Desde hace un par de años los videos del influencer Fofo Márquez inundan las redes sociales. Es un personaje presumido, altanero, prepotente, y frívolo. Esa clase de contenido es justamente lo que no abona nada a las vidas de quienes frecuentamos dichos canales de comunicación. Más recientemente trascendieron las imágenes en donde el influencer golpeó de manera salvaje a una señora por un incidente vial en Naucalpan, Estado de México.

A partir de que se viralizaron dichas imágenes, las autoridades ministeriales del Estado de México se pusieron manos a la obra y detuvieron y procesaron al violento personaje. En días pasados, Fofo Márquez fue sentenciado por feminicidio en grado de tentativa y condenado a pasar diecisiete años en prisión.

Fofo Márquez es un delincuente. De eso no cabe la menor duda. Sin embargo, no cometió el delito por el que fue sentenciado, sino uno diverso.

Es irresponsable opinar de una carpeta de investigación o de un expediente judicial sin conocerlo a detalle. Pero como en México todo mundo se asume como experto en las materias más polémicas, procuraré hacer un análisis objetivo y racional del asunto.

Del video que circuló en redes sociales, se advierte que Fofo Márquez golpea de forma salvaje a su víctima. Este hecho es absolutamente condenable y debe pagar su deuda con la sociedad por haber actuado como un animal. Sin embargo, los lamentables hechos no tuvieron lugar por la razón de que ella era mujer, uno de los elementos fundamentales para determinar si se trataba de un feminicidio en grado de tentativa, un homicidio (simple o calificado) o simplemente lesiones.

Considero que el acto de violencia no tuvo lugar por el hecho de que la otra persona fuera mujer, mucho menos que le hubiera querido quitar la vida. Lo que se advierte es que la golpeó, situación que rechazo y condeno enérgicamente. Pero de eso a que haya querido matarla hay un mundo de diferencia.

El feminicidio es una figura jurídica que no tendría cabida en un sistema constitucional que dice que el hombre y la mujer son iguales ante la ley. Sin embargo, la corrección política y la cultura woke se han encargado de ir generando segregaciones legales, culturales y políticas en nuestro sistema. Así como Rosa Parks no podía sentarse en la sección de blancos en un camión urbano de Montgomery, Alabama (cuya desobediencia tuvo como consecuencia desarraigar la segregación racial en Estados Unidos), lo mismo sucede en la Ciudad de México en los vagones del metro, o de algún otro medio de transporte colectivo. La diferencia es que en México la segregación se da en razón del género, pues hay vagones destinado únicamente para mujeres.

En el mismo sentido, el tipo penal por homicidio es distinto en México, pues existe otra distinción que es el de feminicidio. Nuevamente, una segregación y una distinción de carácter legal.

En el caso concreto, lo único que se conoce es que Márquez golpeó a su víctima. Es por esto que debe ser condenado. Sin embargo, cuando hay temas que involucran (aunque sea de forma marginal) alguna cuestión de género, los jueces y los ministerios públicos tiemblan por temor a la presión social. La presión social es el peor enemigo de la justicia, pues la justicia se convierte simplemente en un circo donde la voluntad popular decide quién es culpable y quién es inocente. Lo que importa en estos juicios populares es tener el cariño del pueblo bueno y sabio.

Cuando sucedieron los hechos violentos por los cuales fue asesinado Paco Stanley, Mario Bezares fue detenido y procesado. El pueblo bueno en su infinita sabiduría clamaba que “Mayito es inocente”. Es decir, el pueblo bueno conocía mejor la investigación que la propia procuraduría y que el juez de la causa. Lo mismo sucedió con Barrabás y Jesús, según lo dice la Biblia.

En esta situación, al ser el Fofo Márquez un personaje odiado en redes sociales, obviamente que el pueblo bueno pediría no solo que lo sentenciaran por feminicidio en grado de tentativa, sino casi que lo llevaran al paredón de fusilamiento. Pero no es así como se imparte justicia.

