal que hay una especie de toque de queda. En Chiapas, delincuentes quemaron a una niña de seis años. Ante estos hechos ningún personaje de la vida pública afín a la 4T ha manifestado postura alguna. Sin embargo, fue cuestión de que un pasajero supuestamente agrediera a Gerardo Fernández Noroña, presidente del Senado en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México para que salieran todos en bola a defenderlo. Muy callados ante la crisis de seguridad que hay en el país, pero muy solidarios con una pelea de cantina que aparentemente tuvo lugar en el aeropuerto de México. Entre sus defensores se encuentra el Senador por Chihuahua Juan Carlos Loera quien incluso solicitó que se le impidiera al supuesto agresor volver a utilizar un avión comercial. Ojalá hubiéramos visto a Loera hablar con la misma contundencia de la crisis de seguridad en Sinaloa.
Respecto de este bochornoso acto, el Senado de la República presentó una denuncia contra el supuesto agresor. De entrada, me parece que al tratarse de un delito de lesiones (si es que las hubo), quien tiene la facultad de presentar una querella es el propio Noroña, no el Senado. Sin embargo, el mensaje que quieren enviar estos émulos de Mussolini es que todo el aparato del Estado se utilizará contra un bravucón de cantina por haberle faltado al respecto (y supuestamente agredido) al presidente del Senado. Ojalá actuaran con la misma firmeza y determinación contra las organizaciones criminales que protegen.