En la primera parte del presente artículo afirmamos que la elección del 01 de junio no fue entre candidatos y candidatas, sino de estructuras y actores políticos, donde ganaron las y los candidatos que los actores políticos Maru Campos y Cruz Pérez Cuellar “adoptaron” en sus respectivos acordeones, resultando ganadores entonces Maru Campos y Cruz Pérez Cuellar en Chihuahua, así como Claudia Sheinbaum a nivel nacional.

De esta manera la Gobernadora se quedó con todos los espacios de Magistradas y Magistrados Estatales y de Disciplina Judicial, cediéndole al fina sólo un espacio a Cruz, el de Gloria Angélica Mendoza Beltrán, para quedarse también con los espacios de juzgadores federales de todo el Estado, cediéndole importantes espacios a fuerzas políticas como Movimiento Ciudadano, al PT, y al PRI (sólo juzgadores), siendo el gran perdedor los liderazgos morenistas del Estado, pero sobre todo la ciudadanía.

Sí, la ciudadanía fue el gran perdedor de esta elección histórica, al menos en el Estado de Chihuahua, porque se dio cuenta que en realidad su voto no decidió, y esto es lo más grave porque sí hubo gente que confió en este proceso electoral y que sería respetada su voluntad, y no se explica cómo ganó alguien que no anduvo en las calles, en las colonias o se dio a conocer, vaya, alguien que ni siquiera vive en la ciudad. No se explica cómo obtuvieron tantos votos candidatos que ni siquiera una colonia conoció.

Y eso es precisamente lo grave de lo que sucedió el domingo 01 de junio con la elección judicial, que ocurrió algo que pensamos que ya estaba erradicado en nuestro actual México que había avanzado tanto, democráticamente hablando: grupos de poder decidiendo en las elecciones por encima del voto, la falta de respeto a la ciudadanía.

Porque los ganadores no resultaron electos, fueron impuestos por decisiones de los gobernantes, por encima de las instituciones electorales y la voluntad popular, para imponer a quienes ellos quisieron. Distorsionaron una elección histórica por algo que no tiene nombre siquiera pues rebasó al concepto de fraude electoral, siendo una simulación electoral, donde los menos culpable de esto fueron las y los candidatos, pues se dieron cuenta que no podrían competir electoralmente con las reglas impuestas y el modelo de elección diseñado y se dedicaron a buscar cobijo en las estructuras de poder.

Felicito a las y los candidatos que si tienen la vocación, el mérito, las ganas de hacer las cosas bien, se han dedicado a trabajar en Tribunales y salieron electos como dijo Calderón “Haiga sido como haiga sido”. Ellas y ellos son los que seguirán sacando adelante a este “Nuevo” Poder Judicial. Les reprocho a aquellos que sin tener vocación ni trayectoria jurídica, vieron esto como una oportunidad de “agandallar” esos puestos. Lamentable aún más que políticos y recomendados políticos lleguen a estos puestos sin tener las ganas ni los méritos, y nunca habían visto la carrera judicial como una opción, porque no tienen vocación, serán ellas y ellos lo peor del Poder Judicial, tanto estatal como federal.

Más lamentable es aún que ningún actor político haya salido a alzar la voz, como si estuvieran amordazados por alguna complicidad, conveniencia o temor de decir algo que moleste a “su grupo”.

Las evidencias fueron muchas, los acordeones de Gobierno del Estado, Municipio y Bienestar, las “instrucciones” a los empleados de gobierno, los audios y videos de políticos reuniéndose para operar esta elección, pero la prueba más grande y obvia es en los resultados: el triunfo de candidatos que no hicieron campaña, no vivían donde fueron electos y ni siquiera son conocidos por sus redes sociales ni tuvieron un alcance para la votación que obtuvieron.

Y a pesar de todo esto lo complicado es solicitar la nulidad de la elección, pues a diferencia de las elecciones tradicionales con partidos políticos, aquí a los candidatos y candidatas no les dieron los elementos para impugnar como lo son las actas, las listas nominales, el tener representantes, el tener certeza de su voto pues no se contaron los votos en las casillas sino en los institutos electorales y al paso de los días, no se contó el voto de manera física sino digital, y lo peor: ni siquiera le dieron acceso a los candidatos el día de la elección de poder comprobar el cómputo para verificar que se estuviera haciendo de manera correcta.

Esperemos que esta simulación judicial sea la primera y única que nos toque vivir y se corrijan muchas cosas, pues de continuar así esta experiencia se normalizará y extenderá a las otras elecciones, dejando de lado al ciudadano para decidir privilegiando los acuerdos políticos.