En varias ocasiones he publicado en este espacio que la justicia no debe someterse a la opinión popular, ni mucho menos al vaivén político. No hay nada más grave para la salud democrática de un Estado que eso. El juez debe ser imparcial al momento de dirimir una controversia. La gente debe entender que los agentes del Ministerio Público y los jueces no son los vengadores de las fobias sociales. Si vamos a optar por ese camino, entonces más valdría eliminar a los jueces del sistema e impartir justicia en función de ‘likes’ o cualquier otro tipo de interacción en las redes sociales.

Es probable que a muchos lectores no les gustará lo que expongo, pero prefiero ser la voz de la razón y la cordura en un país donde la mayoría se siente legitimada para impartir ‘justicia’. Hablo de la misma mayoría que sigue votando por Morena y que en las encuestas sigue diciendo que votaría por Morena en Sinaloa en 2027 a pesar del estado de guerra en que viven en aquella entidad. ¿De verdad esta mayoría debe tener la capacidad de impartir justicia?

De entrada, como les decía, no estoy de acuerdo por haber sentenciado al influencer por feminicidio. Creo que el tipo penal correcto era lesiones, las de mayor gravedad. En ese caso, Fofo Márquez hubiera enfrentado una pena máxima de entre diez y catorce años de prisión.

La pregunta que yo me hago es, si a la misma víctima la hubiera golpeado otra mujer pero con los mismos resultados, ¿se le hubiera procesado también por feminicidio en grado de tentativa? El tipo penal de feminicidio no requiere que sea un hombre el que lo lleve a cabo. Por otro lado, si los actos violentos hubieran sido ejecutados por una mujer transexual (es decir, un hombre que se asume como mujer), ¿le hubieran sentenciado por el mismo delito?

El viernes pasado estuvieron circulando varios videos en redes sociales donde al Fofo Márquez lo golpean o torturan los custodios del penal donde está recluido. El pueblo bueno celebraba en redes sociales que eso sucediera. Consideran que eso es justicia porque Márquez había golpeado a una mujer. Entonces, si eso es justicia, ¿la pena de diecisiete años en prisión no fue la forma de hacer justicia? Es decir, el influencer ya fue sentenciado a pasar diecisiete años en prisión, ¿también quieren que lo golpeen dentro del penal? El pueblo bueno debe decidirse si tomamos el camino institucional (la sentencia por su delito) o si volvemos a la época del Código de Hammurabi donde la justicia se toma por propia mano (que lo golpeen los custodios). Pero pretender que el personaje en cuestión reciba las dos sanciones es una medida que refleja el resentimiento colectivo y la hematofagia colectiva que inundan a un México que este año va a elegir a los jueces mediante el voto popular. Bonita justicia nos espera.

El asunto de Fofo Márquez es un precedente gravísimo para el Estado de Derecho en México. Cualquier ciudadano estará descobijado pues los jueces buscarán el aplauso colectivo y no la justicia objetiva cuando les toque enfrentar un caso de estos.

La salida sencilla de los que aplauden esta clase de medidas es muy previsible: siempre dicen “¿tú qué harías si la víctima fuera un miembro de tu familia?” o la clásica “Mi papá o mi hermano jamás harían algo así”. Es muy fácil decirlo, pero las autoridades constantemente se han dedicado a fabricar pruebas o generar chivos expiatorios para la opinión pública. Por tanto, cualquier ciudadano está expuesto a que la masa se le eche encima y no habrá ningún juez que se atreva a impartir justicia con imparcialidad y objetividad.

A quienes celebran esta vulgarización de la justicia les deseo que les toque enfrentar al sistema de justicia que tendremos a partir de septiembre. E insisto, no vale decir “yo no cometo delitos” porque para las autoridades ministeriales eso es lo de menos. Buscarán culpables a como dé lugar y no habrá ningún juez que se atreva a ponerle un alto al gobierno. Con el tiempo disfrutarán lo votado.