-“Yo no lo voy a distraer, que te siga pegando a ti...”

-Ahora sí viene líder nacional del PAN

-De risa, México con menor desempleo que EU

-Movilización campesina, si no lo atienden

La llegada a la dirigencia del PAN en Juárez del corralista y multiperdedor de todas las campañas en las que ha participado, Ulises Pacheco, sin duda ha reconfigurado la dinámica panista en la frontera y no precisamente para bien.

Pacheco, quien se considera un súper estratega político para llevar a su partido a desarrollar un papel decoroso en el próximo proceso electoral comenzó con el pie izquierdo. Y como todo lo que mal empieza, mal acaba, pues saque usted sus conclusiones de cómo le irá al PAN con este dirigente.

El lunes por la tarde se reunieron en el edificio de 5 de Mayo y 16 de Septiembre los integrantes del Sistema PAN.

Se trata del nulo esquema partidista que reúne a los titulares de las dependencias estatales a tomar café con pan, aunque la idea original es la de buscar “estrategias” de promoción de los programas gubernamentales y de acción politica contra sus adversarios.

En la reunión, destacó la presencia del Secretario de Seguridad Pública estatal, Gilberto Loya y del titular de la junta de aguas, Sergio Nevarez, quienes sostuvieron una plática muy peculiar luego de que Nevárez le dijera a Loya: “qué bueno que ya te va a estar golpeando Cruz a tí, para que me lo distraigas un rato”.

Eso fue por el desaguisado que sostuvieron durante el medio día en la presidencia municipal el jefe policiaco y sus dos flamantes empleados de la Secretaría de Seguridad y al mismo tiempo presidentes del PAN de Chihuahua y Juárez, César Komaba y el mismo Ulises Pacheco.

Los tres acudieron a dejarle al alcalde Pérez Cuéllar y a los regidores una invitación para que conozcan los avances de construcción de la Torre Centinela y dejen de estar “politizando la seguridad pública”.

El revire del alcalde a Loya lo dejó peor que trasquilado y muy mal parado, pues le dio una exhibida monumental al decir que “viene a pedir que no politicemos la seguridad escoltado por dos dirigentes de su partido”.

Ante ello, la respuesta de Loya a Nevárez dejó en claro que efectivamente, la seguridad no debe politizarse: “No, así está bien, yo ya no lo voy a distraer, que te siga golpeando a tí”.

Y es que ambos funcionarios suspiran por la alcaldía de Juárez, pero ninguno encuentra la fórmula para relanzar su imagen, mientras las apuestas se centran sobre quién tiene el peor equipo de asesores en campaña. “aGILízate...LO...YA!...construimos juntos”, dice el texto pintado en una barda acompañado de una imagen que en nada se parece al Secretario de Seguridad.

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Para el seis de noviembre ahora sí vendrá a Juárez el líder nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, según lo que ha confirmado su oficina del CEN al Comité Directivo Estatal y las versiones llegadas hasta la oficina del dirigente municipal, Ulises Pacheco.

Los panistas seguramente esperan ver cómo enfrentará su jefe nacional la polémica de la ruptura con el PRI que, según ha dicho, significa la negativa rotunda a las alianzas, especialmente con el tricolor, lo que no acaban de digerir los líderes locales del albiazul, quienes insisten en ver como positiva la coalición al menos parcial.

La expectativa de los panistas, desde luego, está en la posición que asuma Romero Herrera. A ver si matiza, ratifica o hasta endurece su posición en torno a los tratos con el Revolucionario Institucional, porque hasta ahorita nadie dentro del partido entiende cuál es la estrategia ni el mentado relanzamiento.

Porque es en esta plaza, la de Juárez, donde más requiere Acción Nacional de una estrategia de reposicionamiento, no solo por el avance de Morena, sino por la situación interna del partido, reflejada tanto en pugnas internas como en prácticas que los mismos panistas han tratado de desterrar.

De ejemplo está la situación actual de las dirigencias: la estatal, con Daniela Álvarez, con señalamientos de usar el cargo y el presupuesto partidista para posicionar su imagen debido a que además de árbitro es aspirante; la municipal, de Pacheco Rodríguez, de medio tiempo, ya que la otra mitad debe destinarla a su cargo de director en la Secretaría de Seguridad Pública, un área con cuestionamientos de arriba a abajo.

