Antes de iniciar la última búsqueda de cuerpos y/o restos de cuerpos, en la zona boscosa conocida como “El Willly”, a menos de 100 kilómetros de Nuevo Casas Grandes, los policías y militares fueron recibidos por un mensaje que pretendió ser gracioso sin que haya nada de diversión, sino todo lo contrario, en las desapariciones de más de 300 personas y los macabros hallazgos de 87 hasta el momento en calidad de restos depositados en toscos agujeros.

Todas esas ausencias forzadas son atribuidas al crimen organizado que opera en varios municipios de aquella zona eminentemente agrícola, con una población cercana a los 80 mil habitantes.

En su momento el Fiscal del corralato, César Augusto Peniche; y el hoy titular de la Fiscalía General, César Jáuregui Moreno, han coincidido que el territorio es dominado desde hace al menos una década por el grupo delictivo La Línea.

Al frente de este han ubicado como principal líder a “El Güerito” Flores, Ariel Flores López, auxiliado por lugartenientes en Ascensión (“La Chuya”, Janos; Palomas (“El Oso”) y otros lugares de menor relevancia.

Es reciente el arribo de Ariel a la jefatura. Hasta el 2018 fueron líderes “El 18”, Uriel Valles y Roberto González Montes, “El 32”, involucrado en la masacre contra los Lebaron. Ambos permanecen encarcelados. Ariel, originario de Sahuaripa, Sonora, ha librado el Cereso en dos ocasiones recientes, en 2017 y 2018.

Tanto los sicarios como operadores del líder delictivo se suponían al menos desplazados tras el descubrimiento de las primeras fosas clandestinas con cuerpos, a mediados de diciembre del año pasado, o luego del enfrentamiento contra militares con saldo de dos muertos por el bando delictivo y aseguradas más de 60 armas, gran cantidad de cartuchos, equipo de radiocomunicación y pecheras antibalas.

Fue hallado por militares un cráneo casi en la superficie de un predio, luego más restos; después una fosa con varios cuerpos, luego otra... y otra. Van más de 30.

Al mismo tiempo que arreció la búsqueda de restos hubo presión también de los delincuentes al menos de lejecitos; colocaron explosivos y artefactos poncha llantas en los caminos hacia los panteones improvisados.

En la penúltima búsqueda, la semana pasada, los policías y militares hallaron una cartulina blanca pegada a un encino con cinta adhesiva negra. Tenía la leyenda en negro “llévense este también” y pintada una flecha roja hacia el suelo, donde había otra cartulina con el texto: “por si llegan muy cansados”.

Pegado a la segunda cartulina fue colocado un pequeño órgano reproductor masculino de plástico al que hicieron referencia en la primera cartulina. Policías que debieron recoger las cartulinas y el artefacto presumiblemente adquirido en una tienda sex shop lo definieron en evidencias como plástico “blando”.

Del tamaño de la mala broma-reto es la fuerza que poco a poco ha ido adquiriendo la delincuencia organizada en la región, sometida a extorsiones prácticamente en todas sus actividades económicas, a levantones, ejecuciones, secuestros y a desapariciones, asesinatos, hasta desmembramientos e inhumaciones clandestinas, justo el tema que ha levantado todo tipo de expresiones de asombros y horror a nivel internacional.

En ese mismo contexto de extraordinaria impunidad fue ejecutado el acto de terror en el 2019 con el asesinato brutal de seis niños y tres mujeres de la comunidad mormona asentada en la región de Nuevo Casas Grandes, Ascensión, Casas Grandes y Bavispe, Sonora. Mismos operadores delictivos.

La zona noroeste no deja de ser pujante y optimista a pesar de vivir con el pie criminal en el cuello. Su población no ha conseguido que intervenga la Fiscalía General de la República (FGR) para combatir a la delincuencia organizada como tal.

Sí han logrado sus habitantes que el gobierno estatal al fin instale una Fiscalía en la región que ahora al menos está sirviendo para iniciar las investigaciones sobre desapariciones y asesinatos pero no ha podido recuperar a su institución de atención primera en materia de seguridad, la policía municipal.

Sin policía preventiva fuerte y respetable seguirá habiendo masacres, desapariciones, extorsiones, secuestros, levantones, y todo el catálogo existente de delitos.

Ni los militares, ni los ministeriales, ni los estatales pueden hacer el trabajo inherente a los municipales. Y claro, en el río revuelto hay corrupción innegable al interior de todas las corporaciones que dejan, así, el camino libre al crimen.

Ahí comenzó la debacle para toda la región, no solo en al desmantelamiento de las policías municipales sino en el arribo del control delictivo a las mismas. En agosto del 2023 murió el director de la policía en Janos, Higinio Solís González, tras un enfrentamiento con militares y policías de investigación que lo arrestarían por varios delitos. Él mismo dirigía al crimen en esa localidad.

El punto neurálgico de la región por su tamaño e importancia económica sobre Janos, Ascensión y Casas Grandes, sin duda es Nuevo Casas Grandes, donde iniciaron las penurias de su policía preventiva en el 2013, con el arribo de Jesús Rodolfo Soltero, a la alcaldía.

Colocó como director de la policía Yuriel Armando González Lara, pieza evidentemente criminal. Fue emboscado y ejecutado en 2021 cuando pretendió buscar su postulación para la misma alcaldía bajo las siglas del PRI.

Cuando terminó su periodo Soltero (2016), pese a “redadas” policiacas en favor del PRI, ganó el PAN con David Martínez Garrido. Puso a Julio César Ramírez Valdez titular de la policía, involucrado también con el crimen.

En el 2018 llegó al relevo en la alcaldía el perredista, Héctor Mario Galaz Griego. Mantuvo al mismo cuestionado jefe policiaco al frente del cargo, hasta que fue objeto de una emboscada a la que sobrevivió el 28 de enero del 2021.

El ataque fue en pleno centro de Nuevo Casas Grandes. Murieron todos sus escoltas y hasta su novia, una campeona regional de fitness a la que acababa de recoger de un gimnasio. Huyó del lugar y no se ha vuelto a saber nada de él.

En mayo del 2023 NCG se quedó de plano sin policía. Fue disuelta tras múltiples escándalos; ejecuciones, asesinatos, extorsiones, desapariciones. La nueva alcaldesa, originaria de Morena, Cynthia Ceballos, terminó en la cárcel por corrupción. Su suplente, su media hermana Edith Escárcega Escontrías, no ha conseguido componer el barco a pesar que ha intentado hacerse informalmente del control de la corporación.

Es obvio que mientras prevalezcan esas condiciones, los pobladores de Nuevo Casas Grandes y de los municipios colindantes no podrán reencontrarse con el sosiego y la paz que pretenden.

La Fiscalía General de Justicia levanta expedientes sobre hechos delictivos y persigue a dos o tres jefes criminales, incluido “El Güerito” Flores, por varias carpetas que arrastra y muchas que le serán acumuladas por desapariciones y las narcofosas, los militares auxilian a la ministerial y sin ellos estamos seguros que los restos de los casi 90 cuerpos de ausentes no habrían sido hallados, pero si no hay corporación preventiva fuerte y respetable lamentablemente seguiremos hablando de las mismas historias en el corto y mediano plazo.