-“El Pato” y “El Páez”; secretos que generan dudas

-Salió migajero el exconsejero del corralato

-En entredicho seguridad del aeropuerto local

-Sheinbaum, entre los hechos y los dichos

Deben las autoridades estadunidenses y mexicanas tener muy solventados los expedientes contra dos “líderes del crimen organizado” recientemente detenidos en Juárez; uno del Cártel de Sinaloa, Leonardo Daniel Martínez Vera, alias “El Pato”; el otro, Sergio Páez C., alías “El Páez”, de La Línea-Nuevo Cártel de Juárez,

Provocó un miniescándalo mediático hace 15 días el arresto de “El Pato” afuera del hotel Confort, en el área de Misiones. Igual ocurrió el jueves con “El Páez”, para cuya detención requirieron policías y militares el bloqueo total de tres fraccionamientos durante más de medio día.

Oficialmente de ambos casos se ha sabido menos que nada sobre los delitos cometidos, más allá de la pelea de corporaciones de seguridad tanto mexicanas como estadunidenses por arrogarse las aprehensiones.

Queda en gran duda razonable precisamente el tamaño de las pruebas que tanto unas autoridades como las otras tienen para procesar a los dos presentados como “líderes del crimen organizado”.

La realidad es que “El Pato” traía una vieja supuesta orden de aprehensión por portación de arma, ¡del 2022!. No había más. Sus abogados han filtrado que hubo el “robo” de 130 mil dólares de una de sus viviendas en El Valle de Juárez, del que es señalado como jefe, ahora exjefe.

A pesar del operativo estruendoso contra “El Páez, en Jardines de El Lago y Campestre Arboledas, le pudieron asegurar apenas una pistola calibre .380 de las que no son ilegales en vivienda.

Sin duda por ello el hermetismo de FGR, de los militares y de todas las corporaciones involucradas en tales acciones. Mucha alharaca para engrosar estadísticas de eficacia contra el crimen pero llevan todos los actos procesales en secreto porque saben que se les caerán en cualquiera de ellos.

A delincuentes mucho menores los apresan con pruebas realmente incuestionables.

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Todo el año de mensajes sobre la democracia interna del PAN y las añoranzas del partido casi desaparecido en Juárez, acabaron con la aceptación del exconsejero jurídico del corralato, Jorge Espinoza Cortés, de un puesto segundón en el Comité Directivo Municipal del partido, entregado a Ulises Pacheco.

“Pues es que es migajero mi Jorgito. Quería elección interna por el PAN de Juárez, pero (...) negoció un asientito en el CDM (...) supongo lo tendrán desactivado, congelado”, explica un ácido panista fronterizo en cuanto a esa designación del abogado bautizado como “El Onagro” por el célebre jurista Augusto Martínez Gil, aquel lagartón del dominó que en paz descanse,

Hay evidencia de la postura panista interna de Espinoza en sus mismas redes sociales. “Nuevo concepto de imposición: Unidad”, posteó en Facebook el 24 de agosto pasado, cuando los astros comenzaban a alinearse para Ulises Pacheco en la batalla por la dirigencia del PAN, sin elección interna ni asamblea, sino por pragmático acuerdo cupular para evitar una fractura que llevara al partido de la debilidad a la desaparición en Juárez.

Eso quiere decir que hubo algún acuerdo para la posición menor de coordinador jurídico entregada para Espinoza, inexplicable a siempre vista porque, como empleado del exgobernador Javier Corral, avaló buena parte de sus locuaces aventuras persecutorias, incluida la de tratar de descarrilar a la hoy gobernadora, Maru Campos.

Habrá que ver cómo le va con los asuntos jurídicos a “El Onagro”, porque las cuentas en su currículum no parecen cuadrar del todo.

Encabezó el pleito contra Alejandro Gutiérrez, “La Coneja”, exsecretario general adjunto del PRI Nacional acusado de corrupción en Chihuahua, pero al final la telenovela terminó resolviéndose a favor del tricolor en la justicia federal.

