El asesino de masas norteamericano Patrick Wood Crusius no fue condenado a la pena de muerte, como otros asesinos que mataron a menos personas en Estados Unidos en crímenes de odio. El mensaje es entonces que, en El Paso, masacrar mexicanos sin escrúpulos no tiene consecuencias tan graves como en otras ciudades menos pobladas por descendientes hispanos. El reconocido slogan de la campaña ‘No te metas con Texas’ no funcionó tan bien en esta ocasión. Esta sentencia, en mi opinión, es benigna, y puso en duda la justicia para los hispanos en el país vecino, tan polarizado políticamente en temas de inmigración. El controversial desenlace del juicio se llevó a cabo durante la semana pasada en la ciudad de la estrella tatuada con lucecitas en la montaña Franklin.
Algunos noticieros nacionales generaron cabezas periodísticas irónicas, como: ‘Reprendido y perdonado asesino de Walmart’. La televisión mostró una y otra vez la imagen en donde una familiar de víctimas le dio un abrazo dramático al asesino de su hermano, otorgando su perdón personal para Crusius, quien en agosto de 2019 viajó más de 600 millas con toda la alevosía y ventaja desde el norte de Texas, para matar a decenas de víctimas inocentes al azar que él consideraba inmigrantes ‘en respuesta a la invasión hispana de Texas’, repitiendo un mensaje político usado por figuras políticas antiinmigrantes. Por lo que se pudo observar, el asesino no mostró emociones o arrepentimiento durante el juicio por lo que hizo. El sentenciado, desde el principio, se declaró culpable sin rodeos.
Aquella mañana, el asesino de Walmart les disparó con un arma de alto poder, y a sangre fría, a decenas de personas dentro del supermercado, masacrando a 23 personas, a quienes, en su peligrosa cabeza, identificó como hispanas. La tragedia se desarrolló cerca del mall de Cielo Vista, un lugar muy concurrido por consumidores juarenses y chihuahuenses, hiriendo a otros 24 en el proceso, en lo que fue un día de terror, de odio y de asesinatos en masa, como no ha habido ningún otro en la historia de El Paso. Todo por motivos antiinmigrantes y raciales estúpidos promovidos en las campañas de los republicanos extremos, quienes ahora gobiernan ese país. La defensa argumentó que el ‘pobrecito’ era esquizofrénico y que estaba malito de la cabeza. Que por eso merecía clemencia. ¡A otros con ese cuento! La realidad es que Crusius era un terrorista doméstico que tuvo todo el tiempo del mundo para ejecutar su plan. La mayoría de los exterminados eran hispanos, mexicanos o mexicoamericanos, al igual que la mayoría de la población de El Paso, ciudad que escogió plenamente consciente, aunque, por otro error de su desquiciado juicio, también cayeran víctimas de otras culturas al piso esa mañana.
Según abogados paseños veteranos –y en cuya opinión más experta me apoyé–, desde el inicio de este caso hubo muchos errores, intereses políticos y económicos atribuibles principalmente a los abogados del distrito ciudad anteriores, al mismo juez Sam Medrano que lo permitió, y al fallido sistema económico de justicia en El Paso. Yo además incluyo también a la representante Verónica Escobar, porque considero que debió representar mejor a la opinión pública para conseguir la pena de muerte. De igual manera, también responsabilizo, en su justa medida, al gobernador de Texas, Greg Abbott, responsable final indirecto de todo lo sucedido en Texas. Eso sí, para perseguir inmigrantes, entorpecer el flujo comercial en los puentes, instalar vallas, movilizar a la Guardia Militar hacia los límites fronterizos y proteger la comercialización de las armas de alto poder en el estado de los vaqueros, para todo eso sí ha sido muy eficiente.
