Abro Spotify en mi teléfono. El algoritmo de la aplicación va adecuando el listado de canciones a reproducir en función de los artistas, géneros musicales y canciones que uno escucha recurrentemente.
“Quisiera ser, la golondrina que al amanecer, a tu ventana llega para ver, a través del cristal”. Esta es una de las estrofas más icónicas y representativas de “Flor de Azalea” un clásico de nuestro caudal musical, escrita por Manuel Esperón y popularizada por las prodigiosas voces de Jorge Negrete, Óscar Chávez, y por supuesto, Los Panchos.
La canción habla de la desilusión, la tristeza, y los problemas que la vida trajo a una mujer, a quien el autor compara con una delicada flor de azalea que es arrastrada por la corriente de un río, que a su vez simboliza las dificultades que el destino fue poniendo en su camino. La flor de azalea no encontraba un lugar seguro donde curar su corazón herido. El artista promete esperanza y un nuevo comienzo a la destinataria de la canción. Se dice que la musa inspiradora de esta canción es la actriz Elsa Aguirre, un orgullo de nuestro Estado.
Escrita en la década de los 40, los acordes y ritmos de la canción evocan la época de un México que recientemente había salido de una guerra civil, y que se encontraba edificando instituciones para el desarrollo y bienestar de los mexicanos.
Era la época del Cine de Oro mexicano, donde Pedro Infante, Jorge Negrete, Dolores del Río, Pedro Armendáriz, la misma Elsa Aguirre y Miguel Aceves Mejía (El Rey del Falsete, chihuahuense como Aguirre) le mostraban al mundo nuestra cultura, nuestra historia y nuestras costumbres. La imagen clásica del charro mexicano se dio a conocer alrededor del planeta a partir de nuestra Época de Oro del cine mexicano.
En esa época, Los Panchos se formaban como agrupación musical en Nueva York, y al igual que los anteriores, se convertían en embajadores de nuestra cultura ante el mundo, que justamente venía saliendo de una de sus etapas más sangrientas: la Segunda Guerra Mundial.
México vivía su etapa postrevolucionaria. Los revolucionarios y los militares habían dejado el poder para dar paso a la época del México de las instituciones, donde se hacía a un lado a los caciques regionales y caudillos para dar paso a “Los Licenciados”, la camada de Presidentes que habían estudiado en las universidades públicas del país, empezando por Miguel Alemán. Más adelante vendría el “Desarrollo Estabilizador” que le trajo bonanza a México.
En lo personal ya había escuchado la canción que le da título a este artículo, pero nunca había tratado de desentrañar su significado. Al escucharla, no pude evitar sentir nostalgia por un México que no viví, pero que sin duda era más próspero de lo que es ahora.
Después de estos tiempos vinieron años buenos y malos, pero en el balance, México siempre iba mejorando. Los índices en materia de calidad de vida, poder adquisitivo, educación, entre otras métricas, avalan lo que aquí digo. La apertura a la democratización del país que culminó con la creación de un órgano electoral autónomo en 1991, que permitió la alternancia política en los años 2000, 2012 y 2018. Este fue el año donde todo se echó a perder.
Ahora, las noticias de México en el mundo no son “Dos tipos de cuidado”, ni “María Candelaria”. El mundo tampoco ve a “Los Panchos”, pues ahora México exporta principalmente cantantes de “corridos tumbados”. Lo que el mundo ve de México son los ejecutados, el debilitamiento institucional, la crisis migratoria, entre otras cosas. Antes, México era conocido por su cultura; ahora, México es conocido como un Estado fallido y con un gobierno corrupto.
Desde luego que la violencia no empezó en 2018 con López Obrador, pero sin duda la crisis de inseguridad se agudizó y agravó a partir del “abrazos, no balazos”. En la conducción de su política exterior, México nunca había peleado tanto con gobiernos de otros países como sucedió a partir de 2018 con España, Perú, Argentina, Ecuador, entre otros. De ser un referente obligado en la conducción de una política exterior responsable y tradicional, México ahora es un chiste. De ser el país que le dio origen a la Doctrina Estrada, y que evitó los excesos de las potencias contra Cuba y Etiopía en el seno de la Organización de Estados Americanos y la Organización de las Naciones Unidas, México ahora es extra en la película del mundo.
México igualmente pasó de ser un país modelo para la región, a ser un ejemplo de lo que NO se debe de hacer en materia de impartición de justicia. De tener un Poder Judicial sólido, México ahora emula las prácticas concentradoras de poder que tuvieron lugar en países como Ecuador y Bolivia. En vez de copiar modelos de países cuyo Estado de Derecho es robusto, nuestro país emula las prácticas de dictadores bananeros. Bien decía Gordon Brown que, tratándose de Estado de Derecho, los primeros quinientos años son muy importantes. Aquí apenas llevamos poco más de doscientos.
El México de blanco y negro, el que despierta muchas de nuestras añoranzas, pasó a convertirse en un México rojo, de alarma y de sangre, por culpa de una caterva de políticos corruptos que hoy encabezan el gobierno y que se asociaron con el crimen organizado para cogobernar el país.
Un país en donde el crimen organizado le temía al gobierno se convirtió en un país en donde el crimen organizado decide muchas veces quiénes gobernarán en ciertas regiones. El crimen organizado procuraba actuar desde el anonimato, y ahora, lo hacen de manera pública y abierta y hasta se atreven a hacer política.
El México de Vasconcelos y de Torres Bodet solo forma parte de nuestra historia, pues ahora es el México de Delfina Gómez y de Leticia Ramírez Anaya. El México de David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y Frida Kahlo se ha convertido ahora en el México de Junior H y Natanael Cano.
Chava Flores cantó y describió las tradiciones e idiosincrasia de nuestro pueblo; “Los Gorrones” y “Sábado Distrito Federal” retratan de forma viva el día a día de millones de mexicanos. Ahora, es Peso Pluma el que describe nuestra cotidianidad. ¿Habrá cambiado la sociedad? ¿O solamente cambió el gusto musical colectivo?
Octavio Paz, Carlos Fuentes, y otros integrantes del Boom Latinoamericano ya no están entre nosotros. Nuestro país no preparó una sucesión literaria que superara o cuando menos igualara a estos gigantes. Pasarán décadas hasta que tengamos dignos herederos de estos dos personajes.
Ya no tenemos obras públicas que sirvan a los intereses colectivos. Durante décadas, los gobiernos del pasado comunicaron al país con la construcción de puertos, aeropuertos, y carreteras. Hace años que no se construye un hospital o una escuela. Ahora, construimos un tren que no va a ningún lado, un aeropuerto que nadie quiere utilizar, y una refinería que siguen sin funcionar.
En el pasado había libertades. Las personas podían comunicarse con absoluta libertad. Ahora con la Ley Espía, el gobierno podrá ubicarnos en tiempo real y conocer cada detalle privado de nuestra vida con tan solo entrar a una computadora y teclear una CURP.
Ese México no era perfecto, pero cada día era mejor que el anterior. Ahora, sin el menor resquicio de duda, cada día estamos peor en cualquier cifra que se quiera comparar con el pasado.
Al hacer estas comparaciones, me invade la melancolía de recordar el México que se nos fue.