“Estilo de vida incomparable”, “experiencia emocionante y vibrante”, “elegancia y modernidad”, “el lugar perfecto para vivir”, “vivir en armonía familiar”, “entorno diseñado para inspirarte”, “vivir se siente diferente” … son solo algunos de los eslóganes que nos invitan a considerar la opción de una nueva versión de vivir en vivienda departamental en vertical.
Cierto es que el estilo de vida que proponen los edificios de departamentos que actualmente se construyen en la ciudad contrasta con el que ha predominado en las últimas décadas: la casa unifamiliar, por lo que ante el relativo olvido lo llaman innovador. La verdad es que a nivel mundial los desarrollos habitacionales de vivienda departamental tuvieron auge a mediados del siglo pasado cuando a cambio de apilar los departamentos en varios niveles se concedió a sus ocupantes vastos espacios abiertos destinados al deporte, comercio y hasta para equipamiento, como bibliotecas y en ocasiones hasta guarderías. La vida en aquel entonces era sencilla en el círculo familiar y la vida urbana no tenía la complejidad de ahora: las distancias eran más cortas entre trabajo, escuela y hogar por lo que las familias, cuando lo tenían, contaban con un solo vehículo. El modelo de edificio con comercios en la planta baja y departamentos en las siguientes era muy popular.
Hoy, la “remasterización” de la vivienda vertical nos habla de lo mismo, pero con un lenguaje y prácticas modernas. Por mucho no nos van a decir que invitan a vivir como hace ochenta años, pero se trata de más o menos lo mismo, solo que ahora ofrecen locales comerciales, alberca, canchas de padel, áreas de asadores, de “coworking”, “rooftop”, “fitness center”, “firepit &grill lounge”, “podcast room”, “pet park”, y solo algunos hablan de áreas verdes, todo dentro de lo que no puede faltar: acceso controlado.
La verdad es que este modelo se ha dado con cierto éxito en ciudades y sin duda son bien vistos porque es innegable que ayudan a su densificación, lo cual se ha convertido en uno de los objetivos a alcanzar de acuerdo a los paradigmas urbanos actuales, y también porque la imagen que ofrecen es bastante agradable, lo cual es de esperarse pues dadas las dulzuras que ofrecen se puede adivinar a qué segmento de la sociedad están dirigidos y, para ellos, la imagen y calidad proyectada es rigor.
Pero si bien están condicionados por el estatus, estado civil y momento de la vida que se vive, cuestiones como la falta de versatilidad para ampliarse y el compartir paredes, pisos y techos que se traduce en ruidos y cultivo de conflictos de convivencia, se suman al hecho de una menor revalorización de la propiedad con el paso del tiempo, vivir bajo el modelo departamental, con todo y las autorregulaciones que no garantizan los sueños que los eslóganes evocan, se convierte en un desafío que no solo atañe al individuo o familia que los ocupa, sino que también trastoca al ámbito social y urbano.
Déjeme le digo por qué se cuestiona a este tipo de desarrollos. A groso modo y refiriéndonos a un caso real, un edificio de ciento veinte departamentos, locales comerciales y las dulzuras aludidas puede edificarse en un terreno de unos cinco mil metros cuadrados. Ahora bien, si queremos calcular la superficie del predio de ese mismo número de unidades de vivienda, pero ahora de tipo unifamiliar asentadas en un terreno de ciento veinte metros cuadrados -el mínimo que se permite- se requerirían de entrada catorce mil cuatrocientos metros cuadrados; al añadir a cada vivienda los aproximadamente cuarenta metros cuadrados de una calle al frente de su casa se deberían sumar otros cuatro mil ochocientos. Adicionalmente se debe calcular el once por ciento de área de donación que serían otros dos mil doscientos metros. Es así que sumando todo lo anterior: terreno para vivienda, calle y donación, el predio necesario debería ser de al menos veintiún mil cuatrocientos metros cuadrados ¡cuatro veces más suelo que un edificio de vivienda vertical!
Pero, y aquí hay un punto importante, aunque insuficiente, el fraccionamiento de vivienda unifamiliar estaría considerando área de donación para espacio y equipamiento público, con lo cual la ciudad algo gana, pero gana, en contraste con los edificios departamentales que solo resuelven “su pedacito” y cargan a la ciudad, y a los ciudadanos, los problemas que traerán consigo en términos de tráfico, servicios e infraestructura.
Por eso la vivienda vertical es el sueño de los desarrolladores. Es, según palabras de un profesor de arquitectura “el uso y abuso del suelo”… pero también de la ciudad. Por eso hay quienes apelamos en que la adecuación de la normatividad y los instrumentos urbanos es una necesidad tan inminente como urgente. ¡Algo tienen que dar a la ciudad! No es que no nos vayan a agarrar desprevenidos… es que ya nos agarraron y el caos está por vivirse.