Durante el fin de semana pasado tuve la oportunidad de visitar a unos familiares que habían regresado de unas breves vacaciones, donde en el ritmo de una plática amena y el relato de los pormenores del viaje se hizo un comentario que hemos escuchado cientos de veces, incluso dicho por nosotros mismos: “nomas sales de Juárez y ya todo es bonito”, después, un espaciado silencio pues en la mesa habían juarenses nacidos y criados así como “foráneos” que aunque también juarenses por adopción, habían nacido en otros lados o que sus raíces son de otras partes del estado o república, lo más común en la mesa juarense promedio.

Y es que hay que reconocer que cuando se hace una crítica a esta ciudad, existe una especie de tabú que no deja hacer comentario negativo, si hablas de Juárez debe ser en agradecimiento o mejor no hables. Ese orgullo que caracteriza al norteño está muy acentuado aquí y aunque yo mismo de manera impulsiva iba a defender mi terruño -por que soy juarense nacido y criado- me detuve a pensar ¿Y si Juárez sí es feo? ¿Y si esta crítica fuera constructiva? Y me di cuenta de algo, el no reconocer los defectos de la ciudad hace que no busquemos mejorarla, y en eso el orgullo norteño no sirve de nada.

Al terminar la visita y al regresar a la casa inmerso en mis preguntas anteriores me puse a analizar la ciudad de manera crítica, fuera de la rutina que hace imperceptible la mayoría de las cosas. Me di cuenta y más con las lluvias de días anteriores que vivimos en una ciudad saturada, contaminada y con muchas deudas en infraestructura, tuve que memorizar un par de baches nuevos, ver edificios con fachadas deprimentes y uno que otro árbol o naturaleza muerta donde hubo suerte que existieran. Todo se resume en gris, concreto y me dio tristeza ver que como ciudadanos nos hemos dado por vencido en ver un Juárez bonito.

No hace falta mucha meditación para confirmar lo antes dicho, la ciudad está desordenada, hacen falta muchas áreas verdes, las pocas que tenemos son olvidadas y aquellas que resisten son amenazadas con convertirse en negocios y vivienda, en una ciudad que demanda funcionalidad en cada centímetro, donde el espacio para la belleza y recreación son inútiles, pues Juárez es para venir a trabajar, hacer negocios y estar conforme con la ciudad tal y como está. A la menor provocación la xenofobia grita: “Si no te gusta regrésate a tu rancho” y aquí yo es donde pienso, ¿No somos capaces de lograr el progreso y la belleza?

No digo que no hemos hecho intentos, si hay proyectos de mejoramiento de la imagen de la ciudad y muchos han tenido aceptables desenlaces, pero también muchos han tenido fracasos ostentosos, parte de embellecer a la ciudad es reconocer sus atributos y explotarlos, es extraño querer mejorar la ciudad con árboles y plantas que cederán al primer crudo invierno o la falta de agua que por naturaleza tiene la ciudad, el objetivo es aceptar a Juárez no como una entidad de fealdad si no de belleza desértica con áreas verdes acorde a sus capacidades, no intentos de emular lugares que en nada empatan con la ciudad.

Ante todo esto, el primer paso es no darnos por vencidos con la ciudad, saber que los juarenses no solo somos capaces de trabajar y que también tenemos derecho a tener espacios recreativos, una ciudad funcional, bella y que nos de orgullo de pertenecer a ella. Las críticas podrán ser negativas, pero no necesariamente destructivas, debemos aprender a manejar el orgullo y actuar según el interés de todos. Esta ciudad que siempre buscó la funcionalidad para la industria pasó la belleza de la misma a segundo, tercer término, ya va siendo hora de que pongamos atención en esas cosas que si bien no generan riqueza si son importantes para quienes habitamos aquí.

Juárez es feo y cuando lo reconozcamos todo mejorará, las críticas que recibimos deben fuera de ofendernos impulsarnos a mejorar los espacios que habitamos. Vivimos en una negación que nos mantiene lejos del potencial que tenemos como comunidad y hasta de las necesidades que tenemos como personas. Recordar que los comentarios que se hacen a la ciudad también son para ayudarnos a crecer, yo quiero que Juárez crezca. Finalmente, que el orgullo por nuestra ciudad no sea el de atacar a quien diga cualquiera cosa de ella, que el orgullo esté en pertenecer a una ciudad linda y en la que vale la pena vivir.