No voté por Claudia Sheinbaum. No lo hubiera hecho, pues creo que la Cuarta Transformación ha sido el peor retroceso del que se tenga memoria en el país. Sin embargo, creo que de los perfiles del oficialismo, Sheinbaum era la ‘menos peor’.
A pesar de ello, es indiscutible que Sheinbaum ganó con un amplio margen. No fue lo mismo en el Congreso, donde el electorado si bien votó en su mayoría por el oficialismo, no les dio la mayoría calificada que estos émulos de Hugo Chávez se robaron. Pero un Tribunal Electoral vendido al oficialismo decidió entregarles una mayoría que los votos no les dieron. Esa es la situación.
Desde que inició su gobierno, mucho se ha dicho que Sheinbaum no ha logrado agarrar los hilos del poder, y que quien sigue mandando es López Obrador. Yo creo que efectivamente así es.
Antes de irse, López Obrador le puso a los líderes parlamentarios, Ricardo Monreal en la Cámara de Diputados, y Adán Augusto López en el Senado. Este último tiene una indiscutible cercanía con López Obrador, y es evidente que sigue teniendo esa línea de comunicación con él.
Además, le impuso a Rosa Icela Rodríguez en la Secretaría de Gobernación, a Luisa María Alcalde en la dirigencia de Morena, a su hijo Andy López Beltrán en la Secretaría de Organización de Morena, entre otras posiciones que fue dejando en puntos estratégicos.
Para cualquiera que entienda medianamente de la ‘res publica’, sabrá que con estas posiciones, López Obrador sigue incidiendo en la vida política del país, a pesar de haber anunciado que se iba a retirar a su rancho.
La Presidente Sheinbaum trató de forma casi secreta detener la aprobación de la reforma judicial. Al menos eso dio a conocer el diario español ABC en aquellos días. A pesar de eso, ella no tiene liderazgo ni ascendencia sobre los legisladores del oficialismo, quienes responden a los intereses de Palenque, no de Palacio Nacional. “El Presidente vive ahí, pero el que manda vive enfrente” decían en la época del Maximato, situación que se repite en la actualidad.
Es decir, tradicionalmente los presidentes en México preparaban su salida una vez que había un candidato ganador. En el caso de López Obrador, siguió empujando una agenda legislativa muy agresiva, sin tomar en consideración que por cortesía política, esos temas debían haber sido atendidos por la presidente entrante.
Incluso después de haber dejado el poder, López Obrador parece seguir empujando diversas reformas. Por ejemplo, la reforma al INFONAVIT dotaría de recursos al instituto que justamente encabeza Octavio Romero Oropeza, uno de los hombres más cercanos a López Obrador.
La reforma promovida por el oficialismo para prohibir los vapeadores a nivel constitucional es también una reforma empujada por López Obrador. Por su parte, la destrucción de los organismos constitucionales autónomos fue también una reforma impulsada por López Obrador, no por Sheinbaum. El oficialismo la aprobó igualmente y sin cambiarle ni una sola coma, así como lo pedía López Obrador cuando estaba en el poder.
Ahora, la presidente Sheinbaum promueve una reforma política para tratar de acabar con el nepotismo electoral. Evidentemente es un mensaje muy claro que Sheinbaum dirige a las familias completas que están incrustadas en el aparatado de gobierno en diversas posiciones: los Alcalde, los Taddei, los Batres, los Godoy, los Monreal, entre otros.
En lo personal, me parece que esa reforma no resuelve el problema de fondo. Prohibir la postulación de cualquier candidato es la medida más simple que existe. Creo que en uso de la autoorganización que deben gozar los partidos, estos deben tener la libertad de postular a quien quieran. Es responsabilidad de la ciudadanía elegir adecuadamente, y castigar a los partidos que promuevan prácticas de nepotismo. Sin embargo, la sociedad actúa de forma irresponsable y vota sin conocer a los candidatos, ni cobrar facturas a los partidos políticos. En pocas palabras, somos una sociedad adolescente. De ahí que se promueva esta reforma.
