No es posible que los órganos electorales duren tanto tiempo contando votos. Bueno, sé que sí es posible, tan es así que a nivel federal tardaron una semana entera y en la asamblea municipal llevan dos semanas y contando (literalmente). A lo que me refiero es que no es apropiado. Funcionarios y funcionarias con jornadas tan extenuantes, la cantidad de recursos públicos invertidos, amplios lapsos donde las candidaturas se encuentran a la expectativa, etc. son cuestiones que se deberían evitar. Peor aún, si esto fue en unas elecciones con tan poca participación ¿qué va a suceder cuando más gente se anime a ejercer su voto? ¿Qué pasará cuando las elecciones sean concurrentes? Cuando además de jueces y juezas haya que elegir también a integrantes del Poder Ejecutivo y Legislativo la participación aumentará y con ello el trabajo y la demora. ¿Qué hacer?

Una posibilidad es cambiar la modalidad del voto. Transitar del voto tradicional en papel a uno electrónico facilitaría mucho las cosas. Más allá del tiempo ahorrado y de la rapidez en que se presentarían los resultados, el voto electrónico tiene muchas ventajas (y algunas desventajas). En primer lugar, utilizar aparatos electrónicos reduciría los errores al contar los votos o llenar las actas. Es típico que después de arduas jornadas contando votos, los tribunales ordenen un nuevo recuento por errores de ese tipo. Con el voto electrónico esto no pasará. Además, votar de manera electrónica será más accesible. Si bien, en un primer momento es lógico que se tenga que acudir a centros de votación para ejercer nuestro derecho, de manera posterior podría hacerse desde un celular o la computadora accediendo con nuestros datos biométricos. Hoy en día ya existen muchos procedimientos que hacen uso de esta tecnología. Transferencias bancarias, aplicación de exámenes de ingreso a muchas universidades y acceso a ciertos lugares son algunos ejemplos donde ya se utilizan. Así, queda claro que es una tecnología que ya esta probada y que solo haría falta afinar para poderla poner en marcha en unas elecciones. Por lo demás, estoy seguro que esto incentivaría más la participación. Poder votar desde casa reduciría el tiempo que la ciudadanía tendría que invertir para votar lo que se traduciría en un mayor porcentaje de participación.

Por otro lado, aun cuando en un principio el gasto de llevar a la práctica este sistema sería alto, a largo plazo reduciría significativamente los costos. En las últimas dos elecciones, solo a nivel federal se invirtieron más de 1,330 millones de pesos únicamente para la impresión de boletas. A esto hay que sumar todas las boletas que se imprimen para las elecciones locales de cada estado y lo que se eroga en la logística de distribución. Con el voto electrónico todo ese gasto se reduciría al mínimo.

En contraste, la principal desventaja en este tema es la desconfianza ciudadana sobre todo en un país como el nuestro. La manera en cómo se realizaban las elecciones antaño sigue en el imaginario colectivo. Aunado a lo anterior, la falta de transparencia o la poca comprensión técnica puede suscitar sospechas de fraude. Un riesgo adicional está en la posibilidad de ciberataques o la manipulación del sistema. De esta forma, creo que buena parte del trabajo inicial tendría que consistir en una buena estrategia de comunicación y un blindaje contra ataques cibernéticos.

Un inconveniente más es la brecha digital. Es evidente que no todos los ciudadanos y ciudadanas tienen acceso a dispositivos electrónicos ni las mismas habilidades tecnológicas. Aquí en el estado de Chihuahua hay muchas zonas, rurales sobre todo, donde el acceso a internet es deficiente. Esto puede resultar una limitante más para que ciertos grupos poblacionales puedan ejercer de manera adecuada sus derechos.

En resumen, implementar el voto electrónico reduciría los tiempos, aumentaría la participación electoral y a largo plazo nos originaria unas elecciones más asequibles. Empero, para ello, es necesaria mucha voluntad de todas y todos: Ciudadanía, Institutos Electorales, Poder Legislativo y Ejecutivo y actores políticos en general.