El primero de octubre del año pasado, al rendir protesta como presidenta Claudia Sheinbaum, se convirtió en la primera mujer presidenta de México, al emitir su discurso mencionó que: “por primera vez, llegamos las mujeres a conducir los destinos de nuestra hermosa nación … y agregó: “llegamos, porque no llego sola, llegamos todas”.

Muchas niñas y jóvenes en Ciudad Juárez se sintieron emocionadas, identificadas e inspiradas por este mensaje, porque una mujer en el más alto peldaño del país, representa -para muchas- la posibilidad de poder alcanzar la misma meta, bajo el presupuesto de que nuestro género nunca más constituirá una limitante para desarrollarnos, en el ámbito que decidamos, en condiciones de igualdad respecto a los hombres.

Gracias a las luchas feministas, se han logrado importantes conquistas, como el derecho al voto, la paridad política, trabajo remunerado, a decidir cuándo embarazarse o decidir no hacerlo, la prohibición del matrimonio infantil, el reconocimiento de la violencia de género; así como el derecho a la protección digital, la despenalización del aborto, entre otros.

Sin embargo, la víspera de la conmemoración por el Día Internacional de la Mujer, es un buen momento para pasar en limpio las cuentas pendientes por atender en materia de igualdad sustantiva, para que lleguemos todas: las que son madres adolescentes, las que sufren deserción escolar por falta de oportunidades; las que son objeto de violencia doméstica, las que son asesinadas por el simple hecho de ser mujeres, y las que no pueden desarrollarse laboralmente, porque no tienen quién cuide de sus hijos, pues aún persisten brechas de desigualdad y violencia de género como consecuencia de la discriminación estructural e histórica que experimentan las mujeres, niñas y adolescentes.

Lograr la igualdad sustantiva requiere eliminar las barreras que impiden a mujeres, adolescentes y niñas, gozar y ejercer plenamente sus derechos, para tener acceso a las mismas oportunidades de desarrollo que los hombres.

Las mujeres siguen sin tener suficiente representación en la vida pública y la toma de decisiones, no es gratuito que dentro de los reclamos históricos se sostiene la necesidad de mejorar las condiciones de igualdad en lo referente a la participación de la mujer en la vida política, implementando mecanismos que en realidad garanticen la paridad de género en la designación de cargos públicos y de elección popular, así como la erradicación de la violencia política que se ejerce en su contra, cuando deciden levantar la mano para participar en la vida pública del país.

La problemática de la violencia de género, sobre todo en esta ciudad, está directamente relacionada con la asimetría de poder que se genera por la dificultad que representa para muchas mujeres lograr su independencia económica, colocándolas en una situación de vulnerabilidad y desventaja; sin embargo, el arraigado machismo que prevalece en nuestra sociedad dificulta el ingreso de las mujeres al campo laboral porque la división sexual del trabajo en el hogar, opera como una barrera para la autonomía económica de las mujeres, al asignarles una sobrecarga del trabajo doméstico, amén de que los mercados laborales presentan marcados sesgos de género, entre los que destacan, su concentración en sectores ocupaciones informales o de menor productividad, con menores niveles de ingresos y brechas salariales, así como la incompatibilidad de la vida laboral y la vida reproductiva, por la falta de una adecuada asistencia social.

No obstante, la amenaza más aguda que enfrentan las mujeres mexicanas, incluidas las juarenses, es la de las violencias en todas sus formas de expresión, que van desde los micromachismos presentes en actitudes cotidianas, y en el lenguaje, hasta la violencia patrimonial, física, y en caso más extremos, la violencia feminicida.

En ese sentido, las demandas feministas exigen a los operadores del sistema de justicia, cero tolerancia a los generadores de violencia en contra de las mujeres, lo cual implica ser sensibles a la situación de vulnerabilidad y especial condición en que se encuentran y detectar las posibles situaciones de desequilibrio de poder entre las partes, a efecto de facilitar su acceso a la justicia, en igualdad de condiciones, lo cual conlleva el reconocimiento de un menor estándar de valoración probatoria en los casos de violencia en que se encuentren inmersas mujeres víctimas de violencia de género.

Son grandes los avances del país en la materia, pero la verdadera transformación requerirá un esfuerzo continuo de todos los órganos de gobierno y la sociedad, para garantizar que las voces de todas las mujeres, en especial las más vulnerables, sean escuchadas. En Juárez, y en México, sigamos siendo lucha y acción transformadora en este próximo 8 de marzo, en honor a la memoria de las mujeres que nos fueron abriendo camino, para que nosotras gocemos hoy de los derechos conquistados.