La elección popular de jueces es el parteaguas del régimen de Morena. Después de cometer toda clase de excesos en el poder, Andrés Manuel López Obrador, el santo patrono de la Cuarta Transformación, dejó el Plan B en el escritorio presidencial, una canasta de manzanas envenenadas a su sucesora, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien no tuvo opción de contradecirlo y continuó con la agenda que le impusieron como una camisa de fuerza. Esta es la historia de la elección que nadie quiere y que nadie pidió.

El argumento fue una falacia desde el principio, se dijo que “el pueblo” de México votó por el Plan B y que una de las reformas que se proponían era elegir a los jueces, magistrados y ministros por voto popular. Como si fuera igual de sencillo decirlo que hacerlo. La masa crítica advirtió que un proceso electoral para la elección de jueces provocaría una crisis política y democrática porque afectaría la división de poderes, ya que era obvia e incontenible la participación de fuerzas políticas (o peor, del crimen organizado), es ingenuo (o maquiavélico) pensar (o fingir) que los partidos políticos no aprovecharían la oportunidad y se apoderarían del Poder Judicial, como están a punto de hacerlo. Esta realidad se desbordó frente a nosotros.

Las tres grandes mentiras fueron desveladas al final de este proceso electoral de jueces. Primero, “el pueblo” no votó por el Plan B, no lo conocía, ni tenía nociones de lo que implicaba, ni le interesaba. La gente votó para que siga Morena en el poder, sin saber lo que eso significa. Ahora el pronóstico es una elección donde participará menos del 10% del padrón electoral, lo que será un fracaso anunciado, puesto que AMLO, en 2022, en otro de sus ejercicios de calistenia electoral, logró el 17% de participación, esa es la meta, que se antoja inalcanzable, para salvar la elección, según los números del régimen actual. Pero la Cuarta Transformación nunca pierde y cuando pierde le echa la culpa a alguien. Por eso, ya está en el altar de sacrificios el chivo expiatorio: el Instituto Nacional Electoral, la próxima víctima del régimen posobradorista que será el responsable de la fallida elección -y que, por cierto, también está en las reformas pendientes del Plan B-; hoy se le ponen los últimos clavos al féretro del INE que pasará a los libros de la historia oficial como un “instrumento del neoliberalismo para someter al pueblo que debe desaparecer”, ese será el discurso predecible a partir del 2 de junio.

La segunda falacia, es que “el pueblo” quería quitar a todas las personas juzgadoras porque son cómplices de la corrupción y el crimen organizado. Las encuestas dicen lo contrario. La mayoría de los mexicanos prefieren a alguien que tenga experiencia en la impartición de justicia. Pero ante el desinterés que priva en los ciudadanos sobre la elección, serán pocos los que votarán razonablemente -fuera del voto corporativo-, quienes usen la razón, lo harán por los jueces que ya tienen experiencia en la función. Entonces, todo esto de que “el pueblo” quiere cambiar a todo el Poder Judicial, era parte de un discurso hueco, una retórica sin sustento, un absurdo con la que se justificó esta fatal elección de jueces. En el fondo, estoy seguro, que hasta los más incondicionales de la 4T saben que la elección de jueces es una locura, pero no lo pueden decir, porque el castigo para los infieles al régimen es el destierro del edén burocrático o la muerte política.

En tercer lugar, la falacia de que “el pueblo” va a elegir a los mejores es quizá la peor. Nada de eso, no va a elegir, puesto que se les están dando “acordeones” con números para llenar en las boletas sin conocer a los candidatos, de forma autómata y acrítica van a escribir números que no tienen ningún sentido para ellos. Lo harán solo por cumplir con una encomienda y en esa acción irracional no puede haber elección. No hay voluntad de elegir a un candidato a juez, es simple y sencillamente, hacer lo que les dice un partido político. Así van a movilizar a 7 ú 8 millones de personas en todo el país y les ordenarán que rellenen espacios con números. Este es el peor fracaso de la democracia mexicana, es un retroceso, una evidente simulación que destruye nuestro ejercicio de libertad de autogobierno. Con esta elección se fortalece el corporativismo de los partidos políticos, principalmente, el poder hegemónico que tiene Morena en el país. En un solo escritorio se hizo un acordeón y se impuso la voluntad de una sola persona, repetida millones de veces por los leales al régimen de la 4T, eso se dirá en la historia no oficial. Vista así, la elección de jueces es todo lo contrario a un proceso democrático, es una simulación que fortalece el autoritarismo. Así, en este momento, quien no está en alguno de los acordeones de quienes tienen el Poder Político, están desahuciados. Esa no puede catalogarse como una elección democrática.

Hoy, Morena pone de rodillas a la democracia mexicana, el daño que provocará la elección de jueces será irreparable, tardaremos décadas en volver a construir el Estado de Derecho, hemos perdido al país donde había un esfuerzo por mantener la separación de poderes, un México donde la independencia judicial garantizara el Acceso a la Justicia, donde la transparencia, la rendición de cuentas, las elecciones libres y la equidad eran controles contra el abuso de poder. Ese México está por desaparecer.

A partir de agosto, los jueces, magistrados y ministros que entren en funciones, tendrán que rendirle cuentas al “Gran Elector”, el poder político en turno que hace los “acordeones”, no al “Pueblo”, con esto se habrá perdido la autonomía del Poder Judicial, hoy cae el último bastión del Estado de Derecho que había sobrevivido a la Cuarta Transformación.

El primero de junio de 2025 será recordado como la falla de San Andrés, porque es el resumen de los excesos en el poder, de las decisiones caprichosas que destruyen instituciones y despilfarran los recursos (30 mil mdp costará este proceso electoral para elegir a personas juzgadoras), la falla de San Andrés significa también la imposición del régimen que se alimenta de tácticas clientelares que lucran con la miseria del lumpen que románticamente llaman “pueblo”, de la intolerancia contra el que se opone al poder absoluto, de la política del odio para dividir y vencer, de la Cuarta Transformación que tanto ha hecho y que más ha deshecho en nuestro país.

A pesar de esa realidad abrumante, nada deseo más que equivocarme. La única forma de superar esta crisis es acabar con la simulación. Tengo la esperanza de que la gente hoy salga a votar y que lo haga con civismo y con patriotismo, que vote por los mejores perfiles y no por una imposición partidista. Y que esa, sea la forma de resistirse ante el poder absoluto de una élite que gobierna, ojalá que la mayoría despierte y haga lo correcto. Por el bien de México, que así sea.