En este sentido, la reforma había sido promovida por la Presidente, pero topó con pared. La nomenclatura morenista decidió aplazar la entrada en vigor de la misma hasta 2030. Es decir, están adoptando hoy una norma que entrará en vigor en cinco años y medio. Esto para poder dejarle el camino libre a Salgado Macedonio, a Saúl Monreal, y a Ruth González Silva para que puedan ser gobernadores de sus respectivos Estados. Es decir, van a prohibir el nepotismo, pero aventándose cuando menos tres prácticas nepotistas en 2027. Así como el Mardi Gras (el martes previo al inicio de la cuaresma) la gente se entrega al desenfreno para guardar vigilia durante los días santos, así lo hará Morena en 2027 para dejar de promover el nepotismo en 2030.
La Presidente quedó muy mal parada ante la opinión pública, y el círculo rojo. Prácticamente esta es la única reforma que ella ha promovido, y la bancada oficialista le dio la espalda. En cualquier otro momento, yo aplaudiría una acción como ésta, pues se demostraría que en México ya hay división de poderes. Sin embargo, en este caso, los legisladores no actuaron de forma independiente, sino siguiendo indicaciones de Palenque.
“El primer día” es un libro escrito por Luis Spota. En él, Spota narra distintas situaciones que se daban en el momento de la sucesión presidencial, en la época del partido hegemónico. Spota decía que en la práctica del dedazo, el Presidente escogía como su sucesor a quien fuera en segundo lugar de las preferencias. Esto porque el primer lugar no sería agradecido con quien lo postuló, porque creería que todo el mérito de haber llegado era propio. Sin embargo, decía Spota que ésta era la razón por la cual el segundo lugar (ungido en la sucesión presidencial) tenía que desmarcarse violentamente de su antecesor, para demostrarle a México que él era el que mandaba, y que nadie lo había sentado en la silla presidencial.
Si bien los tiempos han cambiado, lo que no ha cambiado es que López Obrador sentó en la silla presidencial a quien iba en segundo lugar en las encuestas. Lo que sí ha cambiado es que Sheinbaum no quiere, o no puede desmarcarse de la nociva influencia del obradorismo en su gobierno. Entre más tarde en marcar distancia, tendrá mayores problemas de gobernabilidad en su sexenio.
Parecería que en materia de seguridad está tratando de marcar una diferencia con su antecesor. No lo ha hecho por convicción, o por cumplir con el deber que asumió en octubre. Lo hizo por presión de los Estados Unidos. Por una u otra razón, el país no aguanta más indolencia en materia de seguridad. La política de los abrazos, no balazos es lo más nocivo que le ha pasado a México, pues causó más muertos que la guerra de Calderón, el enemigo del obradorato.
La extradición de los veintinueve capos del crimen organizado fue una ofrenda que se hizo a Estados Unidos para tratar de aplazar nuevamente la imposición de aranceles a productos mexicanos. Resulta muy grave que sean presiones externas las que orillen al gobierno a cumplir con su mandato.
Sin embargo, a pesar de todo esto (y uno que otro esfuerzo) la Presidente no puede sacudirse a un Rubén Rocha Moya, quien claramente está vinculado al crimen organizado. Incluso, López Obrador envió una señal al mandar a su hijo a afiliarlo y tomarse una foto con él. Es decir, Sheinbaum está entre la espada y la pared, pues no sabe si combatir al crimen (como es su deber) o dejarlo pasar para no importunar los acuerdos que López Obrador tiene con los líderes criminales de México.
Por todos lados, la Presidente parece estar atada de manos. Ojalá asuma el liderazgo de su gobierno pronto. Hago votos porque ese liderazgo se utilice a favor de México, y no a favor de la camarilla de rufianes que integran Morena y que parecen ser los primeros interesados en descarrilar a su gobierno.