Así, el dirigente nacional tendrá la oportunidad de conocer de primera mano la situación del panismo juarense y clarificar las dudas sobre el relanzamiento partidista.

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Mientras hay 22.6 millones de trabajadores registrados que pagan ISR y todas las contribuciones sociales, enfrente hay 33 millones de trabajadores informales, según el Inegi.

Son los que, al no hallar un mejor empleo, terminan vendiendo gorditas, burritos o lo que se deje. Y, paradójicamente, ya no se consideran desempleados.

Bonita cosa, ¿no? Así, el país presume una tasa de desocupación del tres por ciento, como si la economía estuviera en su mejor momento, cuando en realidad lo que crece es la sobrevivencia disfrazada de empleo. Increíble que Estados Unidos tiene un 4.3 por ciento de desempleo y nosotros estemos mucho mejor.

En septiembre, la informalidad laboral aumentó a 54.9 por ciento de la población ocupada. Son millones de personas sin seguridad social, sin crédito, sin ahorro para el retiro.

Es gente que trabaja, sí, pero sin derechos. Es la otra cara del “milagro” mexicano: una economía que maquilla las cifras y disfraza la precariedad con estadísticas alegres.

En Chihuahua y Ciudad Juárez el contraste es aún más marcado. Las maquiladoras sostienen los números del empleo formal, pero alrededor de esas fábricas se extiende un ejército de informales que vive del rebote económico: choferes, vendedores, taqueros, mensajeros. Todos indispensables, todos invisibles para el sistema fiscal y de seguridad social.

Se puede presumir estabilidad, pero en realidad es a base de parches humanos: millones de personas que sostienen el día a día sin beneficios, sin certeza y sin futuro. Es el modelo que se está gestando.

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Fue entre 1989 y 1990, ya entrado Carlos Salinas a la Presidencia, que se les puso color de hormiga a los productores de maíz y frijol de las zonas temporaleras, porque los precios de garantía quedaban por los suelos en el contexto del Tratado de Libre Comercio.

En Chihuahua capital se juntaron la demanda política con la social. Estaba todavía vivo el Movimiento Democrático Electoral, donde figuraban Antonio Becerra Gaytán, Camilo Daniel, Humberto Ramos Molina.

Fue fácil para ellos cambiarle el nombre a Frente Democrático Campesino, al que se sumarían Víctor Quintana, el ahora senador Mario Vázquez Robles, Gabriel Borunda, entre otros.

La movilización se hizo en el último tramo de Fernando Baeza, con una caminata que salió de Ángel Trías, mejor conocida como Santa Isabel, y que atiborró la Plaza Hidalgo con campamentos y fogatas en aquellas noches invernales.

Le tocó a Artemio Iglesias, que estaba en Desarrollo Rural, negociar con aquel entuerto, aunque el problemón le correspondía al gobierno federal.

Una situación actual empieza en todo el país, por la demanda de que se aumente el precio del maíz blanco, porque si bien la industria de la harina y la tortilla paga 5 mil 200 pesos por tonelada, más 850 pesos del gobierno federal, los productores aducen que no es suficiente para costear ni la producción ni el traslado.

Sin embargo, con una sensibilidad de elefante, el Secretario de Agricultura Julio Berdegué, se montó en su macho de que la tonelada de frijol se queda en seis mil 500 pesos, en tanto los productores demandan siete mil 220.

Además, de las protestas en 10 distintas entidades por el Movimiento Agrícola Campesino y la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas, los productores tomaron oficinas de Gobernación en la Ciudad de México. Acá en Chihuahua hubo un bloqueo parcial de la caseta de cobros en Sacramento, pero sin afectar a los automovilistas. Amenazan con tomar de nuevo casetas, vías de ferrocarril y cruces internacionales.

La Presidenta Sheinbaum ofreció que habría una solución integral al problema.

Hay circunstancias en los que se debe atender lo importante sobre lo urgente, o a la inversa. Pero aquí se juntan las dos al mismo tiempo. A menos que quieran que se repita otro escenario como el de Chihuahua a finales de los ochenta, pero ahora en El Zócalo y en todo el país.