Estuvo a cargo de la extradición de César Duarte, pero de las 800 mil causas penales presumidas por Corral Jurado, apenas le fincaron una en el estado; y otros tantos expedientes, incluido el de Maru Campos, también le representaron a esa administración los más sonoros fracasos.

Por la trayectoria, igual y lo más sano para el PAN será tenerlo donde se vea poco y haga menos daño; tal vez a eso se orienta la estrategia azul.

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El aeropuerto local ha tenido una serie de remodelaciones y ampliaciones de algunos espacios, sobre todo estacionamiento.

A pesar de todo ello, está lejos de garantizar una operación 100 por ciento segura para quienes tienen necesidad de viajar o transportar por tierra a quienes se suben o bajan de los aviones.

Antier, ni más ni menos, un borrachito andaba en la salas de espera, con un olor que desinfectaba todo lo que alcanzaba a su alrededor, prácticamente exigiendo una ayuda para un supuesto familiar fallecido. Lo hacía de manera amenazante a cualquiera de las familias que ahí estaban.

Después de varios minutos, finalmente se le acercó un agente de la Guardia Nacional, cruzaron palabras y el señor “pasado de copas”, se fue retirando poco a poco (alguien habla de un reconocido empresario juarense pero no hubo datos que lo comprobaran).

El punto es que, si alguien en esas condiciones puede accesar sin ser detectado y sin mayor problema, es indicativo de que las cosas ahí están demasiado relajadas.

No es todo. Ya como a las 21 horas, la salida del aeropuerto para ingresar a la avenida Tecnológico estaba totalmente bloqueada por vehículos estacionados de manera irregular; igual, sin que nadie interviniera. La situación se repetía en cuanto espacio libre hay en las zonas donde no se paga la estancia.

En general, el aeropuerto local debe atender todo lo relativo a la seguridad y que no confundirse con terminal de camiones de pueblos pequeños donde son pocos los incidentes.

No solo el bienestar de los usuarios está en juego, sino también la imagen de la ciudad.

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Debe significar una contrariedad para la presidenta, Claudia Sheinbaum que, mientras a su Secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, casi lo sacan en hombros tras su comparecencia en el Senado, la percepción de inseguridad en el país, según datos del propio INEGI, se sitúa en un 63% en las principales ciudades del país.

Pero es la propia narrativa de la Presidenta la que no ayuda.

Por una parte, con los indudables golpes al huachicol fiscal y a varios decomisos importantes, la Presidenta se distancia claramente en los hechos frente a la política de “abrazos y no balazos” de su antecesor Andrés Manuel López Obrador.

Claudia no se distancia en los dichos, como ocurrió con su discurso del 5 de octubre en El Zócalo donde refrendó el legado del expresidente: es decir, opaca sus propios logros.

El otro pequeño gran detalle son sus posiciones públicas en materia de política exterior.

El jueves, en una de sus habituales ruedas de prensa, el presidente Donald Trump volvió a sacar la zanahoria y luego el garrote. Primero enalteció a la presidenta mexicana pero luego aseguró que a este país lo gobiernan los cárteles criminales.

Ahora Trump trae pleito casado con el presidente de Colombia, Gustavo Petro, a quien acusa, sin morderse la lengua, de ser “un matón” y que ese país es el gran surtidor de droga hacia Estados Unidos, lo que no es ninguna novedad desde la era de Pablo Escobar.

Como la Presidenta es afín al izquierdista Petro, se ha solidarizado con el mandatario colombiano, como igual se ha pronunciado porque Estados Unidos respete la soberanía de Venezuela. Es decir, un apoyo implícito a Maduro; a los adversarios de Trump.

Y si bien Donald tiene fama de mitómano, es un líder de opinión pública mundial. Y si dice que a México los gobiernan los narcos, qué puede esperarse de la encuesta del Inegi.

Eso de que los hechos valen más que las palabras no siempre se cumple en la política y menos en la comunicación. Sheinbaum, tan analítica que es, a veces se deja llevar más por la pasión ideológica. Cuida mucho los hechos, pero no los dichos.