La infame matanza del 3 de agosto de 2019 duró más de cinco años y ocho meses en las cortes, pasando por varios abogados de distrito. Esto claramente favoreció a la defensa, y por ende al enfriamiento del caso, que fue muy bien aprovechado por la defensa. El abogado Joseph ‘Joe’ Spencer generó atención nacional para su firma al defender al asesino de Walmart. Atrasaba el juicio por tecnicidades cada vez que podía debido a la inexperiencia e ineficiencia de la entonces abogada de distrito entrante, Yvonne Rosales, quien heredó el caso de Jaime Esparza y que finalmente fracasó en el puesto. Tomó la responsabilidad Bill Hicks. Luego siguió el actual abogado de distrito, James Montoya. La defensa y sus colegas criticaron a todos ellos por no presentar las evidencias que ellos pedían, ¡esto siendo que ya existía una confesión oficial de culpabilidad por parte del acusado en cortes federales! Todo esto, claro, debió costar un dineral. Los juicios y salarios de los jueces y abogados no son nada baratos. Inclusive actualmente hay una requisición formal para investigar cuánto dinero público costó defender al asesino en todos esos años de manera tan ineficiente, a lo cual obviamente se opusieron por tecnicidades quienes no quieren que esto salga a la luz pública. Mientras tanto, los impuestos de la propiedad en El Paso han incrementado hasta un 65 por ciento.
Finalmente, casi puedo asegurar que fue el desgaste emocional y los principios éticos y culturales mixtos lo que motivó a algunos familiares de las víctimas a ceder ante su búsqueda de la pena de muerte, por el excesivo tiempo que duró un caso en el que el inculpado nunca cuestionó su culpabilidad desde el inicio. Finalmente negociaron que lo sentenciaran así, que todo acabara; para que mejor ya empezara a purgar su condena en una prisión en Texas, porque la defensa de Crusius había peleado para enviarlo a purgar las 23 sentencias de por vida que le dieron en una prisión más cómoda por el estado de Colorado. El asesino de Walmart por fin abandonó El Paso. Fue enviado a la prisión de Huntsville, Texas, sin derecho a libertad condicional. Buscar la pena de muerte hubiera podido continuar discutiéndose por varios años más en las cortes texanas, y los familiares y testigos de las víctimas ya se veían visiblemente agotados emocionalmente. Además, los reclamos de transparencia financiera generaron presión pública por la supuesta cantidad excesiva de dinero –malgastado, en mi opinión– que costó a los contribuyentes paseños. Algunos paisanos seguirán exigiendo que pronto se transparente el gasto público incurrido en la defensa y juicio del asesino.
El abogado de distrito James Montoya, cuando anduvo en campaña para elegirse abogado del distrito, prometió una mano mucho más dura que la sucedida en este caso. Seguramente también será bien recordado por los constituyentes de El Paso durante las próximas elecciones en las que participe.
En su última foto pública, Crusius aparece ya en prisión, rapado; ya sin su melena que se dejó crecer en la cárcel en la ciudad fronteriza al norte del río. El asesino racista de Walmart empezó a purgar sus condenas apenas hace un par de días cerca de Houston, Texas, a 70 millas afuera de la ciudad, sin derecho a recibir visitas, al menos temporalmente.
La pena capital es legal en 27 estados de la unión norteamericana, y a nivel federal, por lo que fue un error, en opinión de expertos, promover el caso en el sistema de justicia del condado paseño, cuando originalmente era investigado desde el principio por el FBI. Un abogado, visiblemente acalorado por lo contado aquí, me dijo: “La Biblia inclusive considera la pena de muerte, hubo demasiados errores por parte de los abogados de distrito y demasiada tolerancia del juez Medrano para la defensa”.
Considerando lo acontecido esta semana, ahora propongo una pregunta interesante. En caso de suceder las cosas al revés, ¿hubiera librado la condena de muerte el asesino de Walmart si un hispano hubiera planeado, matado y herido de manera tan brutal a tantos anglosajones norteamericanos? Yo creo que no, por muy desquiciado que estuviera.