Ciudad de México.- El tema de las drogas es un tema global, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), las desigualdades del circulo interseccional de los países siguen impulsando el consumo de drogas, por ejemplo, el consumo de cannabis en adolescentes entre 15 y 16 años es del 5.7 para el 2021, y para el mismo año solo una de cada cinco personas con trastornos mentales por drogas recibieron algún tratamiento en el mundo.
La misma organización advierte que para reducir el consumo se necesitan medidas contra la demanda y contra la oferta, es decir investigaciones contra el crimen organizado, incautaciones, y aplicar la norma punitiva a los culpables. Y para la demanda, abordar el tema de las adicciones desde una concepción de salud pública y no solo jurídica, es decir tratamientos transversales e integrales a los farmacodependientes, y políticas de prevención, abordando la pobreza, salud, deporte, educación, integración familiar y todo contexto que promueva la vida sana de la población.
A demás de esto el impacto en la sociedad, puede ser costoso y devastador, toda vez que existe una correlación entre la consumación de los delitos y el estado en que se encontraba la persona en el momento de cómetelos, de hasta un 50%, es decir el núcleo de vastos tipos penales, son justo el consumo de sustancias ilícitas, estás que sacan de la funcionalidad al individuo y lo incitan a provocar delitos como robo para obtener las sustancias; homicidios y lesiones por el tipo de ambiente donde se desarrolla este mercado ilícito.
Abordando el tema de una visión cultural y ético se reza que es una falacia que el crimen organizado suma en remendar el tejido social, es decir con derrama económica o aportaciones benéficas, el costo sociopolítico es muy alto, es el génesis de la inseguridad, por cuartar el derecho a la ciudad y consecuencias como la frágil relación política actual con el vecino país, misma que con el alza coercitiva de aranceles puede tener consecuencias económicas desfavorables.
La prevalencia del consumo de drogas afecta a todos los agentes de la sociedad, en algunos países de desarrollo el alto costo de inversión de políticas públicas para mitigar este fenómeno por su abordaje desde la salud pública; y en países en vías de desarrollo el impacto negativo en los derechos humanos por las cifras de baja seguridad y de salud pública que el Estado de derecho debería garantizar a sus ciudadanos. El problema se agrava cuando la demanda y la oferta se encuentran sistematizadas entre el sector público y el crimen organizado, proyectando un mayor reto para finalizarlo y no solo con un acto de simulación, misma que no lleva a buenos resultados respecto a la calidad de vida de los ciudadanos.
Las drogas, realmente sí son el opio del pueblo.